Un alto en el camino

Daniel García • La Habana, Cuba
Foto: R. A. Hdez

En el registro de la Editorial Letras Cubanas, la fecha más antigua de publicación de un  título de autor emigrado es 1989, con la aparición de Poemas escogidos, de Agustín Acosta.

Acosta emigró de Cuba en 1972, siendo ya una figura intelectual y política reconocida en el país, por los cargos que llegó a ocupar en su natal Matanzas y en el gobierno nacional.  Exponente de la poesía posmodernista, en su vertiente social, su poema “La zafra”, era una célebre denuncia a la explotación de los campesinos en los cañaverales, en beneficio de las compañías norteamericanas dueñas de ingenios azucareros.

Imagen: La Jiribilla

Las publicaciones de autores emigrados se dirigieron, inicialmente, a aquellos que, como Acosta,  habían realizado su obra en Cuba y gozaban de  cierto prestigio en los círculos intelectuales. Tales son los casos de José Ángel Buesa, Lydia Cabrera, Enrique Labrador Ruiz, Jorge Mañach, Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo, Severo Sarduy, Pura del Prado, entre otros.

Paralelamente, se fue abriendo el horizonte editorial hasta abarcar autores desconocidos por el público lector cubano, porque habían salido de Cuba muy jóvenes y ganaron su condición de creadores en condiciones de emigración. Dentro de este grupo de autores, aparecieron, por la propia Editorial Letras Cubanas, títulos de José Kozer, Mayra Montero, Román de la Campa, Enrique Sacerio-Garí,  Manuel Cachán, René Vázquez Díaz, Mireya Robles y Pedro Pérez Sarduy.

Dando continuidad a esa mirada sobre la literatura cubana de la emigración, comenzaron a integrar el catálogo de publicaciones autores que, o habían nacido en EE.UU., o habían sido llevados a ese país desde muy niños y crecieron dentro de la propia realidad norteamericana. Son autores bilingües o que escriben solo en inglés: Achy Obejas, Roberto G. Fernández, entre otros; incluidos en antologías como Isla tan dulce y otras obras. Cuentos cubanos de la diáspora (2002).

En la génesis de este esfuerzo, hay que recordar el Premio Homenaje de Poesía Casa de las Américas otorgado a Lourdes Casal, en 1981, por su poemario Palabras juntan revolución, que, de cierta manera, abrió la puerta a una aproximación a la problemática existencial de la emigración cubana, expresada en la literatura.

Si consultamos el catálogo histórico de Ediciones Unión, la casa editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), este rápido recorrido se enriquece con nombres como Hilda Perera, Carlos Espinosa, Eugenio Florit y Jesús Barquet.  Nombres que se multiplican si consultamos antologías como Ellas hablan de la isla (2001) y La isla poética. Antología (1998), en las cuales aparecen, además de algunos de los ya citados: Magaly Alabau, Amando Fernández, Cristina García, Carmen Duarte, etc.

A esto se añade, en los últimos años,  la tendencia a publicar autores de generaciones recientes que decidieron emigrar y han continuado su obra en otros países. En este sentido se registran nombres como Eliseo Alberto y Antonio Orlando Rodríguez, entre otros incluidos en antologías, como Ramón Fernández Larrea, Rolando Sánchez Mejías, Emilio García Montiel, etc. 

Un notable récord de publicaciones se ha ido conformando a lo largo de estos años, que va más allá de la literatura artística y se amplía hacia las ciencias sociales y otros campos de investigación. Eventos, encuentros y conferencias relacionados con la emigración y con la presencia de intelectuales cubanos residentes en otros países, se añaden a este resultado bibliográfico; uno de cuyos primeros exponentes fue el encuentro “Cuba. Cultura e identidad nacional”, que en 1994 se llevó a cabo en La Habana, con el auspicio de la UNEAC, y que quedó fijado en un libro-memoria, publicado bajo el mismo título del evento.    

Este rápido balance que  no es conclusivo, constituye una prueba ineludible que argumenta este esfuerzo, gradual y progresivo, por integrar la literatura de la emigración en el cuerpo total de la literatura cubana. Un proceso que ha estado guiado por la voluntad inclusiva de la política cultural sintetizada en aquel discurso de Fidel Castro, “Palabras a los intelectuales”, tantas veces descontextualizado por quienes pretenden obstruir los canales de comunicación; y por la reflexión de intelectuales de la talla de Ambrosio Fornet, —a quien debemos ese aserto de que la literatura cubana es una sola—,  que han subrayado la complejidad de las interrelaciones vida y obra de un autor para descartar las interpretaciones maniqueas y mecanicistas del producto literario.

Acciones como la que acaba de auspiciar La Jiribilla, ayudan a detenerse en este largo y fructífero bregar, y fijar hitos en este camino abierto, por donde se transitará cada vez de manera más expedita.  

 

Este texto fue escrito a propósito del panel “Cultura y emigración”, convocado como parte de los Ciclos de debates de la Revista de cultura cubana La Jiribilla. Casa del ALBA cultural, La Habana 6 de febrero de 2013.

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