Hacia Cuba libre

Próceres inolvidables por Cuba libre

Félix Julio Alfonso López • La Habana, Cuba

El culto a los héroes y próceres es de antigua data en la historiografía universal, y en el caso cubano también sucede así. Sobre todo en lo relativo a aquellos hombres que empuñaron las armas en la segunda mitad del siglo XIX para liberar a Cuba del dominio colonial. Innumerables biografías, ensayos y folletos se han escrito sobre los que, parafraseando a Vidal Morales, pudiéramos llamar iniciadores y mártires de las revoluciones cubanas del 68 y el 95.

Imagen: La Jiribilla

La producción historiográfica durante la República de y sobre los protagonistas de las tres contiendas bélicas decimonónicas fue muy nutrida y la de la Revolución también ha sido profusa, sobre todo a partir de la conmemoración en 1968, del centenario del alzamiento cespedista en La Demajagua. Muchos cuadros también se han pintado y no pocas esculturas se han tallado para que no olvidemos los rostros de los libertadores y sus acciones combativas, y muchas menos películas se han filmado para recordarnos la epopeya.

Y aunque el tema de los héroes pueda parecer reiterativo, sobre todo en su vertiente anecdótica y de narrativa positivista, queda aún mucho por escribir sobre los hombres de carne y hueso y sus circunstancias históricas, aquellas en las que se lanzaron a pelear, pasando muchas veces sobre sus propias limitaciones y orígenes clasistas, para convertir a Cuba en un país libre del despotismo colonial español, sin esclavitud y con la mayor cuota de justicia posible.

De algunos de estos patriotas ilustres trata el admirable libro de Pedro Pablo Rodríguez titulado Hacia Cuba libre: próceres inolvidables, una selección de los trabajos escritos, con rigor de historiador y pasión de periodista, para la revista Bohemia, entre los años 1975 y 1980. Esto quiere decir que los redactó entre sus 29 y 34 años, un momento de juventud para el autor, Licenciado en Historia de la Universidad de La Habana en 1967.

Hasta ese momento destacaban en su producción historiográfica su ensayo “La idea de liberación nacional en José Martí”, publicado en la revista Pensamiento Crítico, No. 49-50, de 1970 y otros acerca del PRC, las relaciones de Martí con Guatemala y la formación de su pensamiento latinoamericanista, textos todos en que ya se revela una madurez de pensamiento, dotes de comunicador y oficio de escritor, que lo singularizan como uno de los grandes historiadores cubanos de las últimas décadas.

El periodismo de estas páginas es una labor de verdadera pasión creadora, que penetra en las esencias de los fenómenos y no se queda en lo meramente anecdótico o descriptivo; son semblanzas, retratos y crónicas de héroes diversos por sus orígenes clasistas y los lugares que ocuparon en las revoluciones cubanas del siglo XIX, que van más allá de lo biográfico y evitan regodearse en la apología, para devolvernos a los personajes en sus reales dimensiones de seres humanos, con virtudes y defectos, aciertos y contradicciones, méritos y fracasos.

Y más allá de esto asombra cómo, en breves cuartillas, el autor logra análisis muy rigurosos del contexto político, social y económico, del imaginario cultural, de las luchas de clases y de las ideologías que movían a estos hombres. Como bien dice Pedro Pablo en la introducción, no se trató de actos ingenuos de la escritura histórica o de complacencia intelectual, sino que estos trabajos formaron parte de una cruzada nacionalista de Bohemia, en defensa y preservación del magnífico legado de luchas del pueblo cubano. Y para hacerlo desde una perspectiva auténticamente marxista y liberadora, Pedro Pablo no podía quedarse en versiones más o menos seráficas de sus personajes, sino que tenía que escarbar como el viejo topo, en las particularidades del momento histórico en que vivieron sus biografiados: Francisco Vicente Aguilera, Bartolomé Masó, Eduardo Machado, Antonio y José Maceo.

Al final de cada texto hay un pequeño resumen ético de cada una de las trayectorias. Aguilera nació en cuna rica y murió en la miseria: “jamás antepuso su orgullo personal ante el cumplimiento de cualquier tarea patriótica”. Bartolomé Masó, hijo de un comerciante catalán y una cubana de Bayamo, fue antimperialista y “digno representante de la burguesía patriótica y nacionalista”. Eduardo Machado, joven villareño culto y políglota, fue abolicionista, republicano y anexionista, y trató de legislar con hidalguía para la República en Armas. El General Antonio es vislumbrado en dos momentos cenitales de su vida: la Protesta de Baraguá y la Guerra Chiquita, “primer intento orgánico de los sectores populares por hacer y dirigir la Revolución”, y en ambas primó su respeto al ideal de unidad y a la disciplina militar. Su claridad meridiana en temas políticos y su astucia combativa justifican el aserto martiano de que era “tan poderoso su brazo como su mente”. Cierra el volumen una conmovedora página sobre José Maceo, a quien Gómez llamó “todo verdad y por eso para muchos parecía amargo”. Toda la vida de José fue de combate y sacrificio, desde su bautismo inicial en octubre de 1868 hasta su muerte heroica en la Loma del Gato, el 5 de julio de 1896. Por el medio quedaron innumerables combates, su crecimiento personal como soldado de la Revolución y de sus ideas, sus fugas espectaculares de los presidios coloniales, sus trabajos del exilio, su lealtad al Titán de Bronce, la amargura de sus últimos días…

Este nuevo libro de Pedro Pablo Rodríguez ratifica su solidez como historiador y sus virtudes como periodista, lo acerca al público de todas las edades, ávido de conocer sobre sus libertadores y su gesta, y de manera muy especial lo recomiendo a los estudiantes, jó