Desde la 22 Feria Internacional del Libro

Miradas oblicuas al mercado editorial

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

Quién sabe si Homero, Dostoyevski o Joyce llegaran a preguntarse cómo hacer que sus libros fueran vendidos. Pero, en el siglo XXI, para quienes escriben resulta difícil eludir las leyes del mercado editorial. La era digital marca nuevos desafíos ante el auge de los e-books y los múltiples dispositivos electrónicos para la lectura, mientras las editoriales intentan sin éxito garantizar los derechos de autores y autoras sobre sus obras. Por otra parte, la banalidad latente en la cultura del entretenimiento se contrapone al consumo de una literatura profunda y estéticamente ambiciosa; mientras géneros como la poesía y el ensayo siguen considerándose poco comerciales.

Cuba, ajena por muchos años al mercado cultural global, se encuentra hoy ante los desafíos de actualización de sus mecanismos para comercializar, promover y distribuir la literatura. Sobre este tema sesionaron sendos paneles en el Salón Profesional del Libro de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña como parte de la 22 Feria Internacional del Libro en Cuba. Autores con experiencia de publicación internacional como Leonardo Padura, Nancy Morejón y Pedro Juan Gutiérrez, junto con la presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL) Zuleica Romay, compartieron el sábado 16 de febrero sus consideraciones sobre el tema “El mercado editorial: experiencias, ¿concesiones?, perspectivas”. Al respecto, abundaron el domingo 17 los escritores Víctor Fowler, Wendy Guerra y Miguel Mejides, también con varias publicaciones fuera de la Isla.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo lograr un sistema editorial integrado y eficiente en las distintas fases de producción, distribución y promoción del libro? ¿Cómo dimensionar las grandes obras de autores cubanos fuera de Cuba y traer lo mejor de la literatura contemporánea? ¿Es posible seguir pensando solamente en el libro de papel? ¿Dónde queda la figura del editor y el agente literario? Estas y otras interrogantes permanecieron inmanentes tras las reflexiones apuntadas en ambas sesiones. Las limitantes del sistema editorial cubano para catapultarse al mercado, así como las estrategias posibles para dinamizarlo, suscitaron argumentos variopintos. Los paneles, como sintetizó Padura, fueron solo el aperitivo de un gran banquete al que se dará continuidad en un foro de reuniones promovido desde la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), según informó su presidenta Nancy Morejón.

Cambio de era

La irrupción de lo digital supone grandes cambios en la manera clásica para comprender la relación entre quien escribe, edita y finalmente lee, coincidieron ponentes y público. Muchas de las grandes editoriales se encuentran hoy volcadas hacia estos nuevos formatos potenciados desde Internet, un aspecto al que Cuba tiene que insertarse necesariamente.

Sin embargo, para Pedro Juan Gutiérrez existe una dicotomía en esa democratización de los formatos pues, si bien puede extender el acceso a la literatura, limita los derechos de los autores. “La gran literatura está en peligro”, reconoció con aires apocalípticos el autor de El rey de La Habana, en alusión a la precariedad que supone la falta de garantías en la reproducción de estas obras y, por ende, la mínima retribución a sus creadores.  

El acceso mayoritario a Internet sería definitorio para insertarse en la dinámica cultural global. “Un país que pretenda desarrollarse, ser activo económicamente, no puede estar de espaldas a la Red”, señaló Padura.

En ello coincidió Zuleica Romay, pues a su juicio las editoriales tienen que encontrar sus mecanismos de promoción en la web y desarrollar una mirada hacia el exterior. “La promoción internacional tiene que ser tarea de cada editorial”, apuntó.

Imagen: La Jiribilla

Llenar el vacío

Por lo general, en la Isla no circulan grandes autores contemporáneos, una ausencia editorial motivada en parte por la falta de recursos económicos, pero también por desacertados mecanismos de gestión de agencias y editoriales.

Gutiérrez llamó la atención sobre la falta de importaciones de libros desde 1960, tras la creación de la Imprenta nacional. A su juicio, existen ausencias en cuanto a la llegada a la Isla de importantes corrientes de la literatura contemporánea. “Nos estamos mirando demasiado el ombligo y es hora de importar libros y no pensar que las editoriales cubanas van a publicarlo todo”, refirió. “En Cuba estamos fuera no solo del mercado, sino de las grandes corrientes literarias del mundo”, sentenció por su parte Mejides.

Poesía, ¿la Cenicienta?

Publicar poesía es un riesgo que corren poco las grandes casas editoriales, pues se habla de un auge de la narrativa y la literatura de entretenimiento. No obstante, según Nancy Morejón, existen alternativas para este género a partir de las pequeñas ediciones que también tienen su público, de la solidaridad y de alternativas de traducción.

