La Habana de Hemingway y otras historias

Moforibale* a Don Ciro Bianchi, el encantador de historias

Natalia Bolívar • La Habana, Cuba

Desde hace más de 30 años, Ciro Bianchi viene regalándonos tradiciones y sucesos acontecidos en nuestra larga y estrecha Isla; periodista de profesión y narrador de corazón, ha compilado sus exhaustivas investigaciones en más de 15 libros, y hoy nos trae un nuevo título: La Habana de Hemingway y otras historias, prologado por Gina Picart, donde nos convida nuevamente a un recorrido por la ciudad que un día caminó, disfrutó y padeció, el autor de El viejo y el mar.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Yaima Amador

 

Considerado el sucesor de Eladio Secades y Enrique Núñez Rodríguez, Ciro narra con desenfado sus crónicas y, como buen observador detectivesco, pícaro y avispado, mezcla con maestría el costumbrismo, la leyenda y la historia, por lo que concuerdo con su prologuista cuando dice: “Lo que hace grande a este cronista es su capacidad de rescatar la memoria histórica, pilar fundamental de nuestra nacionalidad”.

Cada domingo, desde hace casi siete años, espero el correo electrónico con el asunto: “Ciro te recomienda” donde aparecen sus crónicas publicadas en Juventud Rebelde, y que disfruto por su magnífica narrativa, no solo porque enriquecen mi imaginación, sino porque su lectura es capaz de aliviarme del stress diario y proporcionarme la mejor medicina, una sonrisa; lo mismo me ocurre cuando Don Ciro está en pantalla, por el Canal Habana, sentado en su poltrona, con esa mirada vivaracha de un enfant terrible gozando de sus pillerías, amenazando descubrir un secreto o incursionando en la vida de un personaje olvidado.

Con este libro que hoy se presenta, el lector conocerá a Mercedes Acosta, la amante santiaguera de Greta Garbo, de Marlene Dietrich y de Isadora Duncan; al zar del hampa Lucky Luciano, íntimo amigo de Paco Prío y de Pablo Suárez Aróstegui; a José Roque Ramírez, “el águila negra”, el más sagaz de los estafadores; a Alberto Yarini, el “gallo” de San Isidro, rey de los chulos cubanos; al clásico matón Policarpo Soler; sabrán del divorcio, la mansión y la muerte de Catalina Lasa; de historias de amores y fiestas de la realeza; de los paseos eróticos de la Macorina; de los episodios del cubanísimo chino Chan Li Po en la paciencia de Félix B. Caignet y del pasaje hacia los mejores días de García Lorca en La Habana; como del cadencioso caminar de Liliana la honesta, el amor cubano de Hemingway, entre otros importantes acontecimientos y personajes de la época.  

Cuando se trata de investigar, Ciro Bianchi es temible con sus indagaciones. Si tiene que levantar las chinas pelonas de la calle de madera, las arranca; si considera susurrarle a las columnas antiguas de la Plaza de la Catedral para que le concedan la información, les murmura; si se propone instalar micrófonos en la casona de Dulce María para grabar la conversación del espíritu de García Lorca con los hermanos Loynaz, lo logra; y con tal de desentrañar las memorias es capaz de inspeccionar con lupa los viejos papeles que se atesoran en casas de familias o instituciones, hasta el punto de quedarse sin vista. Y digo literalmente que está perdiendo la visión, porque hace más de un año nos encontramos en la Liga contra la ceguera y desde entonces, tiene turno coordinado para operarse las cataratas y por miedo, no lo ha hecho. Ojalá sus admiradores logren “el milagro”, porque aún, su pobre esposa Mayra y sus amigos, no lo hemos convencido.

Ciro no era mi amigo, pero ya lo es. Debo aceptar públicamente que me hervía la sangre cada vez que lo oía por TV hablando de mi primo Pablo Suárez, ex esposo de Tata Grau, que tuvo la habilidad de colocar el famoso brillante del Capitolio en el buró del Presidente Grau San Martín, causando este acto diversas sátiras, comentarios y críticas en los periódicos de la época; y confieso que no me enfurecía por la veracidad en lo que narraba, sino porque supo dispararme las verdades, que un día para mí, fueron leyendas.

Imagen: La Jiribilla

Sobre Ciro Bianchi, la profesora Nara Araujo dijo: “Tiene el olfato del investigador, pero también posee el oído del narrador (…) de manera que sus historias enseñan, pero también deleitan”; por eso, querido amigo, mantente con la sabiduría de hombre ávido, sigue comentando de forma explosiva los hechos históricos como si los hubieras vivido, conserva esa pasión desbordante, con matices diversos y cuajados de conocimientos insinuados a lo largo de nuestra convulsa Isla, continúa escudriñando con tu travesura detectivesca los más recónditos secretos y consérvale por siempre a tus lectores el encanto de la historia.

Y antes de concluir: Por favor, acábate de operar los ojos.

Muchas gracias.

 
Palabras en la presentación de La Habana de Hemingway y otras historias, de Ciro Bianchi. Sala José Antonio Portuondo, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, 17 de febrero de 2013.
 
 

* En yoruba, significa: Yo otorgo respeto; ofrezco homenaje

 

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