Pedro Pablo Rodríguez:

Una obra que convoca

Ibrahim Hidalgo • La Habana, Cuba
Foto: K & K

Cursaba mi tercer año de la carrera de Historia en 1992, cuando un trabajo de curso me obligaría a desandar bibliotecas en busca de títulos relacionados con la personalidad de Máximo Gómez. Una tarde, en una vieja librería del municipio de Güines, pude adquirir un libro que lucía en su portada un grabado del perfil de Gómez en sus años mozos. Llevaba por título La primera invasión, y había sido premio Ensayo del Concurso UNEAC, en su edición de 1986. Su autor, Pedro Pablo Rodríguez.

Imagen: La Jiribilla

Más allá de la coherencia en el discurso, de la palabra precisa, de la solidez en sus enfoques, me llamaba la atención la capacidad del autor para articular elementos diversos en torno a un problema historiográfico. No se trataba de describir bellas acciones en los embrollados montes guantanameros o de colmar la prosa con adjetivos grandilocuentes que mostraran la valía del entonces treintañero general dominicano entre los cafetales de La Galleta y La Indiana, desmintiendo a base de machete y tea incendiaria las campañas de triunfalismo pacifista de las autoridades coloniales. Estaba en presencia de una línea de investigación de la historiografía militar, iniciada poco antes por el entrañable Francisco Pérez Guzmán con su ejemplar Batalla de las Guásimas. Bastaba la aprehensión de una sola acción de guerra o una campaña para articular todo un discurso integrador, armónico, no en torno a hechos aislados, sino a problemas concretos a dilucidar desde la ciencia histórica.

Cuatro años después, en 1996, en la añeja morada del sabio Don Fernando Ortiz, vería por primera vez al autor de aquel libro comprado en la librería güinera, dispuesto a defender su grado de Doctor en Ciencias Históricas. Para entonces ya contaba Pedro Pablo con una vasta producción historiográfica y experiencia docente en estudios sobre la historia del pensamiento, sobre todo en el complejo universo de la vida y obra de José Martí. Bastaba revisar las páginas de publicaciones como Pensamiento Crítico, Anuario del Centro de Estudios Martianos, Universidad de La Habana, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Anales del Caribe, Cuadernos de Nuestra América, La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas, Santiago, Islas, y su siempre entrañable revista Bohemia, por solo citar algunas, para advertir la huella del historiador comprometido con un legado, con una tradición, con un ideario de justicia e independencia para Cuba y toda nuestra América.

Pero, para mi sorpresa, la tesis a defenderse en aquella mañana no era sobre Martí. Pedro Pablo presentaba en tribunal de grado su libro La primera invasión. Volvería a ver el perfil del joven Gómez sobre la mesa del aspirante, y recordaba la pequeña librería de mi pueblo donde reposaba aquel ejemplar. Le agradecí en silencio al autor su libro, mientras disfrutaba del rigor y la destreza en su defensa doctoral. Ese mismo año, junto a su doctorado recibía, en calidad de coautor, el Premio Ramiro Guerra otorgado por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba a la mejor obra de tema histórico publicada en el año, merecida distinción que recibiera la Historia de Cuba, tomo II. Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales: 1868-1898.

Los avatares profesionales posteriores me llevarían a conocer personalmente al Dr. Pedro Pablo y también a adentrarme más en su profusa obra, resultado de años de entrega al oficio, con resultados, reconocidos dentro y fuera de Cuba, que le llevarían a alcanzar diversas condecoraciones, entre ellas el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009 y el Premio Nacional de Historia, al año siguiente. Imposible reducir semejantes reconocimientos a la dirección del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, en el Centro de Estudios Martianos, por más que sea esa la tarea más importante de su vida, como él mismo ha reconocido. Pero una empresa de tal magnitud e importancia solo habría de ser posible, en rigor, luego de una vasta experiencia acumulada y volcada en innumerables artículos, libros, prólogos, ensayos introductorios, reseñas y comentarios de libros, piezas que en su conjunto permiten aprehender la formación, desarrollo y madurez del intelectual. Era apenas el inicio de un arduo bregar, de reconocer y pensar el quehacer revolucionario del Apóstol o, como dijera Lezama Lima, de ese misterio que nos acompaña.

