Sobre Kele kele, de Excilia Saldaña

Magaly Sánchez • La Habana, Cuba

Como en susurro, en Kele kele, uno de los libros fundamentales de la tempranamente desaparecida Excilia  Saldaña, la autora de textos ya clásicos como La noche y Cantos para un mayito y una paloma, nos regala  cinco historias, cinco patakíes, reelaborados por ella a partir de narraciones orales provenientes de la fascinante mitología afrocubana.   

Estamos ante una selección de leyendas plenas de hermosura y significados,  centradas en conflictos creados por el amor en las que los más poderosos orichas del panteón yoruba, entregan su corazón, luchan,  maldicen, sufren, traicionan, como cualquier simple mortal desde que el mundo es mundo.

Estas  leyendas fueron escuchadas por ella: “Yo los oí de viva voz y ahora he querido contárselos a ustedes, agregando a su música mi propia resonancia”, expresó Excilia en una entrevista. Así estructura su libro con el segmento titulado “Antes de empezar”, donde explica el por qué no debemos ignorar nuestra herencia cultural africana; luego el prólogo, pura y alta poesía, que da paso a los cinco patakíes, piezas donde mezcla con sabiduría ese tesoro oral con nuevo acento para que sigan perviviendo en la oralidad o en la letra, para que esas historias que llegaron a nosotros  en los barcos negreros no se pierdan y queden en narraciones contadas a viva voz o presentes en  bailes, repiqueteos de  tambores, con  el testimonio  de la sabiduría, la fuerza imaginativa y latente, así como las profundas enseñanzas de vida de  esta mitología tan rica en  historias protagonizadas  por personajes fabulosos que han pasado  al imaginario colectivo de nuestro pueblo y otras islas y costas caribeñas. Entremos, pues, a las páginas de Kele Kele.

“Las tres suspirantes”, aquí  se  cuentan los avatares de tres bellas y buenas niñas, hijas de Olofi, amando a un solo hombre: Orula,  el dueño del tablero, el que interroga el destino y ofrece buenos consejos. Las tres sufriendo, buscando conquistar al ser amado. Las tres tropezando en el camino de sus ansias con Ikú, la malvada. Al final logra el triunfo aquella que llevaba por divisa esta sentencia: “Yo no presiento, yo sé: persevera; persevera. Solo triunfa quien llega, solo llega quien persevera”.

Después, nos entrega “La lechuza y el Sijú”, historia triste como pocas, con parentesco de fábula, en la cual conocemos la desventura de dos enamorados que han de esperarse siempre sin llegar nunca a reencontrarse.  Ella, habitando  las noches; él, preso en los  días. Dos aves más, de rango autóctono, de las que han poblado nuestros montes.

El tercer patakí, Obba, narra la desgarradora historia de amor de esta oricha mayor por  otro de su estirpe: Changó, el mujeriego y  pleitero.  La gran prenda de esta historia es la alabanza hacia la verdadera belleza negra: ancha nariz; tobillos finos; piel, cabello y ojos  de noche;  así como  del amor que se construye sobre la abnegación, la adoración, la renuncia y el sacrifico.

“Los reyes del relámpago y del trueno”, basado en otros caminos o avatares  de varios orichas, cuenta cómo Yansá Oyá se lanzó por los caminos del agua y de la tierra para aprender y conocerlo todo y, andando por  esos rumbos, se encontró con Changó y lo amó a primera vista; pero Oggún, el dios guerrero, la  quería  para él. Y por ella pelearon los dos orichas, Oggún con su coraje y su ciego amor y Changó respaldado en la pelea por  su ejército. Con una trampa, Oyá, quien amaba sin fundamento a Changó, hizo  que este venciera al gran guerrero, aunque era Oggún quien la quería de veras. Por eso Obba es también el patakí de la traición y el amor no correspondido, y el relato más pasional, una verdadera tragedia clásica.

Por último, disfrutamos de “Kele kele”, leyenda  que da  título al  libro. Aquí  finaliza la historia anterior cuando todos los orichas quieren que el despechado, el traicionado Oggún, abra las puertas del monte que cerró  dolido en su fe. Y es Ochún, la bella y coqueta diosa, quien con su sandunga y su oñí, hace encandilar de nuevo el corazón del guerrero, y este, feliz otra vez, accede a los ruegos de los suplicantes y abre las puertas del hogar   sagrado de los orichas.

Concluye el libro con un imprescindible vocabulario para quien desee o precise conocer algunas voces, principalmente de las lenguas yoruba y lucumí. Resultan fundamentales para la comprensión cabal del texto y los propósitos de la autora, las palabras iniciales, el legado de Excilia, quien   nos convocó en toda su obra al reconocimiento del aporte cultural africano presente en la formación de nuestra nacionalidad y al que tanto debemos. Un legado que también se forjó en nuestras luchas independentistas, en las que los negros, antes esclavos, salieron al combate en defensa de la Independencia y la libertad personal recién adquirida.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato