¡Enhorabuena maestro!

Rafael Acosta de Arriba • La Habana, Cuba

Confieso que he tenido que sortear diversos obstáculos para elaborar el presente “Elogio” a un investigador que admiro desde que le conocí, hace poco más de 20 años, en la Biblioteca Nacional José Martí. El primero de ellos, el ímprobo esfuerzo de condensar 91 años de una vida en un puñado de cuartillas; otro, la necesidad imperiosa de huir de los lugares comunes que en este tipo de texto acechan a cada momento. No tengo la menor idea de si he salido bien del entuerto, pero al menos sí tengo conciencia de haber escrito estas palabras desde el respeto y la sinceridad; es mi deseo que de ellas emerja la imagen de César García del Pino como el humanista que es, una condición probada a lo largo de una existencia dedicada con pasión a la investigación, con rigurosidad y honestidad intelectual jamás desmentidas.

Sus inicios en la arqueología, a la edad de 20 años, lo llevaron a explorar, de conjunto con Antonio Núñez Jiménez y otros destacados espeleólogos, las Furnias de San Diego de los Baños, la Cueva de la Chaveta y otros túneles y cavernas del río San Diego o Caiguanabo en la Sierra de los Órganos. Su primera participación en los Congresos Nacionales de Historia, los que después frecuentaría, la hizo a partir de sus experiencias arqueológicas en Vuelta Abajo. Contaba entonces con solo 25 años de edad.

Imagen: La Jiribilla

Mantuvo por todos esos años sus indagaciones espeleológicas, así como llevó paralelamente los estudios teóricos de estas disciplinas hasta que un hallazgo de mucha importancia, el fémur fósil de un almiquí gigante en el Abra de Andrés, en la Sierra del Rosario, en 1959, le hizo sobresalir en su medio. Continuó en estas investigaciones hasta que, poco después, ahora dirigiendo las excavaciones, descubrió los restos de 34 aborígenes en un entierro ceremonial, otro hallazgo de mucha importancia.

Su temprana relevancia en estas lides le posibilitó integrar, apenas arribando a los 30, la delegación cubana al XVI Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, como asesor histórico. Eran los años iniciales de la Revolución y nuestro homenajeado dedicó un trienio a estudiar la Licenciatura en diplomacia, un paréntesis del que derivaría hacia otros nortes del saber. A finales de la década de los 60 comenzó a trabajar en el departamento Colección Cubana (hoy Sala Cubana) de la BNJM. Se abrió así para García del Pino una nueva etapa en la gestación de conocimientos y la redirección de sus investigaciones: lo historiográfico, tan próximo a la arqueología, comenzó a ser el centro de sus obsesiones.

Visitó Gran Bretaña, Francia y España ensanchando la mirada y asimilando nuevas experiencias académicas e intelectuales. Su estancia en el Archivo de Indias no pudo ser más fructífera pues dos importantes volúmenes salieron de estos trabajos y búsquedas. A partir de la década de los 70 se hace prácticamente imposible abarcar el conjunto de eventos científicos, jurados, congresos, ponencias, cursos de postgrado impartidos, ensayos y artículos de investigación que García del Pino acumuló de manera sostenida. Llegado a este punto consideré que no podía convertir el presente texto en una monótona e interminable relación de actividades científicas de un hombre entregado por completo a la búsqueda del conocimiento.

A manera de síntesis temática, y con el fin deliberado de escapar de la letanía curricular, mencionaré los tópicos, solo algunos, sobre los que hizo valer su talento y voluntad investigativa:

  • La historia naval de Cuba en los siglos XVII y XVIII; las expediciones de los patriotas independentistas cubanos durante las guerras de independencia; la vida de importantes figuras de nuestra historia como Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Vicente García, Luis de la Maza Arredondo, Leoncio Prado, José Maceo y Carlos García, entre otros; el arribo de los primeros pobladores europeos a Cuba; los inicios y pormenores de la Guerra de los Diez Años (en particular su desarrollo en la provincia habanera); la publicación y análisis de viejos documentos; el Atlas Arqueológico Nacional; la metodología de la investigación en archivos y la arqueología histórica del Caribe y de la Habana Vieja

En muchos de estos temas, es sabido en el gremio de los historiadores, no se puede escribir historia sin tomar en consideración los aportes de García del Pino, tal es el impacto e importancia de sus intervenciones. Sus libros y folletos llegan a la veintena, algunos de ellos escritos en colaboración con la compañera en su vida, la destacada investigadora Alicia Melis Cappa. La producción de sus artículos rebasa los dos centenares, publicados en revistas, catálogos, anuarios, periódicos y memorias de congresos.