Perteneciente a una selecta generación de historiadores e investigadores dedicados al estudio del pensamiento martiano y heredero, además, de obras extraordinarias, particularmente en el campo de la biografía y las compilaciones de documentos, Pedro Pablo ha logrado demarcar sus aportes, ya no solo por el agudo olfato del historiador que hurga y descubre nuevas fuentes, sino, sobre todo, por el instrumental metodológico del que se vale para ofrecer sus enfoques. No se trata, por tanto, de un Martí fragmentado el que nos brinda el autor en sus textos. Todo lo contrario, la unidad del pensamiento martiano en tanto proceso formativo, se nos revela de manera articulada, coherente, sin fraccionamientos pueriles ni compendios efectistas de frases aisladas y descontextualizadas. Más allá de la diversidad de temas que han constituido y constituyen centro de interés en las investigaciones de Pedro Pablo referidas al Maestro, pudieran definirse tres líneas de trabajo esenciales: 1) la influencia de las experiencias martianas en América Latina y EE.UU. en la vertebración de su pensamiento y accionar revolucionarios, 2) su quehacer político en busca de la unidad y el significado del PRC en ese proceso y 3) el periodismo de Martí, como elemento consustancial en su quehacer político. De la experiencia acumulada en la conjunción de estas tres parcelas de trabajo saldría el ensayo De las dos Américas (Aproximaciones al pensamiento martiano), publicado por el CEM en 2002 y laureado con el Premio de la Crítica. A mi juicio, es el resultado más acabado del autor luego de un largo recorrido por los senderos del pensamiento de José Martí, una obra esta, sin lugar a duda, de madurez intelectual.

Aunque hablar de la obra de Pedro Pablo es imposible sin destacar el lugar que en ella ocupa la figura de Martí, no deben obviarse otras líneas de investigación que prefiguran un interés por acercarse a los aportes de lo mejor del pensamiento progresista y revolucionario dentro y fuera de Cuba en diferentes contextos. De ahí que personalidades tan diversas como Máximo Gómez, Antonio Maceo, Eugenio M. de Hostos, Manuel Sanguily, Enrique José Varona, Rubén Martínez Villena, José Zacarías Tallet, José Antonio Portuondo, Marcus Garvey, Maurice Bishop, Cintio Vitier, entre otras, hayan ocupado también un espacio de reflexión en el taller intelectual de nuestro autor. Entre ellos, cabe destacar el sustancioso ensayo “La ideología económica de Enrique José Varona”, publicado por primera vez en la revista Santiago (1985) y que retomara, una década después, en el libro Enrique José Varona. Política y Sociedad.

En otra línea de trabajo pudieran ubicarse los artículos de Pedro Pablo referidos a la recepción del pensamiento y la obra martianos en la obra de prestigiosos intelectuales y políticos de nuestra América, de la talla de Fabricio Ojeda, Juan Marinello, Cintio Vitier, Hugo Chávez y Fidel Castro, por solo citar algunos. Sin desestimar, así mismo, el estudio del autor acerca de las relaciones e influjo de otras personalidades en Martí, destacándose en tal sentido las del presidente Benito Juárez García y, más recientemente, la presencia del general argentino José de San Martín en el intelectual cubano.

La historia de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y otras naciones de Nuestra América enriquecen también el abultado fichero del autor, así como la política de hostilidad de EE.UU. hacia la Revolución cubana, tal como se revela en el libro publicado en 1966, El despliegue de un conflicto (La política norteamericana hacia Cuba entre 1959 y 1961), del cual fue coautor. Desde esa lógica, profundamente latinoamericana y antimperialista, en la obra del intelectual cubano, recientemente laureado con el Premio a la Dignidad, otorgado por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), se le toma el pulso a lo mejor del legado ético y humanista en todos los tiempos, pero siempre con la vista en el presente de su Patria y en su futuro mejor posible.

Por último, una de las líneas de investigación más importantes en el quehacer profesional de Pedro Pablo: las compilaciones de documentos de José Martí, con títulos entre los que sobresalen El periodismo como misión, Correspondencia a Manuel Mercado, Testamentos de José Martí (edición crítica), José Martí. Cónsul de la República Oriental del Uruguay. Documentos, En los Estados Unidos; periodismo de 1881 a 1892, resultados que se insertan dentro de esa descomunal empresa que es la edición crítica de las obras martianas, la cual él dirige.

Decía Martí que “La generosidad congrega a los hombres, y la aspereza lo aparta. El elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima”. Por eso aquí estamos. La obra de Pedro Pablo nos convoca en esta vigésimo segunda Feria Internacional del Libro. Enhorabuena. Felicidades, maestro y amigo.

Intervención en el coloquio “Vida y obra de Pedro Pablo Rodríguez”. Sala Nicolás Guillén, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, 16 de febrero de 2013.

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