Caso Novela negra

Interrogatorio inconcluso en la Feria del Libro

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Hasta hace muy poco, los escritores herederos de Chandler y Hammett se las vieron duras para ganarse el reconocimiento del resto de los narradores y críticos contemporáneos. Desde la época dorada del cómic, la ficción policial se había colocado entre los gustos preferenciales de los públicos, pero fue la popularidad misma una de las causas de un posterior ajuste de cuentas.

La narrativa detectivesca se pegaba a la realidad buscando su lado más oscuro, revelando el rostro de los bajos fondos, asumiendo los códigos del hampa urbana. Comparados con Christie, los nuevos prosistas que experimentaban en el género de manera aislada en Europa, Estados Unidos y América Latina, ante los ojos de agudos jueces, comenzaban a comportarse como criminales que atentaban contra las reglas del juego de la alta cultura.

Imagen: La Jiribilla

“La literatura era una joven doncella que nosotros violábamos por detrás y tuvimos que pedir perdón por ello”, reconoce el escritor y guionista español Juan Madrid, cuando se refiere a los tiempos en que no existía la Semana Negra de Gijón ni la Asociación Internacional de Escritores Policiacos. Con el paso de los años, su detective Toni Romano, como el Héctor Belascoarán Shayne de Paco Ignacio Taibo II o el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, se convertirían en personajes imprescindibles en la historia de las letras y el imaginario popular de Hispanoamérica.

Leonardo Padura Fuentes, exconvicto de las causas perdidas contra la literatura social cubana de finales de los años 80 y principios de los 90, declara: “Si antes se ponían de lado para oírnos, ahora nos tienen que mirar de frente. Tenemos un alcance mayor. Nos hemos ganado el derecho a la experimentación”. El escritor recién nombrado Premio Nacional de Literatura de Cuba, reconoce que el nuevo estatus de la narrativa policial contemporánea ofrece a sus hacedores una mayor libertad para escoger los asuntos y los personajes de la realidad con que desean trabajar.

Tales declaraciones fueron recogidas durante el examen del caso “Novela negra, sociedad y mercado”, que tuvo lugar este 18 de febrero en la habanera Fortaleza de San Carlos de La Cabaña como parte de las actividades de la 22 Feria del Libro de Cuba. Los expedientes de la causa se abren una vez más públicamente con el objetivo fundamental de analizar los riesgos que supone el cambio de situación para el género detectivesco y sus derivaciones en el contexto actual.

Imagen: La Jiribilla

La tesis de que “volverse respetables” supone un peligro para la literatura de este tipo, fue lanzada aquí por el tres veces merecedor del Hammett, Taibo II: “Ganamos premios y nos hacen homenajes, pero para volver a la realidad hay que entrar a los lugares por la puerta de atrás”, advirtió.

Haberle ganado la guerra a la literatura blanca –primero con los lectores y luego con los críticos— presume, para el también periodista hispano—mexicano, la existencia de conflictos todavía mayores, a los cuales se acercó él mismo cuando su editor en EE.UU. le pidió escribir de nuevo una de sus novelas más exitosas. Para Taibo II, el problema del éxito está en la posibilidad de reproducir las fórmulas y perder el filo crítico, el matiz provocador y la irreverencia del escritor, hasta convertir al género en novela gris, una la mezcla de lo negro y lo blanco.

La simpleza de la narrativa policiaca tradicional, que se había quebrado en los últimos años del siglo XX con la introducción de lo político—social como componente sustancial en las tramas criminales, pugna por reaparecer en la actualidad. El escritor Daniel Chavarría, una de las plumas más relevantes de la novela de contraespionaje en Cuba y América Latina, afirma que “la novela policial de hoy en día es basura en un gran por ciento. Abundan las persecuciones de carros, los locos aberrados… se ven cosas de espanto, lo cual no quita que existan algunos maravillosos ejemplos, como el de Donald E. Westlake, quien denuncia de manera genial las contradicciones de las sociedades capitalistas de hoy sin decir una sola palabra del lenguaje sociopolítico”.

El autor de Joy (1978) y La sexta isla (1984), reconoció que hace uso del género policiaco porque encuentra mucha materia para el abordaje ideológico y para desarrollar una literatura de corte social. “Con tal de no ser un escritor de gabinete, yo frecuentaba en el barrio del Cerro, a algunos delincuentes y contrabandistas con valores humanos, frecuenté ambientes de santería, asistía a las ceremonias un poco brutales a veces. Eso me dio avales para escribir con propiedad sobre ciertas cosas”.

Por su parte, Padura destacó a partir de su experiencia con Pasado perfecto y las otras novelas de la tetralogía protagonizada por Mario Conde, que las posibilidades de producir una narrativa de este tipo con enfoque crítico se han cerrado muchas veces en las narices de los escritores por lo complejo que se ha hecho reconocer en la isla, fenómenos como la existencia del crimen de cuello blanco. “Siempre se ha manejado el género como una literatura marginal. Ha sido muy difícil de aceptar como una literatura necesaria. Lo mismo ha ocurrido con autores que escriben sobre lo negro de la realidad, que tienen una visión crítica de la misma… En esferas de poder y en la propia academia ha habido una reacción para disminuir este tipo de literatura, cuando ha sido la que mejor ha reflejado los dramas de una crisis que creó fracturas en lo económico y lo moral”.

Imagen: La Jiribilla

El giallo podrá estar de moda, pero a figuras de primer nivel como Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano, esto le molesta profundamente. Los escritores de literatura negra son, a su juicio, unos “rompecojones” que deben ser eliminados. “El problema –señaló el escritor Carlo Lucarelli— es que en este momento en Italia la literatura cuenta la realidad hasta el fondo”. “Sin embargo –continuó— tenemos de frente desde hace muchos años, un muro de goma al que le tiramos piedras que siempre regresan. Así es la actitud del poder: leemos cosas terribles, que molestan a la gente, pero no sucede mucho”.

Juan Madrid entiende que la función de la literatura es “evitar la tiranía de un discurso único. Hay aspectos de esos discursos que los tiene el poder del marido, del padre, de la empresa... Toda visión del mundo es criticable. No quiere decir que todos los mensajes del poder sean iguales, pero la utilidad de la literatura está en aportar crítica sobre estos mensajes”.

Según el español, el gran enigma que se presenta para quienes escriben, está en entender si la novela debe ceñirse solamente a las leyes interiores del relato o si debe intervenir en la historia, siendo capaz de modificar los discursos únicos y oficiales que se dan en cualquier grupo humano.

“La tarea de los escritores es transformar la realidad y no solo contarla –opinó Lucarelli—. No lo hemos logrado, y por eso es que continuamos siendo escritores poco respetables”.

Imagen: La Jiribilla

Mientras Taibo II anunció que se propone escribir Moby Dick en versión porno para escaparse de la fama del escritor exitoso, otros temas como las tensiones entre los finales felices y el realismo “puro y duro” aparecieron como filones de análisis sobre el género noire.

El caso Novela negra continuará debatiéndose en otras partes del mundo, como el espacio Políticamente Incorrecto, festival anual que se celebra en Italia. Por fortuna –aseguraron los escritores citados para la audiencia habanera— todavía existen libros que denuncian la realidad de un modo incómodo y peligroso.

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