Para Víctor Fowler la clave está en encontrar los nichos de mercado, pues su experiencia constata que sí existe demanda para la poesía. Por ejemplo, poetas cubanos como José Lezama Lima, Eliseo Diego o Nicolás Guillén han sido reeditados varias veces en distintos países y son traducidos a varios idiomas. Morejón opinó que existen otros circuitos para el verso más allá de lo impreso, como la oralidad y la música.

“Cada género tiene sus zonas de mercado, y habría que identificar las de la poesía para trabajar sobre ellas”, confirmó por su parte Daniel García, director de la Agencia Literaria Latinoamericana.

Imagen: La Jiribilla

Propuestas para Cuba

Los cambios previstos en el modelo económico cubano para los próximos años ponen al mundo editorial en el momento de tomar acciones decisivas. “El libro tiene que oír los vientos que soplan y buscarle soluciones”, indicó Padura.

Las dinámicas del mercado fueron obviadas y satanizadas por años en el país, sin tener en cuenta que el mercado es una plataforma que permite la realización cultural del libro. Según el autor de El hombre que amaba a los perros, lo comercial no implica necesariamente falta de calidad, pues existen muchos casos de grandes autores dentro de los más vendidos. “Construimos una dicotomía falsa entre la cultura y el comercio que es necesario revertir”, enfatizó a su vez la presidenta del ICL.

“Habría que preguntarse si este país necesita que su mundo cultural funcione con leyes del mercado”, significó Fowler. A criterio del ensayista, hay que pensar el mercado como un ecosistema y se necesita una mirada científica y desprejuiciada hacia estos temas.

Romay entiende el mercado como un espacio de intercambio que integra múltiples roles. Entre las complejidades que supone el caso cubano se encuentra el hecho de que la mayoría de los libros son subsidiados, pues de no ser así sus costos excederían las posibilidades adquisitivas de la media de la población cubana. El caso de la literatura infantil es diferente. Sus grandes volúmenes de venta sustentan el resto de la producción editorial, explicó Romay.

Actualmente, varias editoriales cubanas abandonan sus posturas centralistas y se convierten en empresas, lo que a decir de Romay ha traído resultados positivos. Es el caso de Oriente, José Martí, Arte y Literatura, Gente Nueva y, en el futuro, el sello Nuevo Milenio, declaró.

Entre los problemas apuntados por la directiva en el sistema editorial cubano resultan la separación de producción y distribución; la falta de cultura tecnológica en la poligrafía; las deficiencias culturales de quienes deben comercializar los títulos; la falta de herramientas para manejar el mercado; el paternalismo; la relación clientelar con los autores; entre otras.

Se requieren entonces mecanismos efectivos para la promoción, insistieron los autores, de manera que los libros sean reseñados en la prensa, se otorgue un papel a la crítica literaria, y, por otra parte, se garantice la participación de los escritores en congresos, conferencias internacionales, ferias del libro y en los medios. “Los escritores cubanos no están en la prensa y su acceso a las tribunas públicas es reducido”, explicó Padura.

La escasa cantidad de reediciones de los libros más exitosos contradice las propias demandas del mercado. En opinión de Romay, esta tendencia se debe a que el libro no se piensa como algo comercial.

Imagen: La Jiribilla

Para Fowler, se deben diseñar entonces operaciones donde la literatura sea también una fabricación cultural. “Los agentes literarios y editores no son diablos”, sentenció. Este rol es definitorio para entender el mercado editorial actual. Sin embargo, en Cuba no existen condiciones para su desarrollo, coincidieron Padura y Gutiérrez.

La Agencia Literaria Latinoamericana adquiere en la Isla la función de representar autores cubanos fuera de Cuba. Daniel García, su director, explicó que en los últimos tres años se ha trabajado para fortalecer las relaciones ya existentes y promover autores contemporáneos, en su mayoría desconocidos internacionalmente. “Es muy difícil que una editorial se arriesgue a asumir un autor nuevo”, advirtió.

A juicio de Padura, hasta tanto no se fomente la imagen de que los escritores en Cuba funcionan en su mercado, ninguna editorial en el mundo apostará por ellos.

Vale también mejorar la calidad de la oferta cubana en las ferias internacionales, pues estos eventos no solo deben buscar la venta de libros, sino la relación con posibles editores y traductores. “Falta acercarse al mercado natural latinoamericano”, añadió Mejides.

Wendy Guerra, quien ha publicado la mayor parte de su obra fuera de Cuba y ha sido privilegiada con el éxito internacional, llamó a superar prejuicios que limitan el acceso de la literatura cubana a los mecanismos más allá de sus fronteras. En su criterio, muchos de los autores de éxito contemporáneo están dispuestos a liberar derechos para Cuba, pero falta la gestión. El caso cubano regala un contexto favorable para promover la literatura y venderla, señaló Guerra, pues “tenemos los medios de comunicación y las editoriales a nuestra disposición”.

Avanzar en la articulación de estrategias para difundir y reinsertar a la literatura cubana en el mercado internacional resulta una demanda imprescindible de concretar.

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