Entrevista con Sara E. Cooper, directora de Cubana Books          

Una editorial para fundar puentes culturales

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba
Fotos: Yaima Amador

Fue el enojo ante las reiteradas negativas de las editoriales estadounidenses de publicar a escritoras contemporáneas cubanas lo que hizo a la académica Sara E. Cooper fundar su propia editorial. Si atendemos a las leyes imperantes del mercado esta pudiera ser la peor de las empresas. Se habla de una era netamente audiovisual, del fin del libro impreso y el privilegio de una literatura para entretener, mientras quienes mantienen fidelidad a la lectura privilegian casi siempre los grandes sellos internacionales. Pero mejorar sus finanzas distaba mucho de lo que buscaba la investigadora norteamericana con este proyecto. Por el contrario, para llevarlo adelante debió utilizar parte de sus ahorros, lo cual no supuso reparos si con ello podrían leerse en inglés a escritoras como Mirta Yáñez, Nancy Alonso o Aida Bahr.

Imagen: La Jiribilla

Cubana Books apareció en junio de 2010 con Havana is a very big city, una colección de cuentos de Yáñez integrantes en su mayoría del libro La Habana es una ciudad bien grande (1980). El acto obstinado de sacar de la imprenta esos primeros 500 ejemplares motivó el seguimiento de un trabajo basado en la solidaridad de muchas personas que defienden la cultura cubana más allá de la Isla. Hoy, la editorial ya cuenta con tres títulos editados (además del citado Ophelias, de Bahr y Disconnet, de Alonso) y tiene en plan otros tantos, siempre desde el prisma de difundir lo mejor de la creación femenina en las letras cubanas.

Todo esto escuchamos narrar a Cooper, profesora de la Universidad Estatal de California en Chico, como la más audaz aventura emprendida en su vida. Durante las sesiones del Salón Profesional del Libro que coordina la Agencia Literaria Latinoamericana en la 22 Feria Internacional del Libro, compartió un espacio para presentar la editorial y el lunes 18 de febrero presentó en La Cabaña los títulos editados, en compañía de las autoras. Su amiga Mirta Yáñez siguió a la doctora en letras en la osadía de su emprendimiento. Con ella comparte, además, la voluntad de enaltecer la producción cultural de las mujeres, casi siempre excluidas del canon. 

Cubana Books empezó con el fastidio”, me confirma mientras conversamos en uno de los pocos rincones en calma de la Feria. “En EE.UU. las pequeñas editoriales tienen muchos problemas económicos y las grandes no quieren publicar nada que no se venda. Entonces, después de años buscando una vía para divulgar la mejor literatura cubana en mi país no hubo más remedio que hacerlo yo misma. Me cansé de llegar a la última ronda de consideraciones en las editoriales y me dijeran que ese tipo de libros no se va a vender porque no son bastante exóticos, eróticos o en contra de Castro. Hubo un momento en que Mirta y yo nos sentimos desilusionadas por no encontrar la manera de publicar en mi país y decidimos hacerlo nosotras mismas”.

La maquinaria para publicar un libro requirió nuevas destrezas. “Soy profesora de literatura y conozco sobre cómo dictar clases y cómo armar una antología crítica, pero de la industria de la publicación no sabía nada. Mientras más aprendía sobre los pasos necesarios para registrar, producir y distribuir un libro, me daba cuenta de que no hay chiste en publicar solo uno. Toda esa estructura se puede utilizar para hacer más. De ahí salió la idea de Cubana books”, relata.

El perfil determinado entonces, fue netamente femenino. A la editorial le interesa publicar a mujeres cubanas, principalmente residentes en la Isla, como una manera de contribuir a la promoción de una producción literaria poco favorecida por el mercado. “Decidimos tener un enfoque muy particular y solamente publicar a mujeres cubanas, con prioridad para las que residen en la Isla. Los tres primeros libros fueron de Mirta Yáñez, Nancy Alonso y Aida Bahr, estas dos últimas con una edición bilingüe. En la segunda ronda, en la cual estamos trabajando desde ahora, habrá una colección de poesía amorosa de Nancy Morejón, Georgina Herrera, y la novela Sangra por la herida, de Mirta. También trabajamos en la traducción de cuentos fantásticos de María Elena Llana y de la novela de Uva de Aragón Memoria de silencio, que salió hace varios años pero que nunca se ha traducido al inglés. Con estos libros estoy segura que nos vamos a abrir al mercado y despertarán el interés de mucha gente por la cubanía”.

No cuenta con un espacio físico, pero los sueños que alberga Cubana Books viajan por la web hasta establecer una red virtual de prestigiosas académicas. Además de Cooper y sus estudiantes, que trabajan de manera voluntaria en los proyectos de la editorial, el consejo asesor incluye a Irune del Río Gabiola, de Butler University; Maria DiFrancesco, de Ithaca College; Jacqueline Loss, University of Connecticut, Storrs y Paula Sanmartín, California State University, Fresno en EE.UU. Desde Cuba intervienen las narradoras Mirta Yáñez y Nancy Alonso.

Insertarse en Internet ha sido fundamental para la promoción y distribución alternativa de estos libros, a través del sitio www.csuchico.edu/cubanabooks y el blog cubanabooks.wordpress.com. Los libros se pueden adquirir también en formato electrónico a través de Amazon.