Imagen: La Jiribilla

La ya desaparecida bibliógrafa Josefina García Carranza publicó en el número 1 de 2002 de la Revista de la BNJM la bibliografía de nuestro autor que ya contaba para ese entonces con más de trescientos asientos, solamente en la activa; resulta pues, significativa la ausencia de bibliografía pasiva, toca por lo tanto a los historiadores más jóvenes ocuparse del legado de nuestro autor. Del 2002 hasta el presente, García del Pino ha seguido publicando sus acuciosos trabajos como resultado de una fertilidad y lucidez intelectuales que se mantienen vitales y despiertas después de haber rebasado las nueve décadas de vida.

Araceli García Carranza, nuestra principal bibliógrafa y compañera de trabajo de García del Pino por muchos años en la BNJM, me refirió cuando redactaba estas palabras que el rasgo que recuerda con más agrado de su antiguo colega es su nunca desmentida caballerosidad, el buen trato que dispensó siempre a todas las personas y en particular a las damas. Un toque de elegancia versallesca de nuestro homenajeado que no ha desatendido hasta hoy; genio y figura hasta el final.

César García del Pino, digámoslo rápido, es uno de nuestros más rigurosos investigadores en el escenario científico y cultural del país, de obra sólida, vasta y diversa que ha resistido el paso del tiempo y que se valora como cardinal en algunos tópicos de nuestra historiografía; sus aportes se dan en temas que van de lo local a lo nacional, de los que saltó nuestro autor hacia lo universal aunque ha sido la historia de Cuba su pasión mayor.

Es una obra que comenzó por el interés de las eras pasadas con sus indagaciones arqueológicas y concluye en el presente de nuestra historia dibujando una enorme parábola dentro del conocimiento científico; en ese itinerario ha cubierto una multiplicidad tal de intereses que solo es consustancial al humanista, al erudito.

De aquel fémur del almiquí gigante de épocas remotas, descubierto un día afortunado, a las zonas de la historia iluminadas por su tesón y voluntad investigativa, se ha desplegado una curiosidad que se movió desde el resto fósil a lo más latente y convulso de la historia humana, del viaje marítimo como expresión de la ambición y voracidad terrenal del hombre al examen de las vidas particulares de personalidades extraordinarias de la historia de nuestro país.

Si la historia es devolver a la sociedad aquel devenir que el tiempo y la manipulación de los poderes han escamoteado, y ello solo es posible interrogando los documentos viejos y examinando los hechos desprejuiciadamente; si la historia, más que su memoria, es su crítica, podemos concluir que estamos ante un investigador de la Historia digno de ser atendido por su rigor y honestidad.

Imagen: La Jiribilla

El tiempo invertido en sus libros y ensayos es poca cosa comparada con la recompensa del vértigo en que su espíritu se sumergió para escribirlos. Para usted ha sido esencial sentir la emoción incomparable de hallar la hipótesis confirmada y el placer inefable de la entrega del aliento y el saber al investigador inexperto. En resumen, para usted ha sido una certeza probada que todo esfuerzo o adversidad resultan menores al lado de la enorme satisfacción personal que provee la conciencia de que se ha gestado un conocimiento nuevo.

Apreciado amigo, usted se ha movido con soltura desde una mística de lo inanimado a la erudición historiográfica sin perder en ese trayecto la esencial inmersión en la naturaleza de los hombres enfrentados a sus circunstancias. Sus ojos y su mente han estado permanentemente al servicio del descubrimiento infinito del mundo, algo así como la certidumbre ética de que nada puede resultarle extraño al ser humano y que todo dato o fenómeno social podrá servirle en su afán infinito de construcción de conocimientos, como debiera ser el credo de cualquier hombre de ciencia. Todo esto que he apuntado hasta aquí es lo que significa alcanzar la condición de maestro. ¡Enhorabuena maestro!

Muchas gracias.

Palabras de elogio a César García del Pino por la concesión del Premio Nacional de Ciencias Sociales 2012. Sala Nicolás Guillén, Fortaleza San Carlos de La cabaña. La Habana, 18 de febrero de 2013.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato