Narrativa femenina en Editorial Oriente

Historias de viaje entre rosas de abolengo

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba
Foto: R. A. Hdez

Las distancian el tiempo, las generaciones, la experiencia de vida. Pero entre Renée Méndez Capote (1901-1989) y Sonia Rivera Valdés (1937) se tejen subrepticias cercanías. Son dos grandes escritoras cubanas de épocas históricas distintas, mas su apreciación de la realidad ha propuesto miradas particulares a fenómenos de la historia nacional y universal, siempre permeadas por una condición femenina que no se entiende como cárcel ni esencia, sino trayecto hacia lo universal, profecía de lo trascendente.

Imagen: La Jiribilla

Dichas afinidades fueron evidentes en la presentación en la 22 Feria Internacional del Libro de Cuba de los volúmenes Hace muchos años, una joven viajera… de Méndez Capote y Rosas de abolengo, de Rivera Valdés. Las más recientes entregas del sello Mariposa de la Editorial Oriente repasan el abanico heterogéneo de la tradición narrativa femenina en la Isla, pasando desde el libro de viajes hasta la novela.

Sus estancias en EE.UU., España, Francia, Suiza, Holanda, Bélgica, Austria, Alemania, Hungría, México y la Unión Soviética, en distintos momentos de la vida, son evocadas por Méndez Capote en este conjunto de crónicas, con una acertada capacidad de observación. Más que la descripción pormenorizada del espacio, Renée se apropia de la realidad utilizando todos los sentidos y llega, incluso, a interpretar los olores de los lugares y las personas como signos de identidad. Así lo hizo ver la narradora Aida Bahr, quien exaltó en el libro la espontaneidad con que la autora va atravesando también por un crecimiento espiritual.

Con la argucia de captar detalles mínimos para describir ambientes, condiciones políticas o determinantes culturales de los lugares visitados, Méndez Capote se retrata en esta reedición como una mujer justiciera y con un gran sentido del humor. Para Bahr, la publicación de este libro resulta un homenaje a esa mujer que supo desde su vida y experiencia directa encontrar una visión del mundo y hacerla literatura. Como escribe en el prólogo la estudiosa Olga García Yero: “El libro nos acerca a un tipo de escritura poco divulgada y estudiada por la crítica literaria del pasado siglo. Esa es la razón por la cual vale la pena transitar por esos espacios de alteridad donde descubrimos, junto con la autora, que con el viaje: ‘se toma consciencia de que se está viviendo, de que se forma parte del mundo que nos rodea’”.

Ciertos matices autobiográficos aparecen también en Rosas de abolengo. Otra historia prohibida de Marta Veneranda, una novela donde Rivera Valdés retoma al personaje y estructura central del conjunto de cuentos con que recibió el Premio Casa de las Américas en 1997 (Las historias prohibidas de Marta Veneranda). En este caso, la sicóloga que escucha aspectos contradictorios de la vida de otras personas, da pie para sumergirse en la vida de Lázara, una cubana nacida en Argentina y que reside desde hace años en la ciudad de Nueva York. Las paradojas internas de la protagonista y su búsqueda a ultranza de la felicidad permiten también discursar sobre la sexualidad humana, la emigración, los conflictos generacionales y, especialmente, sobre las particularidades de la historia cubana contemporánea.

Rosas de abolengo es un libro que pertenece a lo que llaman ahora ficción autobiográfica. Es una buena definición: tiene el imaginario que fui construyendo de quien era yo, lo que me rodeaba, menciono la calle Carlos III, donde cumplí cuatro años, por ejemplo. Rosas de abolengo es sobre una mujer que nació en 1975, pero la novela parte desde los años 50 porque me interesaba recuperar expresiones lingüísticas de esa época, por ello creé el personaje de la tía que la crió y que había nacido en los años 50 precisamente. De modo que la protagonista aprende la lengua a través de la tía y, claro, después incorpora expresiones más contemporáneas. Es un libro optimista, no soy una persona pesimista a pesar de que creo que la vida es triste por definición: empezando que nos vamos a morir algún día y ya eso es tremendo. Me preocupa el hecho de saber que, como ser humano, tú eres finito”, reveló hace un año Rivera Valdés en entrevista con La Jiribilla.

La novela recupera la mejor tradición de la literatura española para contar las peripecias de una vida complicada, interesante y conmovedora, anunció la ensayista Zaida Capote Cruz. En su opinión, Rosas de Abolengo pudiera explicarse como homenaje a las herencias que cada ser humano ha recibido, porque “somos también todo lo que nos ha antecedido, lo que nos lega”.

Dueña de una prosa secular, el cuidado del lenguaje constituye ganancia en la obra de Rivera Valdés. Sus personajes adquieren un lenguaje propio y muy cubano, tomando desde lo popular y cotidiano para construir la sicología de quien cuenta su historia. La autora cubana, residente en los EE.UU. hace más de cuatro décadas, apuntó su intención de acercarse en la novela al lenguaje hablado con expresiones que distinguen a los cubanos entre el resto de los latinos.

Capote Cruz significó la manera en que los personajes de Sonia se desnudan y cuentan sus obsesiones sexuales desde una visión poco usual, pues no siempre los hechos se dan con acciones, sino que se verbalizan. “Es una historia que narra la relación entre tres mujeres distintas y cada una encuentra su tono, su lenguaje, sus obsesiones”, insistió.

Para la presentadora, Rosas de abolengo funciona como una novela proustiana por la voluntad de evocar desde lo cotidiano. Sin embargo, la famosa magdalena que remite al pasado será en este caso el tan cubano majarete, imagen que sintetiza el tono criollo del libro. “Otro tema interesante en la novela es la discusión de nuestro proceso histórico. Ubica a sus personajes en contexto, les da una opción política, y los hace discutir sus posiciones”, añadió.

La tía Concha, uno de los personajes de la historia, es una de esas cubanas que partió de la Isla con la Revolución y nunca regresó. Rivera Valdés explicó su intención de mostrar las contradicciones dentro de la emigración cubana de distintas generaciones, al tiempo que aclaró que se trata de una novela muy pensada, también desde términos ideológicos.

Dedicada a quienes “habiéndoles tocado nadar contra la corriente, llegan a buen puerto, y al llegar tienden una mano a los que aún no han llegado”, la novela supone tributo a las personas que buscan encontrar un lugar digno en la sociedad y dentro de sí mismos. El buen puerto está en el interior de las personas, explicó la escritora, y tiene que ver con la búsqueda de una vida coherente con lo que se desea.

La condición trashumante que puede significar estar lejos de la Patria, fuere por periodos breves o como opción definitiva, encuentra en ambos títulos un cauce analítico. En diálogo con la realidad que habitaron, sus autoras nos conducen a una interpretación singular de sensaciones, sentimientos y conflictos humanos.

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