Ideología y cultura: ¿una cuestión de políticas?

Mabel Machado • La Habana, Cuba
Foto: K & K

Escritores y editores cubanos buscan por estos días encausar debates sobre cuestiones medulares para la institución literaria. La circulación del libro y el mercado, los derechos de autor, las condicionantes tecnológicas en los procesos editoriales, la producción de una literatura útil y los retos que se imponen para determinados géneros como la poesía y la narrativa negra, han sido temas discutidos durante la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana. Los imperativos de transformación económica y estructural del sistema cubano podrían hacer que los análisis tendieran a enfocarse en la difusión y comercialización de los libros; pero esta vez los creadores prefirieron abordar la relación entre ideología y literatura, partiendo de que alrededor de la primera categoría existen todavía opiniones encontradas. Entre ellas, predomina en el contexto cultural cubano la visión que vincula estrechamente la ideología con el área de la política.

Imagen: La Jiribilla

En un panel que sesionara este 20 de febrero en La Cabaña, la vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro, Aida Bahr, opinó que el contenido ideológico de las obras se juzga, fundamentalmente, a partir de preconcepciones políticas. En ese sentido, el director de la editorial Casa de las Américas, Roberto Zurbano, señaló que “todavía estamos entrampados en muchos esquemas. Las formas económicas, que están cambiando más lentamente de lo que queremos, no están ejerciendo sobre la ideología las transformaciones que deseamos. Hay una vieja mentalidad que se resiste al cambio”. 

Al decir de Zurbano, en un escenario social como el cubano, donde tiene lugar un proceso de reestratificación y un cierto acercamiento al mercado, no abundan las reflexiones orgánicas que ayuden a comprender las distintas propuestas del campo cultural. Teniendo en cuenta esta realidad, los panelistas se concentraron en describir algunos de los prejuicios, esquemas y omisiones que orbitan alrededor de la mediación ideológica en las dinámicas del arte.

Si bien temas culturales como la sostenibilidad de los procesos creativos y la vulgarización de algunas zonas de la música, han suscitado análisis recientes entre intelectuales del patio, Zurbano entiende que falta una mirada más general hacia el proyecto de nación que se desea para Cuba. Para explicarlo, se refirió específicamente al hecho de “poner fronteras al patrimonio cultural cubano”, con la exclusión de los medios masivos o del sistema de premios, de un segmento de los artistas que residen fuera de la Isla.

“Es cierto que en determinadas ocasiones los términos ideológicos y políticos se tocan —expresó el editor—.  Sabemos que la larga confrontación con EE.UU., por ejemplo, ha constreñido mucho el campo literario por motivos políticos. Pero hay que pensar más en cuáles son los bordes de la nación”.

Según el escritor y especialista del Instituto Cubano del Libro, Jorge Ángel Hernández, “empezamos a llamar ideología al patrón propagandístico de determinada entidad, partido o sistema. Quien más ha sufrido por esto son los patrones del realismo socialista, pero si uno va más atrás, se da cuenta de que en el arte canónico religioso, había un uso muy definido de la iconología, en función de lo que querían decir las instituciones”.

“En estos momentos —continuó— quienes más prejuicios ideológicos tienen están en el circuito de las editoriales comerciales. A pesar de que existen escritores cubanos que cumplen los cánones exigidos por este tipo de instituciones, muchos no han tenido éxito en el mercado. Hay una literatura con un proyecto ideológico que impone esquemas sobre Cuba, al igual que lo hacía el realismo socialista”.

La editora Aida Bahr considera que en el país los prejuicios más grandes no están en los textos, sino en los procesos editoriales, pues en muchos casos se trata de complacer a los autores en lugar de pensar en términos de política editorial. Lo mismo sucede con la crítica, que se comporta de manera complaciente con las publicaciones nacionales, al punto de que —como observaron los panelistas— pudiera parecer que los escritores han secuestrado a las voces críticas de la Isla.

Los agujeros negros u omisiones que pueden encontrarse en torno al binomio ideología-literatura, tienen que ver, en lo fundamental, con la construcción y apropiación de teorías, los mecanismos de mercado y la dimensión ética. Así lo considera Zurbano:

“En primer lugar, falta de teoría en las cuestiones que se debaten. Este debe ser el fundamento sobre el cual se discuten muchas cosas. No es que haya que quedarse en la terminología teórica, pero no puede darse un malestar contra ella. En un momento de cambios, uno debe partir de un modelo para construir una propuesta determinada. Además, falta a la vista la ausencia de mercado o emergencia del mismo (también se puede hablar de la manera en que se esconde). Entre la mercadofobia y el amor obsesivo por el mercado, hay que encontrar un balance. El mercado existe y hay que tenerlo en cuenta. Faltan encuestas, estudios de marketing. Nos quedamos con una serie de estadísticas en las ferias, que son muy útiles para manejarlas en la prensa, son muy cómodas. Hay que mirar la carencia que expresan los números. Por último, asistimos a una devaluación en la espiritualidad y la eticidad del cubano en los últimos lustros. Esto también tiene un trasfondo ideológico del cual no hablamos lo suficiente, no premiamos textos que abordan estas cuestiones en nuestros concursos”.

Los panelistas coincidieron en que en Cuba existe una gran necesidad de que cuestiones como estas entren en un debate donde confluyan perspectivas diversas. De alguna manera, algunas zonas de la creación, como anotara Hernández, han adelantado algunas de las líneas más importantes: “La literatura, que tiene una conciencia social muy importante, se dio cuenta de que habían lagunas en nuestra sociedad, como el espacio para la polémica, la necesidad de conversar y la crítica social. De pronto, empezamos a escribir para suplir esa carencia. Uno de los tópicos que marca el debate sobre la ideología es que en Cuba hay mucho control o censura sobre lo que se publica, pero nuestros libros dicen de todo y sin medida”.

Como ejes para el replanteamiento del tema, Bahr propuso que las editoriales cubanas deben rebasar, entre otras, la visión de asumir como una derrota política la disminución de la cantidad de libros que se publican, y por otra parte, asumir la importancia del conocimiento de los públicos como un imperativo para el trabajo creativo y publicitario.

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