Entrevista con Kaloian Santos

Merchandising… desde el lente de una cámara

Desde horas muy tempranas de la tarde lo esperábamos con las ansias comunes a cualquier estudiante de Periodismo, cuando tiene previsto un encuentro cercano con un colega, joven también, dedicado al mundo de la fotografía ―una fotografía destinada a la denuncia, específicamente―. Solo por eso ya lo admirábamos.

Imagen: La Jiribilla

Tuvimos el tiempo suficiente para idear en la mente todo un cuestionario alrededor de Merchandising, su nueva exposición fotográfica y pretexto para esta entrevista. Pero aquel muchacho delgado, de ojos pequeños y de acento medio argentino (por su estancia en ese país), medio holguinero (por pertenecer a esa provincia), al parecer se rehusaba con su demora a concedernos algunas respuestas.

“¿Kaloian?, Kaloian ya avisó que está en camino”, nos dijeron cuando, solo por curiosidad, preguntamos. Y después de la espera, al fin apareció, con una tranquilidad increíble que asustó a los invitados de El Patio de Baldovina que aguardaban su llegada para comenzar la velada. 

Luego de que nuestro “blanco” supo de nuestra existencia y propósito, y nos dio una respuesta firme pero medio escurridiza, que implicaba un poco más de espera. Los minutos que vinieron después nos parecieron más largos que las horas pasadas, hasta que Kaloian Santos Cabrera, tal vez por la presión, tal vez por las ganas de “salir de eso”, cedió…  

Imagen: La Jiribilla

Comenzando por el final, háblanos de Merchandising, tu última exposición fotográfica…

Todo partió de mi desconocimiento del mundo de la publicidad. Las fotos de esta exposición, ese contraste entre el consumismo y la realidad de quienes no pueden consumir, no llega a Cuba, más allá de los problemas que tengas. Quizá para otros, de fuera, es muy natural, porque desde que nacen están viendo los muñequitos, viendo la publicidad; pero uno no. La primera vez que salí de Cuba, con 30 años, ―ya era fotógrafo, con miles de ideas― y caí en medio de ese mundo, recibí un impacto muy fuerte, y más cuando te insertas dentro de esa vida, cuando te instalas en ese país, porque yo sigo viviendo en Cuba pero me paso la mayor parte del tiempo allá en Argentina. Todas esas cuestiones te van taladrando, y descubres cosas que quienes viven allí, naturalmente no ven, o que les son cotidianas. Esto es lo que intento mostrar con mis fotos, un contraste con esa publicidad que forma parte del mundo real. Esa publicidad que, mayoritariamente, convoca a quienes no pueden consumir aunque viven dentro de ella ―digamos la clase más explotada, la clase pobre―, se enmarca en el contexto de un mundo donde eso resulta natural, pero no puede serlo, y desgraciadamente ese contraste lo es, ese contraste es parte de la vida. Entonces, vemos en las fotos que la gente le pasa por al lado como si nada, pero claro, no porque estén deshumanizados, sino porque forma parte de su vida.

Mi arma para enfrentar esa realidad ha sido la cámara, porque soy fotógrafo y sobre todo fotoperiodista. Es un tema que está casi cerrado; pero al que todavía le faltan algunas ideas, algunos contrastes. Titulé la exposición Merchandising porque es el término publicitario que ellos usan para venderte toda una parafernalia de productos. El contraste se manifiesta, por ejemplo, desde una foto muy dura como puede ser la del hombre buscando en la basura lleno de nylon, sin zapatos y detrás de él una zapatería, hasta  el anuncio publicitario de las tres Miss universo y debajo tres nenas. Aunque yo no pueda cambiar el mundo, al menos logro que la gente se percate de ese fenómeno existe, empiezan a ver en una foto fija ese contraste que, continuadamente, no observan.

Es muy fácil traer esta exposición a Cuba y denunciar ese fenómeno en un país como el nuestro que, prácticamente, es virgen en cuanto a la publicidad y el consumismo, al menos las últimas generaciones. ¿Has pensado llevar esta exposición a aquellos países en los que te basas, para mostrar tu mensaje?

