Exposición Che, Cuba y otros versos pintados

Pintura y poesía

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba

Mucho antes del nacimiento de las nueve hermanas conocidas como musas, las artes han tejido entre sí relaciones indelebles. La historia ha sido testigo de obras maestras de la plástica inspiradas en los más bellos poemas y cantos, y ha visto nacer excelsos versos como elogios a sublimes piezas. El oficio de la retórica y el pincel han sido practicados por un mismo artista en más de una ocasión, en busca quizá de la expresión suprema. Lo cierto es que pintura y poesía nacen de una misma matriz, aunque ambas crezcan por caminos propios.

Esta relación se revela también en la constante comunión que existe entre creadores formados en lenguajes expresivos distintos. De ahí la frecuencia de proyectos que aúnan diversas manifestaciones, en un interés por crear un discurso artístico poliédrico. Tal es el caso de los artistas argentinos Jorge Coscia y Ariel Mlynarzewicz, quienes han trazado entre sus obras un diálogo horizontal que se ha visto fortalecido por una gran amistad.

El primero es un reconocido cineasta que ha incursionado con fuerza en el mundo literario, sobre todo en el área de los ensayos y más recientemente en la novela y la poesía; y, desde el año 2009, ocupa el cargo de Secretario de Cultura de la Nación Argentina1 Ariel, como prefiere que lo llamen, es un dibujante, grabador y pintor, vinculado con la tradición pictórica pura, actitud que lo condujo a fundar el grupo Boedo, formado por más de una treintena de artistas que concuerdan en la necesidad de poseer valores artísticos genuinos, más allá de los designios y las modas del mercado2.

La creación conjunta que hoy nuevamente los une es Che Cuba y otros versos pintados, primer libro de poemas de Coscia.

Desde un ejercicio interpretativo muy personal, Mlynarzewicz crea una serie de obras pictóricas que, en diálogo abierto con el texto proponen, diferentes miradas sobre las distintas temáticas y cuestionamientos que genera el libro. Como afirmara Jorge Cocsia, “se trataba (…) de ensayar una obra conjunta que ofreciera dos visiones independientes sobre algunos temas eternos del arte y sobre cuestiones ineludibles de nuestro tiempo”.

Las obras de Ariel no fueron hechas en el formato tradicional de la ilustración editorial, sino como acostumbra el artista, en sus típicos óleos expresionistas, donde remarca los empastes mucho más allá de la superficie bidimensional de las obras. Por ello, las piezas en su conjunto componen un hilvanado discurso que les permite, con autonomía, exponerse como una muestra de artes plásticas, en toda la dimensión que ello requiere.

Bajo el mismo título del libro, la exposición sita en la Galería del Cine 23 y 12, se abre al transeúnte del céntrico barrio del Vedado, pues los espacios abiertos y los paneles de cristal propios del lugar, desdibujan las líneas de la visión casi siempre frenada por muros de cemento y aquellos que el individuo crea sobre determinados fenómenos que piensa no está a la altura de entender, como pueden ser las artes plásticas.

Imagen: La Jiribilla
Retrato de Fidel jóven

 

Las obras, de un brillante colorido, en ocasiones se apropian de los títulos de los poemas y, en su mayoría, proponen nuevos sintagmas. Este es el caso de “Pintando en rojos”, un cuadro que recuerda por su cromatismo a las obras de Matisse. Pero esta relación no parece ser una apropiación puramente estética, pues al leer el poema que la inspiró, “El mural”, se reconoce un ejercicio exegético perspicaz.

En la pintura se percibe una habitación donde un pintor se halla en plena faena y la mirada del espectador queda atrapada por el rojo que colma casi todo el lienzo. Estará Ariel afirmando, como ya apuntara Matisse, que el artista no puede tener total dominio sobre los colores y las formas, pues son estas las que conducen al creador. O será, como parece apuntar Coscia en el poema, que la creación artística es resultado de la efervescencia de intenciones y sentimientos que van conformando murales impresos para siempre. “Hay murales/ Desde cuando los hombres/ Para atrapar la vida/ Pintaran venados/ En profundas cavernas (…)/ Vinieron luego con los siglos/ Quienes pretendieron enjaular el amor/ Con el trazo de pinceles clandestinos”. Ciertamente, parece que se asiste a un juego intertextual con la historia del arte y por supuesto, la historia del hombre.

