Entrevista con Juan Madrid

Llegar a la vida para contarla

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba

 “La novela no es solamente una información sobre el mundo, es una posición mucho más vasta y hermosa; es la manera de contarnos el mundo sabiendo que es imposible de contar; es una paradoja, una insatisfacción constante; es una evidencia de que el mundo está lleno de agujeros y que, al intentar rellenarlos se abren otros, porque la vastedad y la complejidad del mundo es infinita.”

A Juan Madrid le cerraron las puertas del infierno en la cara. Es de la especie de hombres que anda por la vida con la intensidad de quienes se saben a punto de morir. Español, periodista, escritor, guionista, trashumante, fumador, de incisivo decir: lo exiliaron del inframundo porque a los de allí nunca les han gustado esas novelas en las que los héroes son militantes políticos o indios del Amazonas, en donde, constató, se encuentran todos los criminales de América Latina.

Pero si uno le pide algo como una definición de sí mismo, dirá algo tan lúcido y desconcertante como “bípedo implume”. Si se le pregunta qué le agota de la literatura, podrá entonces enumerar sus agobios: el “monólogo interior, la sensibilidad, el ser artista, no saber contar historias, la solemnidad”. Ha dicho que arriesga su vida para escribir un libro porque “vivir es morirse”. Cuenta que de música prefiere el flamenco, el jazz y Cuba. Y si alguien desea saber la ciudad donde mejor se ha sentido, esa es La Habana.

Hoy, llega nuevamente a Cuba —ya ni recuerda cuántas veces ha atravesado las puertas del Aeropuerto Internacional José Martí— con el propósito, en el plano formal, de asistir a la presentación de sus Cuentos completos en la presente edición de la Feria Internacional de Libro. Un viaje más para la lista de su vida. Un aula más que lo espera. Un podio más en el que se sienta, con la poca etiqueta que pueda portar un sombrero de guano, a decir lo que piensa y contar lo que escribe. O las dos cosas, que son lo mismo.

En el panel sobre la novela negra que se desarrolló en el ámbito de la Feria, el escritor cubano Daniel Chavarría afirmó que la novela policiaca actual dista de tener calidad. ¿Cuál es su opinión?

La mayor parte de la novela policiaca es una porquería; la mayor parte de las novelas son una porquería; la mayor parte de cualquier cosa es una porquería. Lo que es considerado bueno es una selección. Se trata de un salto cualitativo que, en primer lugar, tiene que ver con la cantidad de novelas, y luego con su calidad. El problema es: ¿quién define lo que es bueno y lo que es malo?

Es difícil objetivar la bondad o maldad de una novela. Hay novelas que me parecían buenísimas cuando tenía 18 años, y releídas me dejaron de gustar. Sin embargo, creo que hay criterios objetivables, aunque ahora mismo no podría decirlos.

Todos entienden que para hacerse carpintero hay que pasar dos o tres años de trabajo, como mínimo, en el oficio; todos entienden que un músico tiene que aprender primero solfeo y claves de música. Pero todavía subsiste un concepto romántico de que la literatura es una especie de inhalación divina, que surge espontáneamente, como si un Dios nos hubiera elegido entre todos. Y la literatura es un oficio que se tarda mucho en aprender y para el que hace falta mucha voluntad y aguante.

Novela negra y novela policiaca. ¿Cuál es la diferencia?

Esta diferencia solo tiene utilidad para las estanterías de las bibliotecas que necesitan una clasificación decimal. No hago distinciones entre ninguna novela: es un texto narrativo que se llama novelesco para diferenciarlo del reportaje, del texto teatral, o del cinematográfico. En el fondo significa relatar, contar. Pero —(Francisco López) Sacha lo ha aclarado perfectamente, y yo lo comparto— es una forma específica de relatar; consiste en un vasto sistema, una unidad, formada por elementos narrativos que cumplen siempre una función en el relato. Y esta unidad es cualitativamente superior a la suma de los elementos que forman la novela.

Ud. ha dicho que toda la literatura es política. Pero también ha sido dividida en géneros, como diseccionada: policiaco, romántico, sicológico, urbano, etc. ¿Qué piensa de esas clasificaciones en relación con las industrias culturales?

En efecto, hay muchas divisiones. Pero con respecto al mercado esto se hace más interesante, porque en el siglo XIX apareció la novela como el género elegido por la burguesía. Y claro, para leer novelas obviamente hay que primero saber leer, pero también dominar algunos códigos culturales. Por lo tanto, históricamente ha sido la burguesía la creadora y la consumidora de literatura. Todavía en gran parte sigue siendo así, excepto en los países que han hecho una revolución: Cuba, por ejemplo. Y en Venezuela están intentándolo.

Aquí cualquiera puede escribir y leer novelas; pero en el capitalismo no. Según la división social del trabajo, yo he elegido la literatura porque podía hacerlo, porque tenía un tiempo sin producción, suficiente. Esa inexorabilidad se ha roto en Cuba. Aquí puede escribir cualquiera que sepa, o que quiera, o que aguante. Pero en el capitalismo es casi la burguesía la única que lo hace —aunque existen sus excepciones―. Por eso, tiene tendencia a escribir según sus propias necesidades, y romper eso es un elemento importante de reivindicación.

