Reflexiones sobre una literatura útil

La contemporaneidad del Quijote

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

La literatura debe intentar siempre revelar el misterio de las cosas. Aunque quizá hoy, cuando la anécdota prima sobre el ejercicio de búsqueda y la crítica se dedica mayormente a catalogar e inventariar en lugar de analizar, es preciso hablar de la utilidad del arte —en particular de la literatura— y de los procesos enajenantes que las industrias culturales han propiciado con mayor fuerza en las últimas décadas. En efecto, ese fue el objetivo del panel de discusión que sesionó en la Sala Nicolás Guillén como parte de las actividades de la 22 Feria Internacional del Libro, integrado por los escritores Juan Madrid, de España; Hernán Rivera, de Chile; Gabriel Jiménez Emán, de Venezuela; y el cubano Francisco López Sacha.

Imagen: La Jiribilla

Como siempre ocurre cuando un grupo de escritores intercambian sus opiniones sobre el sentido y las dinámicas internas del propio oficio, es muy difícil no encontrar disenso. La literatura es, ante todo, un acto individual; pero es también un hecho histórico, parcial y, como es lógico, cada cual tiene sus propias concepciones y razonamientos sobre su ejercicio.

En este sentido, López Sacha se cuestionó, a modo de interrogante para propiciar el debate, si ahora que en el mercado del libro y sus métodos trasnacionales la banalidad electrónica está ocupando un gran espacio, la literatura no terminará convirtiéndose en un arte de minorías.

Quienes, como el autor de Las apariencias engañan (1990) y Pájaro en mano (2009), Juan Madrid, piensan que la práctica literaria es una consecuencia de la Revolución Industrial y que se estrena con Cervantes, el primero que contextualizó un relato, podrían desatar la polémica alrededor de si considerar o no la obra de Homero y de Virgilio, quienes para el español solo fijaron la oralidad, como parte de la creación literaria.

Imagen: La Jiribilla

“Es un fenómeno burgués que se inicia a partir del siglo XVII, y mi convencimiento es que ya nace con una finalidad política. La burguesía fundadora de la novela estaba luchando con el antiguo régimen, por lo que este género nació con una clara finalidad de lucha. Pero ese carácter de lucha fue desprestigiado luego por la burguesía y las elites que llegaron al poder. Incluso hoy siguen afirmando que la literatura y el arte no son política, sino que son belleza. Se fían de lo que dijo alguna vez el filósofo Immanuel Kant quien, sintetizando mucho, afirmó que si la obra de arte tiene alguna finalidad, entonces deja de serlo”, argumentó Madrid.

“Todos los escritores, en el fondo, somos unos inútiles”, afirmó unos minutos después Hernán Rivera, cuya novela La Reina Isabel cantaba rancheras, su primer libro presentado en Cuba, debemos agradecer a Casa de las Américas. Parecía estar de acuerdo con kant el escritor chileno, convencido de que la literatura es un fin en sí mismo, cuando matizó: “Puede que haya motivos más loables que otros: obviamente escribir para hacer la revolución es más loable que escribir para ganar el Nobel o ganar plata. Pero creo que ambos sentidos prostituyen un poco la esencia de la literatura”.

Imagen: La Jiribilla

Para otros, como lo hizo el venezolano Jiménez Emán, es más necesario apuntar las diferencias entre lo útil y lo utilitario, de modo que se puedan asumir claramente los riesgos que implica aparecer en el primer grupo de escritores y no en el segundo.

“Habría que hablar del fenómeno de los libros de autoayuda cuando se habla de utilitarismo. Pero también están los escritores que, como afirmó Cortázar alguna vez, se sienten casados con la realidad”. Aunque Emán prefiere la palabra mundo por encima de realidad, en tanto el mundo es un conjunto de realidades imposibles de abarcar —ni siquiera en las buenas novelas—, se reafirma en su posición de escritor-luchador, porque siente la literatura como un arma cargada de futuro y de renovación mental.

De acuerdo con la idea de la utilidad de la literatura como arma de lucha y reivindicación, Madrid confesó haber descubierto el realismo socialista precisamente cuando impartió clases a estudiantes venezolanos, “porque en sus cabezas no cabía la posibilidad de apropiarse de herramientas literarias con otro fin”.

Imagen: La Jiribilla

Llegados a este punto, Emán se refirió a la inicial provocación de Sacha: “No creo que la literatura desaparezca ante la avalancha tecnológica; si nos toca hacer el papel de minoría, tendremos que aceptarlo. Pero la devoción al libro que veo en algunos lugares, como en esta ciudad, me da esperanzas para pensar que no va a ser así”.

El tiempo, que por lo general se acaba en la mejor parte, casi no permitió a los presentes participar del debate. Mientras, Sacha volvió a lanzar algunas ideas, esta vez sin copyright, que no pretendían cerrar de ningún modo, como un posible personaje contemporáneo que, cual Quijote con los libros de caballería, pierda la cordura con libros de autoayuda, y entonces…

Imagen: La Jiribilla

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