Vilma una vida extraordinaria

Una muestra de amor y ética

Asela de los Santos Tamayo • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Un antiguo proverbio dice que una imagen vale por mil palabras. En este libro, los lectores podrán comprobar esta certeza al recorrer en fotos e imágenes y valiosos textos una visión panorámica de la vida y acción de una mujer excepcional, que fue ejemplar demostración de pensamiento y conducta, de palabra y proceder, de hacer con el lenguaje de sus actos, lo que proclamaba con sus ideas y sus sentimientos.

Imagen: La Jiribilla

Vilma Espín es una de las grandes personalidades de la historia de nuestra Revolución, que dedicó su preciosa vida a luchar por la dignidad, la emancipación, la justicia, la igualdad. Ella encarnó, por sus cualidades, la inolvidable expresión martiana de que la sencillez es la grandeza.

Por circunstancias históricas que eternamente agradeceré, ella estará siempre en mis recuerdos y en mi corazón.

La conocí cuando éramos muy jóvenes. Yo había ingresado en la Universidad de Oriente y ella era estudiante de Ingeniería Química. En ese momento la Universidad de Oriente aún no se había oficializado y la primera actividad que unió a todos, tanto profesores como alumnos, fue la lucha por su oficialización. La unidad nos condujo a la victoria y fue al fin la segunda universidad de Cuba.

En los inicios había relativamente pocos alumnos, todos nos conocíamos, los había de diferentes procedencias sociales.

Imagen: La Jiribilla

Vilma, nacida y criada en el seno de una familia de alta posición económica, sin carencias materiales, nunca le acompañaron ni el lujo ni las banalidades. Fue una familia que cultivó con esmero la formación espiritual y cultural de sus hijos. Ella canalizaba sus actividades e intereses de joven más hacia lo espiritual que por las cosas materiales. Estudiaba mucho, le gustaban las ciencias, sobre todo se recreaba en el estudio de las matemáticas.

Aquella joven reflexiva, muy serena, con un sentido ético en todas sus acciones y relación con sus amigos, que lo eran más por afinidad de valores que por posición social, fue sin proponérselo una líder natural para todos sus compañeros. La clave de aquella personalidad estaba en ser una preclara inteligencia sustentada en la ética, en unos inconmovibles principios morales.

Como joven hablábamos de todo, incluyendo los temas de política. Pertenecíamos a una generación que rechazaba la inmoral politiquería republicana que había traicionado los ideales patrióticos y era la negación del ideario martiano en los que creíamos.

La Universidad de Oriente tuvo una influencia decisiva en la formación ideológica de los estudiantes de la década de los años 50. Puedo asegurar que fue un emporio de ideas revolucionarias. De allí emergió Vilma.

En una personalidad como la de ella el sentimiento patriótico, el valor personal y el sentido de justicia social que siempre la acompañó, tomó un primer plano al sentir que había llegado el momento de las definiciones.

Una fecha marcaría nuestras vidas: el 10 de marzo de 1952. Cuando se produce aquel traicionero golpe de Estado, en todo el país hubo un rechazo total, puesto que a 80 días de unas elecciones que creíamos eran una esperanza de salida a la crisis nacional, se produce aquel cuartelazo. Es digno de destacar su reacción ante el golpe militar.

En aquellas horas de tensión, amparados por la autonomía universitaria, se instalaron altoparlantes para pronunciarnos en contra del golpe de Estado. En aquel grupo Vilma se destacaba como generadora de iniciativas para realizar acciones concretas. Así, se le ocurrió utilizar unos versos de José María Heredia e imprimir volantes y distribuirlos para que la población leyera el clamor por la libertad desde la belleza de la poesía. Era una estrofa que decía:

Que si un pueblo su dura cadena
no se atreve a romper con sus manos,
bien le es fácil mudar de tiranos,
pero nunca ser libre podrá.

Frank País, quien ejerció un esencial magisterio en todos nosotros, confiaba mucho en Vilma porque había podido aquilatar en ella su patriotismo y su disposición de entregar todo por sus convicciones revolucionarias, incluso la vida.

Cuando el alzamiento de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, como apoyo al desembarco del Granma, Vilma estaba en el cuartel general junto con Frank, Haydée Santamaría, Armando Hart y otros compañeros. Ese día la muerte de Pepito, Tony y Otto fue para todos un duro golpe que reafirmó nuestra decisión de continuar la lucha.

Imagen: La Jiribilla

Después del 30 de noviembre, la casa de la familia de Vilma se convirtió en cuartel general de la clandestinidad, con el permiso y apoyo tácito de su padre, quien respeta, apoya y admira la decisión de su hija. Era un hombre de honor muy conocido y respetado por todo Santiago de Cuba. Él no sabía mucho de las actividades, era muy discreto, pero no interfería. “¡Cuídense!” es lo que recuerdo decir a Espín.

Ya en ese momento Vilma no descansa ni un minuto, se entrega a la lucha clandestina totalmente, lo que podrá apreciar el lector en las imágenes y textos de este libro que lo acercarán a una historia quizá, poco conocida.

Una semana antes del asesinato de Frank —30 de julio de 1957—, este la nombró coordinadora provincial del Movimiento en Oriente, responsabilidad que tenía Frank y que delegó en ella por necesidad de asumir otras tareas de la lucha clandestina.

Vilma se fue convirtiendo en una figura muy querida del pueblo santiaguero, que la protegía. Esto último salvó muchas veces su vida.

Los que estábamos cerca de ella, sabíamos que su sueño era subir a la Sierra para combatir allá, pero aprendió que tenía que quedarse en el llano cumpliendo tareas vitales e imprescindibles para el fortalecimiento y apoyo de la guerrilla, en cumplimiento de indicaciones del Comandante Fidel Castro.

