60 años de Salterio y Lamentación

“Siempre acompañado de la poesía”

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba

El primer cuaderno de poemas de Pablo Armando Fernández, poeta cubano imprescindible en nuestra historia literaria, tiene ya 60 años. Un buen día descubrió que sus “cuentos” no eran más que poemas sin estrofas, rememoró el escritor en el homenaje que le organizó la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas) el miércoles 13, como parte de las actividades de la XXII Feria Internacional del Libro de La Habana.

Fue la escritora estadounidense Carson McCullers quien, durante los años que Pablo Armando vivió en Nueva York, le dijo: “That's poetry”. Son los recuerdos del poeta contados desde la pantalla, en el documental Nostalgia: la próxima estación, producido por la productora de la UNEAC, Hurón Azul, y dirigido por el realizador Jorge Aguirre, que se presentó esa mañana.

Salterio y Lamentación tiene, ante todo, una marcada voluntad de diálogo con la escritura bíblica. Es, según el crítico de arte y ensayista Roberto Méndez, una demostración de toda la materia poética que habita en el hombre cotidiano y un evidente ejercicio de revisión del lenguaje, quizás ejes centrales de su obra completa. Para Méndez, en este conjunto de poemas se hallan “los principales motivos y rasgos estilísticos de la poesía de Pablo Armando”.

Para el invitado Alfredo Prieto, ensayista y editor de la Editorial Unión, el texto propone un tono conversacional de sencillez solo aparente, como lo hacía Antonio Machado. En cambio, la editora Margarita Mateo hizo énfasis en el análisis del discurso, no solo de los poemas de este primer cuaderno en particular, sino en el resto de su obra poética. La editora opina que sus versos, “afortunadamente más llenos de sentido que de palabras”, reflejan una enérgica preocupación por su circunstancia social y son “una sobresaliente expresión de la nueva poesía que se inauguraba en el país al triunfar la revolución”.

La literatura de Pablo Armando, apenada por habitar en parte “un pueblo sin caña santa”, intenta mantener vivas las cosas que con el tiempo y con la vida se fueron perdiendo: los trenes que arrullaron su infancia, su casa del central Delicias, el bar, el puente, el kiosko, los personajes que adornaron su infancia… No todo es ficción. Para el poeta volver a los lugares es volver a vivir, un modo de mantener viva la memoria. Probablemente son estos rasgos que el propio artista declara los que conforman la esencia misma de su trabajo.

Se trata de un hombre que se fue a Nueva York porque en Delicias solo se podía estudiar hasta sexto grado y, dado lo real maravilloso que ha signado la historia de la Isla, en aquellos momentos resultaba más costoso para él asentarse en Holguín que en la capital del mundo. Pero su primer poema, “Distancias”, lo escribió en español, porque “uno no deja de ser cubano por la distancia”.

Fue cuando comenzó a preguntarse sobre el significado de ser cubano. Entonces retornó a “Oda al Niágara”, del maestro Heredia, y vio las palmas: “ahí está lo cubano —dijo. Luego busqué a Cuba en la historia, porque el primer cimarrón que huyó de un ingenio ya era cubano”. Casi todo su trabajo tuvo el objetivo de regresar a su tierra. En 1959, ante los “cambios reales y capaces” que ocurrían en la Isla, volvió.

Según la intervención de Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, “Pablo Armando Fernández es una persona que estuvo en la luz desde que nació. Después estuvimos, pero el más que yo, en una sombra obligada. Aun así, no he conocido a nadie que haya salido a esa sombra con más luz que él, siempre acompañado de la poesía, porque, como dijo Cintio Vitier, la poesía quizás no nos cura, pero nos alivia”.

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