Las obras “Bosque de Estocolmo” y “El Nobel explota tenazmente” dialogan con el poema “Nobel”. Coscia expone que a este Premio “Le falta el libro que fue escrito/ por ignotos Homero, Cervantes y Alighieri/ Dickens, Withman, Lorca, Hernández/ (José o Miguel según se quiera)/ cuyos papeles se quemaran/ como la mano y el cuerpo del escriba/ como la voz sangrante del poeta/ o la novela largamente atesorada/ el libro que quemara/ una explosión de Nobelesca dinamita”. Las obras de Ariel son dos lienzos con dimensiones mayores a las del resto del conjunto que manifiestan un lenguaje abstracto-expresionista. El alejamiento de las formas puede ser el discurso del artista alegando enajenación de ese complicado mundo; o es precisamente la explicación del creador, sobre los intersticios que tiene un Premio como este. Además, los títulos de ambas piezas refieren un anclaje de sentidos como quien apunta que son estos los trazos capaces de explicar con maestría el Nobel que “tiene la humana percepción que le brindan/ la sucesión y el cambio/ de sus ilustres miembros bien formados/ que hablan la lengua de un Hamlet/ que nunca habló su lengua/ como no la habla/ el 99,7 de ateos, musulmanes, hindúes, judíos y cristianos.

La representación de la mujer y el amor se repite en varias obras; amor entendido en su más amplia acepción. “Canción para Paloma”, es el canto de una paternidad feliz por un hombre anonadado ante la pequeñez y belleza de su hijita.

“Beso de enamorados” son dos rostros que se besan, mientras las formas contornean a su alrededor una especie de círculo, como si vivieran en una burbuja de colores alejada de todo lo terrenal. Esta pieza se complementa con “Abrazo”, pues ambas ilustran el poema “18 de octubre” dedicado a Eva Duarte y Juan Domingo Perón. En esta última, dos cuerpos desnudos se entrelazan para concebir la unión más plena, ser uno. Hay un díptico que también se titula “Abrazo”, pero esta representación es mucho más abstracta, las formas parecen indicar que en ambas partes hay una sola figura, aquí los colores son más estridentes, cual una mente en explosión.

Imagen: La Jiribilla
Abrazo

La “Venus” y “Mujer asomada” retratan a dos bellas damas, al parecer muy diferentes. La primera parece simbolizar un amor carnal, una especie de pasión que le sonríe desde el pasado. La otra, sin embargo, es una especie de musa que a través de la ventana vigila o tan solo presencia a quien la llama con reclamo.

Mientras para Coscia el poema “Visceral” es una explicación lógica de cuál órgano debía ser el símbolo del amor “Desmiento a los poetas/ que han instalado al amor/ en un músculo inestables/ involuntario/ (…)/ En todo caso/ el amor se expresa/ con mayor contundencia/ en un dolor de barriga/ en el quejido insolente de las tripas”. Para Ariel, es “Angustia, Puñal y Desamparo”, y la mujer, la portadora de tales amenazas.

“Retrato de Jorge Coscia” y “Ariel”, más que un hermoso diálogo entre pintura y poesía, es una conversación entre amigos, donde cada uno expone al otro desde su propio lenguaje y sensibilidad. Coscia dice “Libertad de artista que pinta sus retratos/ en su castillo colorido de Boedo/ donde un escudo invisible de paletas/ y de pomos ya vacíos/ deletrea su apellido imposible de polaco”. Ariel lo retrata en primer plano y coloca justo en sus ojos el color azul; será la altura del cielo equiparable a la mirada y proyección de este hombre. Su rostro iluminado por un brillante amarillo parece luz ante el espectador, ¿hablará de la Nación Argentina y su futuro? Muchas son las lecturas posibles, como muchos los lazos que unen a las artes y a estos dos artistas, que se saben ya definitivamente hermanos.


Imagen: La Jiribilla
Retrato de Jorge Coscia

 

Notas:
 
1- Este cargo es el homólogo a lo establecido en Cuba como Ministro de Cultura.
 
2- Boedo es un grupo de pintores que cree en el poder de la pintura. Tienen un vínculo auténtico con la gran tradición, no creen en el totalitarismo de las modas y el mercado y sí en la lenta formación de los propios valores de cada pintor, dando importancia al acto mismo de pintar, al proceso personal y singular de cada integrante. Cfr. http://elgrupoboedo.blogspot.com/

 

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