En los últimos meses de 1958 ya la dirección del Movimiento 26 de Julio tenía la certeza de que si Vilma permanecía en Santiago de Cuba sería inevitablemente asesinada; el cerco de los esbirros de la tiranía se cerraba sobre ella, así lo demuestran los documentos de los órganos represivos que el lector encontrará en este libro. Entonces se incorpora al Segundo Frente Oriental “Frank País” ante la insistencia del Comandante Raúl Castro, quien resumió en una breve nota el peligro que corría: “si la agarran la van a descuartizar”. Vilma asume nuevas responsabilidades que cumple con creces durante su permanencia en el Frente y en las zonas liberadas.

La vida en el II Frente era de una constante actividad en todas las esferas: combates, organización permanente de las fuerzas rebeldes, organización de la vida civil, económica y social de los territorios liberados. En nueve meses se realizaron extraordinarias tareas bajo la dirección del jefe del Frente Comandante Raúl, quien logró la liberación de un territorio de más de 12 mil kilómetros cuadrados.

En medio del fragor del combate, de las decisiones estratégicas, de la dirección de la guerra en ese frente, surge el amor entre Vilma y Raúl, amor puro e infinito, probado por la vida misma. Ellos quisieron de inmediato comunicar su felicidad a sus compañeros más cercanos pero a ninguno sorprendió porque eso era evidente. Y su felicidad fue la de todos nosotros.

Imagen: La Jiribilla

La trayectoria revolucionaria de Vilma antes de 1959, ya bastaría para hacerla ocupar, por derecho propio, un lugar en la historia de nuestra Patria. Sin embargo, es su contribución a partir de aquel luminoso 1ro. de enero quien la convierte en una figura imprescindible de la forja de la nueva sociedad.

Seguidora de las ideas de Fidel, se convirtió en la indiscutible artífice de una revolución dentro de la Revolución, al encarnar con energía e inteligencia siglos de discriminación de la mujer y luchar con ejemplar convicción para lograr la emancipación e igualdad de estas en la sociedad. Aquella contienda, callada, firme e inclaudicable, fue de mayor complejidad que la propia guerra. Transformar mentalidades, modificar costumbres, educar, esa fue la razón de ser de su vida al frente de la Federación de Mujeres Cubanas.

Como persona de sólida formación científica contribuyó a echar por tierra concepciones retrógradas que concebían a la mujer como un ser inferior al hombre. Su cultura estuvo en la raíz de sembrar ideas y enfrentar con firmeza prejuicios e incomprensiones.

Su estatura moral y política, la fuerza de sus argumentos, así como el apoyo y el magisterio del Comandante en Jefe, propiciaron que todas las instituciones del país apoyaran aquella cruzada por la incorporación plena de la mujer a la sociedad.

Pero su labor de dirección, esencialmente educativa, no solo abarcó la lucha por la igualdad de la mujer. Su incansable labor en contra de la discriminación de cualquier tipo la llevó a la defensa de los sectores y personas más desfavorecidas y rechazadas en el orden social.

A Vilma, en sus múltiples quehaceres debemos fundamentos científicos para la educación preescolar. Su fundación y conducción del Instituto de la Infancia trazó pautas para la labor pedagógica con las edades más tempranas. De igual forma esta brillante ingeniera desarrolló proyectos de investigación en el campo de la industria de alimentos.

Imagen: La Jiribilla

No solo supo dirigir con certeza, sino fue una formadora de cuadros en la Federación y muchas de sus ideas y razones de lucha están plasmados en el Código de la Niñez y la Juventud.

Su palabra, en el seno de la dirección del Partido —donde fue miembro de su Comité Central y de su Buró Político—, en las reuniones de gobierno, en la Asamblea del Poder Popular, en su diálogo con diversos colectivos, con escolares, con las organizaciones sociales y de masas, fue siempre esclarecedora y demostrativa de que todos los días hay que saber ser revolucionario en la lucha por la transformación de la sociedad.

En las tribunas internacionales engrandeció a su Patria con la divulgación y defensa de la obra de la Revolución, y la demostración de la colosal obra realizada a favor de la mujer, los niños y los jóvenes, a la vez que sembró ideas a favor del mejoramiento humano en cuanto auditorio la escuchó.

Vilma, un ser humano excepcional; comprensiva, sensible, exigente, flexible en su pensamiento e intransigente con la injusticia y lo mal hecho, nos ha legado en sus discursos y escritos, y sobre todo con su vida, un caudal de sabiduría basada en firmes principios revolucionarios. Al estudio de su vida y su obra debemos volver una y otra vez, y propiciar que las nuevas generaciones la estudien, porque su lucha y legado están en la esencia del camino hacia el mejoramiento humano del que nos hablara Martí.

Imagen: La Jiribilla

Que este hermoso libro sea, en manos de nuestro pueblo y en especial de nuestra juventud, un nuevo acercamiento al conocimiento de esta imprescindible mambisa del siglo XX, combatiente de las trincheras de ideas y de las trincheras de piedras, peleadora incansable por la justicia, ser humano que nos enseñó a enfrentar la adversidad, e incluso la muerte, asistida siempre por dos grandes fuerzas que sostuvieron y animaron su preciosa vida: el amor y la ética.

Los invito a que abran las páginas de este bello libro donde encontrarán una fuente de valores patrióticos y humanos.

Prólogo al libro Vilma, una vida extraordinaria. Editorial Capitán San Luis. La Habana, 2013.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato