Fonógrafos, violetas, artistas y poetas

Desde la Habana de Katiuska Blanco

Victoria Hernández • La Habana, Cuba

Este no es un libro de crónicas: es un viejo joyero, un “atrapasueños”, a los que le han sido devueltos, ya rendidos, los amores y los desvelos. Sobre el centenar de páginas, Katiuska Blanco Castiñeira derramó belleza, amigos, lugares, canciones, esquinas, dolores, la Patria; y con pluma no menos exquisita, Rancaño les construyó una casa de colibríes. Resultado: Desde mi Habana. Fonógrafos, violetas, artistas y poetas, un volumen que nace bajo el cuidado de Ruth Casa Editorial y que circula ya en formato electrónico, con la esperanza de conocer muy pronto, entre nosotros, la tinta y el papel.

Imagen: La Jiribilla

“Es imposible repasar la papelería de Katiuska Blanco sin deslumbrarse ante la magia que impregna a todo cuanto escribe —dice Alba Orta, hija de El Indio, quien acompaña el trabajo de la periodista y escritora cubana desde hace años―. Ella logra una perfecta armonía entre el periodismo, la literatura y la historia, cualidad que la convierte en una auténtica cronista, capaz de imprimir a sus trabajos un estilo propio, en el que se impone una búsqueda constante de la belleza, tanto en el lenguaje como en la esencia misma de los hechos, las personas y las cosas, aunque aborde temas difíciles como la guerra, el dolor, la pobreza, o tan sencillos como cualquier pasaje de la vida cotidiana”.

Alba le ha visto detenerse en los pequeños detalles de los lugares y las gentes, en las grietas y las luces de esta Habana que se sabe de memoria. Lo había percibido, también, el narrador y etnólogo cubano Miguel Barnet, en su lectura de Todo el tiempo de los cedros: “…me di cuenta, por sobre todas las cosas, de que estaba ante una escritora, ante una novelista con una estética muy propia, una estética de una delicada intención poética, una poética de gran sensibilidad, capaz de captar los detalles que pueda captar en la vida, en el mundo, en las texturas, una mujer sensible”.

Desde mi Habana…, en su edición e-book1 , será presentado el viernes 22 de febrero a las diez de la mañana en la Casa del ALBA Cultural, junto con libros de/sobre el líder cubano Fidel Castro2  trabajados también por Katiuska Blanco. Sobre sus lecturas de las crónicas de Katiuska conversarán ese día con el público el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler,y el propio Barnet.

“Se trata de una compilación de crónicas, algunas inéditas y otras no, que fueron revisadas y reescritas para esta entrega —adelanta la autora—. Es una confesión de apego, de identidad cubana y habanera. Un viejo proverbio dice: ‘cuenta tu aldea y contarás el mundo’, y mis ojos nacieron en La Habana. Todas las personas a las que conozco y todos los lugares que visito, los miro a través de mi vida en esta ciudad. Incluso, a los hombres del campo, como les llama amorosamente Martí, aquellos que gustan de cobijarse con hojas y beber agua de manantial. Las ciudades tienen el encanto de la gran densidad de historias humanas que concentran”.

Por ese encanto, La Habana siempre le ha fascinado a Katiuska. Cuando habla del libro, interrumpe a veces para tararear canciones que le vienen a la mente, sobre todo una de Buena Fe que le recuerda los fantasmas de la ciudad: “cada vez que toco un muro, pienso que en los últimos quinientos años, muchas manos se han apoyado en ese mismo sitio para no caerse o para andar. Me encanta la ciudad de gentes, la ciudad edificada aunque esté pasada por el tiempo. Y no es original mi encanto: sé que los grandes poetas del mundo entero y los narradores de todos los confines se han acercado a sus ciudades, desde Martí hasta Hemingway”.

Y sigue cantando: “Cuando era niña —recuerda— había todo un movimiento de canciones bellísimas que eran poéticas, como las del propio Silvio. Todo lo que parecía imposible lo hacían tangibles, y eso me nutrió mucho de cierta ansiedad por contar lo que escribía. Algunas de las crónicas que aparecen en este libro, como ‘Dejar atrás febrero en Montparnasse’, son más ficcionales y vienen a mí desde La Habana, desde sus sonidos: desde esta ciudad donde intercambié correos electrónicos con un hombre como VolodiaTeitelboim, descubrí en un libro que Neruda le había hecho una bellísima dedicatoria a Fidel en 1960 y encontré para siempre a Fina García Marruz…”

Es la magia que podrán encontrar los lectores del mundo cuando desde La Habana de Katiuska Blanco se acerquen a sus fonógrafos, violetas, artistas y poetas; la que viven todos los días quienes habitan la capital de Cuba y que en los próximos meses, con fortuna, podrá ver la luz en una edición impresa. Y es la magia, también, de una obra que Katiuska considera que puede llegar a ser un libro aparte: “Las ilustraciones de Rancaño. Este hombre es un colibrí, un duende. Rancaño es la sensibilidad y la ternura de Martí. Un hombre bueno, revolucionario, generoso, sencillo. Es un lujo que él haya ilustrado estas crónicas. Me gustaría algún día hacerlo a la inversa y que mis palabras acompañasen un libro suyo de imágenes”.

Y pudiera, porque desde esta Habana es todo posible.

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