Che Cuba y otros versos pintados

Un libro que hermana pueblos

Mario Goloboff • La Habana, Cuba
Foto: R. A. Hdez

En la línea del decir, y casi del actuar, esta poesía de Jorge Coscia, como lo anuncia desde el mismo título, Che Cuba, se inscribe en una larga, calificada tradición latinoamericana. Que alcanzó cimas muy altas con Pablo Neruda y con Ernesto Cardenal y que aquí, en Cuba, en la mejor herencia del gran José Martí, descolló en muchas creaciones de Nivaria Tejera, de Cintio Vitier, de Pablo Armando Fernández, de Roberto Fernández Retamar entre otros importantes nombres y, entre los más jóvenes entonces, de Luis Rogelio Nogueras. Una poesía que quiere la fusión de la palabra poética con los grandes movimientos históricos, con las grandes experiencias colectivas, con los grandes cambios que se han dado y afortunadamente siguen dándose en la marcha de la humanidad y, en nuestro caso, fundamentalmente de América Latina.

Imagen: La Jiribilla

Es una poesía que ve el lenguaje cercano a la función pragmática, capaz de comunicar sentidos, propósitos, deberes y deseos, y de, lanzado a conmovernos, tocar la realidad hasta modificarla, lo que implica una gran confianza en él, en sus poderes y saberes. Y también una gran confianza en lectores y auditores, o una gran estima, porque se los supones tocados, advertidos, sensibles, diligentes. Por eso se los convoca para grandes tareas y para grandes adhesiones, para grandes gestos, y se lo hace desde la sensibilidad, con una de las formas del discurso social que va, más que a la cabeza, a eso que llamamos alma, que es lo que la poesía turba y perturba cuando es buena, cuando viene también del alma, cuando la palabra baja, en la escritura, de la lengua por la mano.

Pero, con ser lo dominante en este libro (ya desde el primer largo poema que le da emblemático título), ello no es todo en él: hay también poemas de una modulación más íntima, donde se intenta vincular lo colectivo con lo individual, pero poniéndose mucho más el acento sobre lo personal. Poemas como “When I get older…”, “Paloma”, “Avec toi”: el primero, una honda meditación sobre la edad, el tiempo, y las cosas que pasan en el tiempo; el segundo, escrito a la hijita recién nacida que se tiene en brazos; el último, “Avec toi”, donde se enlaza la modesta dimensión individual del amor con la infinita del espacio todo en el mejor sentido de la recordada poesía “coloquial” rioplatense: “Uno tiene un barrio/una ciudad/una patria./Conocerte/ à la fin// me ha hecho ir de la mano/ con vos/ por el planeta/ la galaxia/el universo”. Poemas, como se ve, también universales, pero en otro sentido, el de la semejanza del sentimiento entre los seres humanos.

A medio camino entre ambas modalidades, un poema como “Mural”, el segundo del libro (cuyo título completo es Che Cuba y otros versos pintados, y tiene excelentes pinturas de Ariel Mlynarzewicz), me parece la síntesis de ellas en un alto punto. Nos habla de las primeras pinturas, de las primeras escrituras, en las cuevas prehistóricas; es una poesía descriptiva, narrativa y hasta filosófica: conjetura sobre esa capacidad que tiene la especie de expresarse mediante signos y de ir elaborando con ellos toda una vida, la nuestra, desde el origen de la especie hasta hoy. Una mirada poco menos que antropológica y de incumbencia muy terrena a esos primeros “haceres” de la raza, a esos primeros movimientos de la inteligencia, cuando técnica y arte estaban juntos, momento que cuesta tanto imaginar. Que solo es posible reconstruir así, utópica, poéticamente.

La lectura de este bello y elocuente libro me ha impresionado muy particularmente en otro sentido: el de verificar hasta qué punto los diversos poemas del volumen reflejan o se sustancian o se ligan con las diversas actitudes vivenciales del propio Jorge Coscia. Está presente la vocación política y social en la totalidad, pero también las imágenes que vienen de la pintura y de la plástica, la práctica de la literatura, naturalmente, el ensayo y el pensamiento, la narrativa y, sobrevalorándolos, la visión del cineasta y el director de cine, en fin, que en buena medida los reúnes a todos. Y el hecho de que el conjunto de estas manifestaciones, de estos diversos comportamientos estéticos, de estas diversas actividades artísticas, confluyen en un momento u otro en nuestro autor, lo cual ha conducido, además, a que podamos pensar, y no demasiado de paso, que hoy en la Argentina tenemos un Secretario de Cultura de la Nación que conoce desde dentro, no solo teóricamente o por observación exterior, cada una de estas expresiones, sino por su trabajo de elaboración, desde su hechura. Alguien que, ocupado y responsable en tan alto lugar entre otras cosas del contacto de los artistas y de sus obras con nuestro pueblo, de su difusión y recepción, sabe también lo que cuentan y cuestan los dolores de la producción, los sinsabores, las dificultades de la creación.

Pero volviendo a mi impresión, además llama la atención desde otro punto de vista: es como si en el ejercicio de estas diferentes modulaciones o actitudes o manifestaciones se tratara ya no de géneros o de “expresiones” distintas o de distintas formas de exponerse sino, a lo sumo, de diferentes ademanes de una escritura o de un anhelo estético que se va eligiendo por azar o por necesidad o por pulsión interna; valga el ejemplo y no solo porque estamos aquí, en Cuba, sino por lo complejo y, a la vez, rico del fenómeno, como en don José Lezama Lima, maestro de maestros.

Presentar, por eso, en Cuba, en la Feria del Libro de La Habana, este libro, es un doble honor, y le agradezco a nuestro compatriota, a nuestro Secretario de Cultura de la Nación, a nuestro amigo Jorge Coscia, que me lo haya conferido. Y a los amigos cubanos que me hayan escuchado con tanta paciencia y tanto respeto. Por lo que, para ser recíproco, les recomiendo que lean Che Cuba porque les gustará tanto como a mí. Un libro que, ya desde el título, una vez más, une a nuestros pueblos, a nuestras naciones, a nuestras culturas.

Palabras en la presentación de Che. Cuba, de Jorge Coscia. Sala Nicolás Guillén, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, 17 de febrero de 2013.

 

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