Panel “Artistas por la no violencia contra las mujeres y las niñas”

Enfrentar la violencia de género desde las artes

Helen Hernández • La Habana, Cuba

Puede que sea el desgarrador relato de una mujer maltratada narrado en el libro de una autora contemporánea; un concierto que llama a prevenir la violencia en las nuevas generaciones; un documental que polemiza sobre los masturbadores públicos; el ensayo que describe una problemática actual de las mujeres cubanas o un cuadro donde se retratan los perjuicios del machismo. Lo cierto es que en los últimos años la cultura ha funcionado como espacio amplificador de las luchas contra la violencia hacia las mujeres y las niñas en la sociedad cubana, una realidad evidenciada.

Lo anterior quedó demostrado el pasado miércoles 13 de febrero en el Pabellón Cuba, sede de los jóvenes en la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana, durante el panel “Artistas por la no violencia contra las mujeres y las niñas” coordinado por el historiador Julio César González Pagés, al frente de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM). Con la idea de visibilizar algunos de los proyectos culturales y artistas que se sensibilizan con esta causa, la sesión permitió conocer futuras acciones e iniciativas dirigidas a prevenir la agresividad machista desde los productos culturales.

La Editorial de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas se inserta a las actividades por promover la lucha por la no violencia contra las mujeres y las niñas al poner en disposición del público varios títulos que abordan aristas de la realidad social de las mujeres y los hombres en la Isla. Isabel Moya Richard, su directora, presentó el libro de González Pagés Por andar vestida de hombre, editado por esa casa de publicaciones en 2012. El volumen constituye un ejemplo de la bibliografía que los últimos años ha sido publicada en el país sobre temas de género, pues recoge la pesquisa sobre la vida de Enriqueta Favez, una mujer de origen suizo que en el siglo XVIII se atrevió a desafiar las leyes que prohibían a la mitad femenina cualquier incursión en la vida pública, y travestida de hombre logró ejercer la medicina en la ciudad de Baracoa, en el Oriente de Cuba. Al descubrir su afrenta por la delación de una criada, Favez fue severamente juzgada y deportada del país.

Según Moya, este ensayo permite no solo aprender de aquella historia, sino mirar y revisitar nuestro presente. La estudiosa sobre temas de género señaló entre los aportes del libro el hecho de que no se detiene en la historia de Favez, sino que recorre la historia de otras mujeres que se atrevieron a romper esas fronteras dicotómicas establecidas entre lo femenino y lo masculino. “Este libro es un momento de continuidad en la obra de González Pagés, y a la vez abre puertas a nuevos caminos”, enfatizó.

La realizadora Marilyn Solaya compartió la primicia de su próximo filme, Vestido de novia, que la convertirá en la tercera mujer en rodar un largometraje de ficción dentro de la industria cinematográfica en Cuba. La película, en fase de producción, se desarrolla en 1994 y cuenta la historia de dos mujeres transgresoras que luchan por defender sus proyectos de vida en el contexto de un país machista y prejuicioso. La obra de Solaya se ha caracterizado por su postura crítica ante el sistema patriarcal, con documentales como Mírame mi amor, sobre los masturbadores públicos en la Capital, y En el cuerpo equivocado, basado en la historia de la primera transexual operada en Cuba, en la década de los 80.

De la música, apareció la voz de la cantante Rochy Ameneiro, quien lidera el proyecto Todas Contracorriente por la visibilidad integral de la mujer en las artes y por la promoción de una cultura de paz. La intérprete explicó las diversas acciones emprendidas por el proyecto desde 2011, entre ellas la realización de conciertos, videoclips, talleres de sensibilización y una gira nacional en 2012, celebrando el centenario del feminismo en Cuba. En esa oportunidad, Rochy recorrió junto con su grupo y varios miembros de la RIAM 18 provincias del país, en las que se realizaron talleres sobre la violencia de género en la música y el audiovisual para más de 3 mil estudiantes.  “El nuestro es un proyecto inclusivo para hombres y mujeres que defiende la equidad utilizando la música como soporte”, expuso la creadora.

Por su parte, el cantautor de pop-rock David Blanco acaba de integrarse a la Campaña por la No Violencia contra las Mujeres y las Niñas que realizan varias instituciones, activistas y organizaciones no gubernamentales en el país. Junto con la RIAM la música se comprometió a difundir en su quehacer artístico y en sus presentaciones en vivo mensajes positivos dirigidos a las nuevas generaciones.

Blanco es uno de los rostros que identifica, desde 2006, campañas de prevención de las Infecciones de Trasmisión Sexual y el VIH/sida. “Me gusta unirme a las causas positivas que intentan sembrar una semillita en las mentes de los jóvenes”, significó el cantante a La Jiribilla.

“Cuando uno tiene un micrófono puede denunciar la violencia, un problema que está haciendo mucho daño en el mundo, pero a veces los artistas se encierran en su burbuja y este tipo de campañas ayudan a poner los pies en la tierra y luchar por resolverlos”, agregó.

La débil promoción de las acciones dirigidas a enfrentar problemas sociales como la inequidad y la violencia de género es una de las razones por las que la Feria del Libro cedió un espacio para exponer este tipo de proyectos. “Mientras más personas nos sumemos a esta causa, la cultura de paz será más divulgada”, opinó Ameneiro.

Los últimos tres años evidencian un impulso en la incorporación de artistas a la lucha contra la violencia de género. Para Isabel Moya, “si bien es cierto que existían algunos atisbos en la literatura de las novísimas y en algunos ensayos en la visibilidad de estos temas, estos eran esfuerzos aislados o motivados por los intereses creativos individuales, pero carecían de un acompañamiento institucional”, explicó la estudiosa a La Jiribilla.

No obstante, falta superar los circuitos alternativos en que todavía se mueven estas iniciativas y llegar a los medios de comunicación. “El desafío está en marcar una presencia menos puntual y hacerla constante. No solo se debe impulsar la regulación o autorregulación sino sensibilizar y desarrollar en decisores y programadores culturales la mirada de género”, concluyó Moya.

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