Esta exposición donde primero quise mostrarla fue en mi país. No le puse pie de foto a ninguna, ni anuncié que era Buenos Aires, porque es un tema que puede acontecer en cualquier lugar del mundo y, desgraciadamente, empezamos a encontrar esos atisbos en Cuba. Donde primero puse algunas de esas fotos fue en mi muro de Facebook; y recibí muchos comentarios de gente que decía “del carajo, yo paso por esa esquina todos los días y me lo tiene que enseñar un tipo que no es de mi país en una foto”. Quizá esa persona tampoco pueda cambiar el mundo, pero tal vez piense si realmente le sirve consumir algo que no le hace falta. Esta es una exposición que puede ir mutando. Es un proyecto que he estado conformando hace ya un año, en el que se distinguen dos puntos básicos en las fotografías, uno es el contraste, y otro, el contraste en la vida diaria de ese mundo, que es lo que parte con la publicidad y con la realidad; pero la publicidad no como un mundo de ficción, sino como elemento de esa realidad; pues ese contraste también es parte de la realidad.

Manejar esa idea para hacer un trabajo fotográfico implica evitar la repetición de las fotografías y de los discursos, que exista un hilo conductor en lo que quiero hacer, que el contraste lo marque el hecho de que alguien se sienta virgen en esa realidad, y que a su vez, está viviendo y conviviendo con la misma, además, de consumirla. Anteriormente, hice otra exposición con Argentina: La Argentina que yo sentí, que era la mirada del extranjero que llega y recorre esa nación. Ahora estoy en este proyecto, que lleva tiempo, y espero que el año que viene lo tenga ya terminado. Quiero que se convierta en un libro, porque es la huella, a su vez, de lo que pasa. Mañana puede ser otro el motivo de la publicidad; esos carteles están cambiando constantemente, pero la realidad sigue allí.

Eres Licenciado en Periodismo; pero toda tu carrera y trayectoria fundamental se ha enmarcado en la fotografía. ¿La concibes como una forma de hacer periodismo, o como un arte?

Para mí no hay fronteras entre el arte, el periodismo y el fotoperiodismo; es una herramienta para la denuncia, y yo, sobre todas las cosas, me sigo considerando un fotoperiodista. Aunque tenga una galería para colocar mis fotos o una web de arte que les interese y las cuelgue, seguiré haciendo fotoperiodismo. Acabo de publicar un libro que es solamente de fotografías, y muchos me miran como artista; y continúo diciendo que soy un fotoperiodista por encima de todo. Mis medios siguen siendo los periódicos y las publicaciones, en sentido en general, por eso no me desvinculo del hecho de escribir. Desde Argentina escribo para Juventud Rebelde, Cubadebate, y La Jiribilla. Respeto tanto a mis colegas periodistas como a mis colegas fotógrafos, y tengo la posibilidad de hacer las dos labores.

La Jiribilla, sin duda, es muy especial para ti. Cuéntanos, desde lo más íntimo de Kaloian, la relevancia que le concedes a esta revista.

A La Jiribilla le debo mi crecimiento y quizá también mi desarrollo, porque no solo me obligó a hacer fotos y me dio el espacio para publicarlas; me exigió escribir bien, y que cada vez que hiciera una fotografía pensara en el diseño en función del contenido. Me educaron en el trabajo en equipo, que luego resultó ser mi familia. Me enseñó a ver lo lindo y sacrificado del oficio, y a su vez, lo que podemos hacer con una cámara. Pero, sobre todo, La Jiribilla me demostró  que en los jóvenes se puede confiar.

Cuando cursaba segundo año, La Jiribilla me encargó la responsabilidad de sostener una sección: Enfoco, con una perspectiva documental y artística, porque llevaba, además de las imágenes, textos de intelectuales cubanos. Esta revista es esa casa pequeña a la que siempre se vuelve, y a la que siempre perteneces estés donde estés.

En una entrevista publicada en Cubadebate apuntaste que para ti “hay muchas Cubas”, ¿cómo crees que se relacione esta declaración con el tema que hoy nos muestras?

Cuba, o mejor dicho, la Patria, que puede estar donde sea, es la familia y los amigos, los olores, los sabores y los héroes con los que uno se identifica, las canciones, el sufrimiento… Y esa Patria no se va aunque te mudes a Alaska. Cuando hice 50 veces Cuba, que luego se convirtió en el libro Con luz propia, incluí todo eso y los 50 años de Revolución, contexto en el que nací y que me da el derecho de criticar lo que quiera criticar, porque hay cosas que duelen y que quiero cambiar. El “no callar”, con el arte de la fotografía, el denunciar lo que esté a mi vista y pueda ser denunciado, es mi propósito.

Mi Cuba no es la misma que la de mi padre, somos de diferentes generaciones y tenemos visiones y ambiciones distintas; y es que en Cuba existe una diversidad a la cual hay que respetar, y a través de mi obra pongo a disposición la elección de con qué Cuba quedarse, esa Cuba que de alguna forma quiero alertar con Merchandising.

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