El verso mestizo de César López
en homenaje a Frank País

Dainerys Machado Vento • La Habana, Cuba
Fotos: Tessio Barba

El poeta César López era un estudiante de medicina, convaleciente de hepatitis en la ciudad de Barajas, en España, cuando sus compañeros le llevaron al cuarto la noticia de que habían asesinado al líder revolucionario Frank País. Seis o siete días habían transcurrido desde el fatídico 30 de noviembre, cuando la información logró cruzar el océano y llegarles a la península Ibérica. Para los jóvenes cubanos, todos oriundos de Santiago de Cuba, la conmoción no fue poca.

Imagen: La Jiribilla

Uno de ellos recordó enseguida la pesadilla con la que César los había despertado madrugadas atrás, gritando con horror que algo terrible estaba sucediendo. Más de medio siglo después de aquel acontecimiento, recuerda el poeta: “Por el cambio de horario entre España y Cuba, calculamos que yo había tenido aquella pesadilla en el momento en que estaban asesinando a Frank”. Según sus propias palabras, esa fue la última motivación necesaria para sentarse a escribir Silencio en voz de muerte, un poemario que juntó entre 1957 y 1958 y que algunos describen como un gran poema hecho libro, dedicado íntegramente al joven revolucionario.

La sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, acogió este 14 de febrero un homenaje al medio siglo que se cumple este año de que ediciones Unión publicara el volumen en 1963.

“Algo que descubrí después es que nunca aparece en ninguna línea el nombre de Frank, como no aparece en los Libros de la ciudad I, II y III, el nombre de Santiago de Cuba”, confesó César López entre la lectura de un fragmento de poema y de otro, luego de agradecer a los amigos que le agasajaron en el panel, y de bromear con los organizadores del evento por incluirlo entre los grandes autores del siglo XIX y XX homenajeados durante tres días en el Foro Literario de la Asociación de Escritores.

Imagen: La Jiribilla

Ernesto Sierra fungió como moderador de los encuentros que rindieron tributo también a Cirilo Villaverde, Julián del Casal y al 60 aniversario del volumen Salterio y lamentaciones, de Pablo Armando Fernández. El Foro inauguró temprano las actividades de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2013 y tuvo como coordinadores a Alex Pausides, Margarita Mateo y Camilo García.

Convocados a dialogar sobre la obra de López, asistieron esta vez los escritores Manuel García Verdecia y Jorge Ángel Hernández Pérez.

Verdecia hizo un extenso recorrido por la obra de César. Habló de su “indagación socialista” no como una militancia partidista, sino como una actitud ética ante la vida, y en su relación con los poetas de su generación. “El poeta busca razones para entender su momento”, aseguró el invitado y comentó además la variedad de registros lingüísticos, con desafíos de lo prosaico y lo coloquial que ubicó como ganancia en su poesía. La utilidad del lenguaje corriente, “inestético si se quiere”, aportan el sentido de la proximidad de la poesía de César que logró hacerse en el nivel del lenguaje que hasta ese momento no había sido considerado poesía.

En los tres tomos de Libro de la ciudad descubrió Verdecia la carga de un lenguaje mestizo, la caricaturización de lo planteado en el uso excesivo de palabras, y en lo personal elogió a López el sentido de la ética que lo empuja a hacer siempre el bien a los demás.

En la estética y recursos expresivos de Silencio en voz de muerte, se concentró Jorge Ángel Pérez. En su lectura del ensayo “Un libro que empieza o que termina” aseguró que 55 años después de la escritura del volumen, este “mantiene fresca y posible su lectura inmediata”. Encabalgamiento en algunos fragmentos, quiebra de sintaxis en otros, lo llevaron a definir lo que se ha vuelto voz poética en la obra de César López y que es perfectamente identificable en el poemario.

“Ave César en sangre, carne y verso”, dijo al terminar, y el público aplaudió de nuevo la sola mención del nombre del poeta. Luego tocó el turno al propio César López, quien decidió compartir con en público el origen del volumen. Al terminar de leer los fragmentos por él elegidos, las y los presentes se pusieron de pie. No mediaron palabras en la entrega de flores blancas que le hizo Nancy Morejón, presidenta de la Asociación de Escritores. César se adivinaba aún conmovido por la pérdida de Frank mientras leía.

En la voz de la soprano Diana Rosa, acompañada al piano por Beatriz Batista, llegó el poema “Al soneto”, con música de Guido López-Gavilán. Como los paneles que le antecedieron, el homenaje fue también un encuentro entre amigos, sobre todo a favor de la literatura cubana.

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