De la lengua y otras hierbas

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

A pesar de saber que la lengua, como expresión idiomática contextual se encuentra siempre en constante dinámica, y que cada época está signada por un uso particular del idioma, no deja de asombrar la reciente introducción de vocablos (o la modificación de otros familiares) en el diálogo cotidiano de nuestros jóvenes. Ello se debe, a nuestro juicio de testigo,  no solo a la transformación de palabras que ya habíamos vulgarizado nosotros los padres, sino también a esta era de seriales televisivos, que analizó con acierto Víctor Fowler recientemente, en un panel dedicado a tales efectos en la UNEAC.

Si nuestros padres utilizaron términos como “dar calabazas” para anunciar la ruptura de una relación, y nosotros aceptamos el cambio hacia “planchar”, nuestros hijos emplean el “dar el bote”.

“Tener una relación”, sinónimo de compromiso amoroso de la generación que nos precede, fue sustituido por “estar o ligar” entre nosotros, hasta que aparece “descargar” entre los jóvenes actuales, sin que dicha expresión implique seriedad en la relación ya que solo indica determinado roce sexual, que suele ser pasajero. El propio concepto de compromiso gira vertiginosamente: En la actualidad lo común es que las parejas juveniles convivan bajo el mismo techo, sin obligaciones de ningún tipo. Ni siquiera el llamado “marinoviazgo” de nuestra época, ya atrevido entonces, mantiene vigencia. Nada de presentaciones oficiales, ni de “cartas sobre la mesa” existe hoy. Gracias a la lucha en aras de liberarnos de las agobiantes faenas caseras, que mantuvimos las madres que hoy frisamos la cincuentena, las muchachas de hoy dedican su tiempo a la rotunda liberación de tales obligaciones. Muy loable sería si varones y hembras jóvenes asumieran por igual esos menesteres, que, después de todo, alguien debe realizar.

El resultado es que las mujeres que libramos arduas batallas en tal sentido, nos vemos ahora frente a  la multiplicada labor de acometer el hogar con más inquilinos de los planificados. Pero no era este el tema que pensé abordar al inicio de este comentario, sino el lenguaje actual. La proliferación de la telefonía celular (útil como ninguna) con la consiguiente necesidad de economizar que lleva implícita, crea un nuevo código de comunicación, cuyo significado escapa muchas veces a nuestro entendimiento, por no decir que nos horrorizamos frente a la violación de reglas ortográficas que aprendimos de toda la vida. Ejemplo de ello es “T spero aki”; “Dnd stás?”, “Kmila yegó”; “I lob yu”.

Otro tanto sucede con la apropiación de vocablos y de expresiones importadas que nunca antes habían formado parte de nuestro arsenal de comunicación. Palabras extraídas de seriales españoles, colombianos, mexicanos, de traducciones malísimas y de doblajes aun peores ya forman parte del lenguaje juvenil, sin que nada podamos hacer para evitarlo. A las madres y a los padres se nos dice “Ma” y “Pa” (casi prefiero el mija  y el mijo de hace pocos años), a los abuelos “Abu” mientras que las lindas frases “por favor”, “pasaré el recado” y “en todo caso” se sustituyen por “porfi”, “le digo” y “si eso”.

Esta última resulta francamente incomprensible: ¿Qué significará Si eso? Los jóvenes se entienden a la perfección, asi que los antediluvianos somos nosotros. Al refrigerador, que nuestros padres llamaban Frigidaire por la famosa marca, ahora le dicen “refri”, al teléfono móvil: “celu”. “Papa” no es el tubérculo sino el símbolo idiomático de mayor confianza. Una frase común es: “Papa… si eso dame un timbre en el celu, porfi

Si algo podemos elogiar frente a este cambio del lenguaje que resulta desconcertante para nosotros, es la casi desaparición de las llamadas malas palabras. Ya no se escuchan las agresivas (y muy utilizadas en mi generación, incluyéndome) cojones, carajo, coñoetumadre, etc. De forma aislada escucho fuck you, mámatela, fulísima, que aunque tampoco son enteramente nuestras, al ser esporádicas, pues casi se agradecen. Obviamente, somos dinosaurios del lenguaje, y la era de la extinción comenzó. Nótese que no hago referencia a las letras de muchas canciones actuales. Ello responde  a dos factores: Varios especialistas en música y en estudios sobre la mujer ya se ocupan del tema, por un lado, y por otro, comento lo que conversan los jóvenes universitarios, quienes, por suerte, no gustan de dicha música. No se trata de muchachos y de muchachas elitistas, sino de un sector nada desdeñable de la sociedad. Ellos y ellas también tienen sus particularidades, y deben tenerse en cuenta. Para concluir, contaré lo que me dijo Senel Paz la primera vez que le hice saber cuán acertado era su análisis en El cielo con diamantes acerca de la vulgarización de las costumbres formales que sufrió nuestro país con la llegada de un nuevo régimen social. Y añadí que ya que había sido tan buen observador del nuevo comportamiento a nivel de los jóvenes de entonces, le pedía su comentario sobre lo que sucede hoy con el acortamiento de las palabras. “¿A qué crees, Senel, que se deba que la palabra cumpleaños se haya reducido a cumple, y fin de semana a fin, por ejemplo?” Su reacción fue un látigo: “Bueno, Laidi, al respecto solo te podría dar una respu”.

Y en eso andamos, buscando respu a las pregun de nuestros hijos e hijas, mientras intentamos descifrar los mensajes y las señas que (Ay) no escriben para  nosotros.

Comentarios

Leo con frecuencia sus crónicas, artículos, ensayos....no sé como clasificarlos, pero lo cierto es que siempre se aproximan a nuestra realidad. En esta ocasión, me sorprendió su aseveración sobre la "casi desaparición de las malas palabras". Vivo a unas cuadras de una Escuela Secundaria y me rodean muchos vecinos jóvenes: no quisiera repetir las terribles malas palabras que se gritan unos a otros, sin importar quien los escucha o a quien molestan. Lo más doloroso, las muchachitas y muchachas, van ganando en la lid con los varones, casi todas con medallas olímpicas. La posible causa de este comportamiento es más que sabido: ¿dónde están los padres que lo permiten?.

Me enkanto este artic. Sierto es que la lengu va kambiando. Pero se porke esta profe se keja. Si tal no fuese el kaso, entonses no estariamos eskribiendo en kastellano ni en kubano, sino en latin. Pero no, toditos bamos kambiando y el fenome se ba esparsiendo. Nadie puede detener la lengu ke komo un rio ba pa'lante con fuersa - es una korriente insostenible. I si la lengu kambia, ke pasa? Se derrumba el mundo? Deja de salir el sol? Pues nieso! Surgiran otro jidioma. O traje xpresiones! I na! Palante bamos echando. Sein bentaran o trojidioma. Sorri...asi siempre a sido...desde los babilonios i pasando por los mayas, an abido miles de lengu i miles de manera despresarse. No kontenga loke nose pue! Orray!

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