Presentación de cuatro títulos de ediciones UNIÓN

Dos maneras de abordar el realismo

Marilyn Bobes • La Habana, Cuba

Para la 22 Feria Internacional del Libro, Ediciones UNIÓN tiene hoy el privilegio de presentar a los lectores a dos grandes de la literatura cubana: Pedro Juan Gutiérrez y Eduardo Heras León, quienes a pesar de las abismales diferencias de estilo y puntos de vista que parecen separarlos, tienen en común su fidelidad al realismo, una corriente estética que, a pesar de lo que muchos pudieran pensar, posee  todavía una amplia gama de posibilidades inexploradas en el diverso panorama de la literatura de nuestro tiempo.

Autor casi exclusivo del catálogo editorial de UNIÓN para sus publicaciones cubanas, Pedro Juan Gutiérrez nos ofrece el título Carne de perro, un libro que a pesar de estar estructurado en forma de cuentos y no poseer una trama absolutamente lineal, bien pudiera ser considerado una novela por su unidad temática y la repetitiva aparición de muchos de sus personajes, entre ellos el protagonista, que tiene el mismo nombre del autor, su esposa Julia y su amante Miriam, todos ellos pintados con la maestría que ha convertido a este escritor en un objeto de culto más allá de nuestras fronteras y que apenas empieza a ser mejor conocido entre nosotros.

Publicado en 2003 por la prestigiosa editorial española Anagrama, Carne de Perro tiene en común con los anteriores libros de Pedro Juan esa crudeza y ese desgarramiento, para algunos un tanto soez, que encubre el profundo dolor con que el narrador contempla La Habana del periodo especial refugiándose en una distancia de espectador pasivo y mostrándonos esas situaciones límites donde cada personaje nos muestra lo peor de sí mismo porque a Pedro Juan, como me dijo alguna vez en una entrevista, le interesa sobre todo la oscuridad del ser humano, la parte más negativa de cada uno de nosotros. Quizá por eso quien nos cuenta las historias es autodestructivo y crudo, un poco cínico, aterrador en el desnudo e implacable en su nihilismo, quizá la única defensa que posee ante unas circunstancias que lo sobrepasan.

Carne de perro, como casi todos los libros de Gutiérrez está narrado en primera persona. Autobiográfico en algunos aspectos, el Pedro Juan protagonista de sus historias es un ex periodista convertido en escritor que trata de descifrar una época pletórica de contradicciones tomando como escenario La Habana y la playa de Guanabo e introduciendo en sus historias algunos recuerdos de sus viajes por Europa.

Etiquetado por la crítica española como el Bukowski del Caribe, Pedro Juan Gutiérrez no es un escritor para lectores pacatos. Quien lleve a su casa Carne de Perro debe saber que contiene escenas de alta agresividad, descarnadamente sexuales y hasta sucias. Se trata de un libro casi naturalista y que puede resultar hasta ofensivo para aquellos que solo quieren ver el lado lindo de la vida. Pero la destreza estilística y la originalidad de su cosmovisión cautivarán a esos lectores machos de los que hablaba Cortázar, entre los cuales, valga decirlo, hay también muchas, muchísimas mujeres.

Por su parte, Dolce Vita, de Eduardo Heras León significa el regreso de este escritor después de casi dos décadas de silencio voluntario a un oficio que hasta ahora había estado relegando a favor de su meritoria labor pedagógica al frente del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Imagen: La Jiribilla

Inaugurador, junto con otros de su generación de la llamada “literatura de la violencia” y autor de los magníficos libros La guerra tuvo seis nombres y Los pasos sobre la hierba, Heras abandona ahora esa vertiente que pudiéramos definir como épica, aun cuando nos presente una complejidad poco frecuente en los libros cubanos que la asumieron durante la década del 70, para sumergirse en la vida cotidiana, en nuestra Cuba de hoy, haciendo gala de esa destreza narrativa que lo ha convertido en uno de nuestros escritores que mejor domina la técnica sin que su literatura adquiera la artificiosidad que a veces suele lastrar a quienes abusan de ella en detrimento de las historias que pretenden contar.

Dolce Vita es un libro realista en el que, sin embargo, aparecen narraciones como la homónina de la que da título al conjunto, donde lo fantástico se cuela con esa naturalidad que distingue al narrador de pura raza. En mi opinión es precisamente Dolce Vita el mejor de los muchos buenos relatos que contiene este volumen.

Ha dicho Francisco López Sacha que esta última entrega de Heras nos propone “una mirada nueva al mundo cotidiano y a la vida de la ciudad”. Coincido con él. También ambientada fundamentalmente durante el llamado periodo especial, Heras nos propone una lectura distinta a la de Carne de Perro en lo que se refiere a la mirada del narrador.

A pesar de la postura crítica de este hay un empeño en la búsqueda de la verdad que no encontramos en Carne de Perro.

El espectador de Pedro Juan se transforma en Dolce Vita en un ente activo, que interviene sobre el entorno, que busca soluciones en medio de la crisis como en el cuento “La última cena”, aun cuando en la batalla su personaje resulte vencido por la implacable realidad. Pero esta especie de destrucción individual, como en la setencia hemingweyana no es una derrota porque Eduardo Heras es un escritor optimista que trabaja con el imaginario colectivo para conquistar la complicidad del receptor.

Como afirmé en la nota de contracubierta: “con su característico estilo directo, su economía de medios y un notable dominio del oficio, Eduardo Heras nos entrega en estas páginas una visión tan realista como fantástica de la Cuba de hoy. Sobresale en estas historias el afán de retratar al hombre común con sus frustraciones y sus carencias, envuelto en los azares de una cotidianidad que por momentos le resulta incomprensible y le impide la realización de sus sueños… Con este volumen de relatos el autor reafirma su bien ganado lugar en la narrativa cubana post revolucionaria”.

Decida pues el lector cuál de estos dos tipos de realismo prefiere. Aunque, en mi opinión, mejor tener dos puntos de vista que no poder elegir. Los insto a que lean los dos. Y después, como diría Reynaldo Taladrid, saquen sus propias conclusiones.

 

Palabras de presentación de los libros Carne de Perro, de Pedro Juan Gutiérrez y Dolce Vita, de Eduardo Heras León, publicados por Ediciones UNION. Sala Alejo Carpentier, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, sábado 16 de febrero de 2013.

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