Entrevista con el director escénico alemán Andreas Baesler

Esteban Montejo es una metáfora de la libertad

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Justo cuando abra sus puertas este febrero la 22 Feria Internacional del Libro Cuba 2013, tendrá lugar un acontecimiento en la escena musical vinculado con la literatura: el estreno en La Habana de la ópera El cimarrón (1970), del compositor alemán Hans Werner Henze (1926 – 2012), basada en la novela testimonial homónima del poeta Miguel Barnet.

Al frente de la realización se halla el director escénico alemán Andreas Baesler, quien conquistó para la dirección musical al maestro Guido  López Gavilán, a Isidro Rolando para encarar el trabajo coreográfico e implicó al artista suizo Kaspar Zwinpfer en el diseño escenográfico.

Imagen: La Jiribilla

Baesler hizo un alto en los ensayos que tienen lugar en la misma plaza donde se producirá el estreno, el Centro Cultural Bertolt Brecht, para despejar interrogantes sobre el proyecto.

¿Cuándo y por qué decidió montar en La Habana El cimarrón?

A mí siempre me llamaron la atención la obra y la vida de Henze. Fue, como usted sabe, uno de los grandes compositores alemanes del siglo XX y estuvo muy ligado a la escena. Compuso varias óperas, desde El teatro de las maravillas en 1949 hasta su Fedra, de 2007. El Cimarrón nació de su contacto con la realidad cubana entre 1969 y 1970. Aquí conoció a Miguel Barnet y su novela testimonial Biografía de un cimarrón. Fueron amigos; Barnet lo introdujo en muchos de los secretos de la cultura afrocubana. Henze fue un creador abierto a las inquietudes sociales. No se sentía a gusto con lo que pasaba en la República Federal Alemana después de la Segunda Guerra Mundial., Por eso se instaló, a partir de 1953, en Montepulciano, una villa italiana, donde el ambiente era menos opresivo. Como muchos de los intelectuales de vanguardia de su tiempo, supo de la Revolución cubana y quiso tener una vivencia de primera mano.

“Tanto la  experiencia de Henze como la mía propia, desde que vine por primera vez y colaboré con el Teatro Lírico Nacional en el montaje de una versión de La flauta mágica, de Mozart, me inclinaron hacia la posibilidad de representar aquí El cimarrón. La partitura es extraordinariamente rica y los hechos plasmados en El cimarrón son extraídos de una novela que hizo época en la fundación de un nuevo tipo de literatura testimonial. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Teatro Lírico Nacional, la UNEAC y, por la parte alemana, el Instituto Goethe y la Embajada en La Habana, se comprometieron desde un primer momento con este emprendimiento.  

Originalmente Henze concibió su partitura como un recital para cuatro ejecutantes. ¿Cómo ha sido el proceso de llevar la composición al terreno de la ópera?

En efecto, Henze escribió El cimarrón como una obra de cámara para un cantante y tres instrumentistas: un guitarrista, un flautista y un percusionista, aunque los dos primeros también debían ejecutar pasajes de percusión. En este caso los músicos son Zorimé Vega, Eduardo Martín y Luis Antonio Barrera. Pero yo siempre vi la posibilidad de darle una dimensión espectacular, que fue tomando más consistencia ante la necesidad de resolver detalles técnicos, como la de encontrar al cantante ideal. Como el registro vocal exigido es tan abrupto, decidí alternar en la escena a un bajo, Marcos Lima, y un contratenor, Yunier Gainza. Pero como en el texto existen pasajes de fuerte proyección dramática, sumé a un actor para esas partes, Jorge Ryan. Ya tenía tres Esteban Montejo. La ópera demanda acción, la creación de una realidad escénica, y uno de los elementos que aseguran ese perfil históricamente ha sido la danza. Además del cuerpo de baile, aportado por tres parejas de la compañía Danza Contemporánea de Cuba, un solista, Carlos Luis Blanco, encarna también al protagonista,. De modo que son cuatro los Esteban y ello permitirá enriquecer la perspectiva del espectador.   

¿No se arredra usted ante los planteamientos estéticos tan avanzados de la música de Henze?

“Si bien la música de Henze se inscribe en la vanguardia musical que trascendió la escritura serial y propone innovaciones en el uso libre de las alturas de la voz y concede libertad de interpretación a los instrumentistas, nunca dejó de apelar al corazón de los oyentes. No es una música fríamente calculada, sino emotiva. No hace falta un ejercicio intelectual para asumirla. Alguien ha dicho que su música resume los ideales de la belleza y el compromiso social”. 

¿Está Miguel Barnet al tanto de su empresa?

¡Cómo no! Para mí el contacto con Barnet ha sido revelador no solo porque es, en todo caso, quien aportó el punto de partida para la obra de Henze, sino también por sus profundos conocimientos de la cultura cubana y universal. De igual modo me da mucha ilusión que el maestro Leo Brouwer asista al estreno. Él trabajó con Henze y protagonizó el estreno mundial de El cimarrón en Berlín y el Festival de Alderburgh, en Escocia.

¿Qué lectura desearía que el público hiciera de su puesta en escena?

Como una metáfora sobre la resistencia y la libertad. Todavía en este mundo hay muchas personas que a diferentes niveles y en otras circunstancias  padecen lo mismo que Esteban Montejo. Pienso que El cimarrón nos recuerda la necesidad de ser libres de cuerpo y espíritu.

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