Paco Ignacio Taibo II, Eduardo Heras León y Brigada Para leer en libertad

Dinamitando las distancias

Paz Valdés • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Leer para la construcción del pensamiento crítico; para socializar y compartir experiencias e información; para creer en lo imposible y desconfiar de lo evidente; para desarrollar nuestra educación informal, sin la que la educación formal quedaría trunca; para causarnos placer y hacernos vivir otros mundos; Para leer en libertad, es lo que busca este proyecto —a decir de Paloma Saíz, miembro del mismo—, que viene desde México a esta 22 Feria del Libro.

Imagen: La Jiribilla

Resulta muy pertinente ese discurso suyo que nos hace recordar las bondades de un buen libro; además, nunca dejan de ser oportunas las presentaciones de textos que obsequian a esta Feria solo por el valor del cambio con otros libros y por la satisfacción al ver a la gente leer, tal es el caso de El viejo y el horno. Historias de la Revolución cubana, de Eduardo Heras León y El mundo en los ojos de un ciego, de Paco Ignacio Taibo II.

Según Taibo II, también integrante de la brigada, los bajos índices de lectura en México se deben a problemas culturales, pues las personas no tienen por costumbre entrar a librerías o a bibliotecas, más allá del compromiso por tareas académicas; también a problemas económicos, y a la presión que ejercen, sobre todo, las universidades sobre los estudiantes, arrebatándoles la lectura placentera para convertirlos, más que en lectores habituales, en lectores temporales interesados en cubrir, únicamente, las exigencias escolares.

Contra esta situación, Para leer en libertad lanzó un discurso diferente. En el sector universitario, promovió la idea de que “leer es subversivo”, “leer destruye las neuronas”; entre los lectores de 40 hasta 70 años, antes activos pero que habían perdido ese hábito, el de “leer es apasionante”, “leer educa, reconstruye emocionalmente”, logrando notables resultados.

Asimismo, se han puesto en circulación alrededor de cinco millones de libros, a través de ferias en pueblos pequeños, conferencias, donaciones a bibliotecas y la publicación de 60 textos, de los cuales se han obsequiado al público interesado más de 670 mil ejemplares. Entre estas publicaciones se encuentran los volúmenes presentados en la fortaleza San Carlos de La Cabaña, en esta Feria del Libro.

Con el libro El viejo y el horno. Historias de la Revolución cubana, Eduardo Heras León recopila cuentos antes publicados en algunas de sus obras, realizados en los primeros años del triunfo del 1ro. de enero, mientras trabajaba en la fábrica Vanguardia Socialista, del municipio capitalino de Guanabacoa.

Editado por la fundación Rosa Luxemburgo, única sociedad que financia a la brigada, el  libro de cuentos obreros “tiene un valor excepcional, no solo por el tema que trata, sino también porque Heras León es un cuentista excepcional, con un manejo excelente del universo de los cuentos y los enigmas que estos reclaman”, apuntó Paco Ignacio, presentador del título.

Señaló que la temática abordada por el libro se hace necesaria porque la literatura se ha olvidado de tratar en su historia, las vivencias de la clase trabajadora. “Tal vez, sí en novelas del mundo agrario, pero no del mundo industrial, como si el humo de las chimeneas le provocara alergias”.

Imagen: La Jiribilla

Una parte de la compilación de cuentos se quedará en centros culturales y bibliotecas de nuestro país, y otra será distribuida en México donde, tiempo atrás, fue mostrado a obreros que se identificaron con aquellos cuentos aunque vinieran de Cuba, dinamitando así las distancias.

Por otra parte, El mundo en los ojos de un ciego, de  Paco Ignacio Taibo II, lo constituyen dos novelas policíacas cortas. Una primera del mismo nombre, y la segunda titulada Mi amigo Morán. Estos textos pretenden denunciar la corrupción, las ilegalidades y asesinatos ocurridos en México por las fuerzas policíacas, el primer enemigo del pueblo, a partir de las declaraciones de su autor.    

“He hecho, a lo largo de diez años, una novela muy contaminada en la medida que la realidad te lo va imponiendo ―aseguró Paco Ignacio―. Durante dos sexenios presidenciales, el de Salinas y el de Cerrillo, fueron asesinados 446 hombres y dos mujeres militantes del Partido de la dirección democrática, único partido importante de la resistencia al régimen. La mayoría de ellos eran dirigentes de comunidades campesinas. Entre estos asesinatos uno me llamó la atención: la historia de un dirigente de un movimiento social muy importante de las montañas de Guerrero, al suroeste del país. Así surgió El mundo en los ojos de un ciego, que no se las cuento porque si uno cuenta una novela policíaca, te mata quien escucha. La clave era encontrar una forma no tradicional de contar el conflicto, y fue de esa forma que lo conté desde un escritor, un amigo indirecto que decide organizar la venganza.

“La segunda novela, Mi amigo Morán, fue un juego que me apasionó enormemente. Alrededor de 1926 fue robada la cabeza de Pancho Villa de su tumba. Eso generó un misterio general durante años. En el libro que escribí sobre Pancho Villa logré reconstruir los hechos, y descubrir las decenas de historias falsas, que me gustaron además como material literario”.

Asegura Paco Ignacio Taibo II, que la literatura policíaca fue la literatura social a partir del siglo XXI, pues se convirtió en el reducto donde se escondía una reflexión  doble sobre la criminalidad y el estado de la sociedad, acompañada por una manera diferente de contar, y añadiendo preguntas, sobre todo los “por qué”. En América Latina, particularmente, cobra inmensa fuerza porque las fronteras entre la ley y el orden no existen, “los máximos autores de la ilegalidad suelen ser los gobiernos, las fuerzas de la ilegalidad suelen ser las fuerzas policíacas”.

“La novela, curiosamente, en las sociedades desinformadas te permite un nivel de profundidad que ni el periodismo ―que contribuye a esa desinformación—, ni la sociología, ni el análisis político, pueden logar. La novela permite crear cuadros más aproximados entre la verdad, entre lo que puede o no puede ser”, agrega, dando así otra razón por la cual referirse a la lectura como esa arma increíble para hacer a los pueblos un poco más libres.

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