En el panel se mencionó el tema de los elementos comunes a la literatura policiaca escrita en diferentes idiomas, pero también debe tener sus puntos de disenso. ¿Podría mencionar algunos?

La gran diferencia es si se cree en la sociedad civil o no; si se piensa que se vive manipulado, que es una estafa, o que hay unos discursos oficiales que la justifican.

El policiaco ha nacido en el siglo XIX por la desconfianza de la burguesía hacia los tribunales de justicia y lo que creó: códigos, leyes, jueces, cárceles… Entonces, la burguesía dominante de la revolución industrial no cree en lo público, y por lo tanto desconfía que pueda defenderse de la plebe. El policía no la defiende de la plebe, no la defiende de la revolución, sino que tiene que pagar al detective privado. La burguesía solo se fió de lo que pagaba.

Esa desconfianza ha vuelto ahora. No había protagonistas policías en las primeras novelas policiacas: Doyle y Christie… eran detectives aficionados, a los que se les paga por descubrir el culpable de algún asesinato. Pero la policía es incapaz de descubrirlo, al menos la policía civil, no los ejércitos del rey o la policía de Fouché, etc. La burguesía se da cuenta de que no la van a defender de las dos ramas fundamentales de la plebe: los bandidos, los delincuentes, los violadores, por un lado, y los que van a hacer la revolución, por otro. Estos ya están haciendo sus primeras manifestaciones obreras, sus primeras huelgas.

Eso se modificó, por supuesto. Confiaron, nuevamente, en la policía, y ya hubo protagonistas policías. Entonces, la gran diferencia no es negra, blanca, rubia, sino que está en las que construyan en la sociedad burguesa, en el discurso ideológico burgués. En Europa (generalizando mucho) no creen tanto en la sociedad civil, sino que cuestionan los valores que la conforman. En EE.UU. no hacen esos cuestionamientos, pero claro que hay excepciones.

Mi discurso es necesariamente esquemático, de lo contrario tendría que estar hablando dos horas. Se refleja una ciudad que es mentira, entonces muestras la mentira. Un empresario es igual que un mafioso, y responde a la lógica capitalista. Piensan: “Yo no obligo a la gente a que consuma drogas, pero si ellos la quieren, yo se las doy”. Así decía Al Capone: “Yo no he inventado la sed de las personas, pero si quieren bebida, yo se la busco”. Lógica capitalista. La forma legal de un banquero es la que aparece en los periódicos, su forma oscura y oculta es la mafia. Por eso no diferencio entre mafia y estructura bancaria, sino entre los autores que creen en un tipo de sociedad y los que sueñan con otra.

Ha tenido varios años de experiencia como profesor en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. ¿Cómo ve a la nueva generación de realizadores que está saliendo de esa escuela, específicamente los que se interesan por el policiaco en televisión?

La escuela hay que valorarla enormemente, porque ofrece una alternativa al cine de Hollywood, a un cine enmascarador que refleja los valores de la sociedad burguesa. Se trata de un intento por dar una nueva alternativa a que los latinoamericanos creen su propio cine.

En general, no veo mucha televisión; pero he visto algunas películas cubanas policiacas que son detestables. Sin embargo, el cine cubano es quizá el mejor cine latinoamericano, el más crítico, el que tiene una postura personal, que no es mimético sobre otras cinematografías.

Algunos autores que se sienten dentro del sistema, al reflejar la realidad, ya están rompiendo ese discurso oficial. Cuando en una serie norteamericana —que siempre son marginales―, sacan policías corruptos y políticos comprados, ya están rompiendo el discurso oficial. Porque en la corrupción del sistema se refleja la clase baja, pero también la policía como instrumento de esta. Lo que pasa es que tiene que estar bien escrito. El compromiso fundamental de un escritor es con su obra. Eso es tan obvio que no me atrevo ni a decirlo.

Ud. decía en el panel que necesitaba escribir sobre “las pobres gentes, las que andan a pie por la vida”. ¿Por qué ellos?

Porque ofrecen su vida, sus conflictos —que son distintos a los de los burgueses—, sus soledades, su miseria moral generada por el capitalismo. Escribo sobre eso, pero no panfletos, aunque alguna vez también los he escrito.

No escribo sobre ellos como para hacer periodismo; no escribo para teletipos, porque la novela no es solamente una información sobre el mundo, es una posición mucho más vasta y hermosa; es la manera de contarnos el mundo sabiendo que es imposible de contar; es una paradoja, una insatisfacción constante; es una evidencia de que el mundo está lleno de agujeros y que, al intentar rellenarlos se abren otros, porque la vastedad y la complejidad del mundo es infinita.

Escribir de lo que yo escribo es como el mito de Prometeo: él le quita a los dioses el fuego; es decir, la utilización del saber que tiene el poder y lo lleva a los humanos. Entonces, es condenado eternamente a que un águila le coma el hígado. Ese es el proceso histórico de la revolución: llevar el saber al pueblo, no solamente a una determinada clase social que lo monopoliza, que es la burguesía, porque hay que dominar muchos códigos. Por ello, mientras más códigos domine el escritor, mejor será. Hay que ir a los burdeles, a los mercados, al puerto con los marineros, a donde juegan billar, a las morgues: hay que ir a la vida y contarla.

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