A pesar de que vender no es el primer objetivo de la editorial, poco a poco han logrado alcanzar algunas ventas y patrocinios para afianzar su crecimiento. “Todo depende de la promoción que se haga. Por ejemplo, Anne Fontaine, la traductora de Nancy Alonso, llevó a presentar el libro a la Feria de Miami y hemos tenido que imprimir otra tirada de 500 ejemplares porque ya la primera se terminó. Por lo demás vamos con calma, porque somos una empresa sin fines lucrativos y aunque nos interesa sobrevivir sin aportes personales, no nos apresuramos”. También han contado con apoyos de la Universidad en Chico, que financió el diseño de la página web y les da créditos académicos a los estudiantes que colaboran.

La traducción, básica para una editorial de este tipo, se concibe en colaboración entre quien escribe y traduce. “Entiendo la traducción como un trabajo de amor, de arte, y uno tiene que conocer a fondo a la autora. Prefiero trabajar con textos de alguien vivo, con quien puedo intercambiar ideas, aclarar dudas. Hasta ahora trabajamos con equipos de pares, para estar seguras de que se respeta la intención de la autora.

“La editorial está comprometida con la creación de puentes entre culturas. Queremos retratar la identidad, el ambiente y el lenguaje de la autora, por eso es imprescindible el contacto entre la gente con que estamos tratando”, reafirma.

Para las editoriales de pequeño formato el mercado debe apelar a mecanismos alternativos. Cooper ha buscado nichos de interés específicos, desde una estrategia de distribución un tanto ecléctica. “Hasta ahora nos hemos concentrado en los círculos académicos, con difusión en las grandes reuniones de investigadores como LASA o MLA. Mandamos recordatorios a las listas electrónicas de las personas que estudian a Cuba, como el grupo de estudios cubanos de LASA y el de California. Además, hemos tenido presencia en ferias como la de Miami, donde se presentó este año el libro Desencuentro/ Disconnet de Nancy Alonso.

“Ahora tenemos intenciones de crecer. En mi universidad tenemos una clase sobre estrategias para relaciones públicas y este semestre el único proyecto de 24 estudiantes será idear planes de publicidad para promocionar Cubana Books a nivel nacional. Nos darán opciones con diversos presupuestos y a partir de las donaciones que podamos conseguir seguiremos alguno”.

Imagen: La Jiribilla

Apostar por la literatura de las mujeres cubanas como núcleo central de la editorial tuvo que ver con los propios intereses personales y académicos de Cooper, porque desde que era estudiante se interesó por las letras femeninas y parte de su carrera la sostiene como experta en temas de género. “En EE.UU. he notado cierto interés por la literatura femenina y de Latinoamérica, pero faltaba la literatura de la mujer cubana, tal vez debido a prejuicios, a propaganda o a ignorancia. Pero, conociendo la calidad de las autoras que estamos publicando, estaba convencida de que rápidamente existiría interés por ellas. Ahora, que he podido utilizar sus obras en mis clases, en las actividades culturales, me doy cuenta de que existe una sed de aprender sobre ellas una vez que se despierta la conciencia de que Cuba existe y de que es un lugar de grandes debates intelectuales. Nuestros países tienen conexiones, semejanzas, y la gente se entusiasma con encontrarlas en la literatura cubana. Mis estudiantes están delirantes con estas obras y ahora mismo esperan mi regreso para compartir las entrevistas que he realizado. Al final de la clase vamos a leer tanto Ofelias de Aida Bahr, como la novela de Mirta, Sangra por la herida, y aunque no les he indicado todavía esta actividad, algunos ya empezaron a estudiarlas, lo que es bastante anormal y prueba su atractivo”.

A decir de Cooper, no existe conocimiento en EE.UU. sobre lo que sucede con la literatura contemporánea cubana más allá de los círculos académicos. “Cuando cursé estudios de posgrado no se enseñaba nada después de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y tal vez Nancy Morejón. Por eso la literatura posterior a la Revolución es un campo que se debe explorar y conocer”.

Para la profesora, la literatura cubana está entre las más interesantes de América Latina. “El desarrollo intelectual, social y cultural en Cuba ha sido muy distinto al de otros países latinoamericanos. Para mí lo fascinante de la literatura y la cultura cubanas es su condición única. La influencia de la Revolución, la caída de la Unión Soviética y las relaciones problemáticas de nuestros países provocan tensiones que no existen en otras partes de la región y eso siempre se presta a la creatividad. En la cultura cubana veo una expresión distinta al resto de Latinoamérica, por eso creo importante incluir esta literatura en los estudios latinoamericanos en EE.UU. en vez de decir que terminó en el 59, como a veces pasa”.

La visita a la Feria del Libro significa otro paso en el afianzamiento de Cubana Books. “Ha sido muy útil porque conocí a personas que pueden ayudarme a entender mejor esta nueva profesión de editora y con las que puedo colaborar. También he aprovechado para conversar con autoras cubanas y he asistido a varias sesiones que me permiten volver a tomar de la fuente primera. Me voy llena de proyectos y con ansias de continuar el trabajo”.

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