Diálogo con Luis Negrón, escritor de Puerto Rico

Marilyn Garbey • La Habana, Cuba

Invitado por Casa de las Américas, Luis Negrón asiste a la 22 Feria Internacional del Libro con Mundo cruel, cuentos que se han reeditado, se han publicado en inglés, han sido llevados al teatro y, próximamente, se llevarán al cine.

Llegas a La Habana con el libro de cuentos Mundo cruel. ¿Qué propones a los lectores?

Es un libro concebido para provocar. En Puerto Rico comenzaron a hacerse lecturas de cuentos y poemas en las discotecas gays. Lo que allí se leía me parecía que aspiraba a la domesticación de la homosexualidad porque dejaban a un lado las diferentes maneras de vivirla. Querían, simplemente, imitar el modo de vida de los gays de New York. Cuando asistía a esas lecturas llevaba algunos de estos cuentos para sacudir esas ideas, para expresar que no todas las experiencias gays están vinculadas al modelo norteamericano. En uno de los cuentos, el padre golpea al niño para sacarle de la cabeza la idea de ser gay, y mientras más golpes le da, más irresistible se hace para los hombres. Los cuentos tienen mucho humor porque quiero reflejar el otro lado del asunto. Yo no voy a las barras chic de San Juan, en primer lugar porque no tengo ropa adecuada para entrar a esos sitios. Y en segundo lugar, porque me gustan más las otras, donde debes tener cuidado porque de repente sale un botellazo por el aire, pero allí encuentras mucha más solidaridad de la que encuentras, por ejemplo, entre los activistas gays, que quieren todos ser protagonistas. A Mundo cruel algunos activistas gays lo han acusado de ser homofóbico porque no nos presenta de una forma bonita: la pareja casada y con perro. Como mi vida no ha sido así no lo puedo contar, no puedo escribir de lo que no sé.

Eres un hombre de vida intensa, y uno de los grandes promotores culturales de Puerto Rico; sé que programas el cine que se ve en el Museo de Arte Contemporáneo…

Cuando me llegó la propuesta para ser el curador del Museo me sorprendí, porque es una institución muy seria. Yo vivo en el barrio donde está el Museo, un barrio marginal, pero como quedó tan lindo el lugar no querían dárselo a la gente fea, y se lo dieron al Museo. Yo siempre tenía contradicciones con el Museo porque no se acercaban a la comunidad. La primera propuesta de cine que hice fue La ley del exceso, una mirada al melodrama —como sabes, el melodrama no se toma muy en serio―. Se sorprendieron cuando dije que pondría una película de María Félix, y fue un éxito; los mayores iban por nostalgia, y los jóvenes quedaron locos con María Félix. Dedicamos un ciclo a Fassbinder, luego programamos otro sobre el Nuevo cine inglés. Hemos tenido mucho éxito, lo chévere es que hay mucha gente joven ávida de ver buen cine. Nuestro ciclo se exhibe los domingos en la tarde, es como una matiné dominical, donde la gente ve todo tipo de película, y luego se hace un debate. Alguien me dijo que era poco ambicioso, pero creo que no es así. Estamos exponiendo a la gente a experiencias diferentes con el cine, y esa es la idea.

Cuentan  que eres uno de los libreros más famosos de San Juan…

Trabajo en la Librería Mágica, situada en un área donde hay otras librerías. Está la Tertulia, que es de elite —y no lo digo con desprecio porque adoro a Alfredo, su dueño—; allí van los presidentes que nos visitan. Está la librería de Norberto González, ahí se consiguen libros de Paolo Coelho, libros de autoayuda... La Mágica está en el medio, con un poco de todo. El 50 porciento de nuestros libros son usados, tenemos una sección de libros antiguos que, en Puerto Rico, no acumulan tantos años ni se te deshacen en las manos, porque la prensa llegó a Puerto Rico en el siglo XIX. Me gusta mucho mi trabajo, lo disfruto muchísimo por varias razones. Gano poco dinero pero tengo acceso a los libros —antes ganaba un poco más de dinero y lo invertía en comprar libros.

La Librería Mágica está cerca de la Universidad de Puerto Rico y los jóvenes llegan pidiéndome recomendaciones para la lectura, y me encanta orientarlos. Luego, regresan para comentar sobre lo que leyeron, es como cuando  ves una película que alguien te recomendó y vas con ese amigo a comentarla. Ese es el tipo de dinámica que ocurre en la librería, aunque está muy desorganizada porque hay muchos libros. A veces, estoy anaquelando los libros y me sorprendo porque encuentro maravillas.

¿Tienen literatura cubana?

Somos la única librería que tiene libros cubanos. Allá se realiza una Feria del Libro a la que no va nadie, es un fiasco. Hay que pagar cinco dólares para entrar, hay que pagar cuatro dólares para estacionar el carro. Hasta allá llegó una delegación cubana con gran cantidad de libros y no vendieron nada porque allí nadie compra nada. Nosotros le compramos todo lo que habían llevado, lo que nos puso bien contentos, y cuando la gente de San Juan supo que teníamos libros cubanos fueron para allá a ver qué encontraban; ya quedan muy pocos. Una de las autoras más reclamadas es Ana Lidia Vega Serosa; ella asistió a la Feria. Era casi imposible encontrar Paradiso en San Juan y tenemos dos ediciones de la novela de Lezama, en cantidades suficientes para que cuando alguien pregunte por algo de Lezama, proponerle Paradiso. Eso me pone muy contento, es importante que los jóvenes lean a Lezama.

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