III Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe

Postal insular en La Habana

Freddy Ayala Plazarte • La Habana, Cuba

Para empezar, quisiera estrechar mi reconocimiento y gratitud, en nombre de los escritores jóvenes, a organizadores de la Feria, como Alberto Edel Morales; al Centro Cultural Dulce María Loynaz, a Zurelys López, y especialmente a una gran amiga, trabajadora e impetuosa como Yanelis Encinoza, quien sueña con una unión latinoamericana en La Habana, y lo ha conseguido.

Ya es una postal insular pensar en las voces de la literatura joven que provienen de un océano, o de una montaña, y si acaso es en una isla o en un páramo donde se reúnen los lejanos ojos del fuego. O si, en el ayer, el pensamiento también se hizo en el barro, o en la cromática de una extensa avenida. O quizá, a espaldas de los edificios nacen las letras de un siglo, y mientras alguien pisotea su infancia en el cemento, y otro alguien acaricia su vejez después de confesar la mirada en un libro.

O acaso exista por alguna conveniencia histórica el Norte o el Sur, Oriente u Occidente, entonces me pregunto, ¿existen diferencias geopolíticas en las conductas sociales del sujeto? Y sin embargo, ante estas interrogantes se presenta el III Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe, realizado en el marco de la 22 Feria Internacional del Libro en la Habana, con sede principal en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, el Pabellón Cuba, y esta tarde en la antigua Fortaleza San Carlos de La Cabaña. Durante estos días, he podido configurar la urgencia cultural que atraviesa la literatura joven en Latinoamérica, a lo cual me referiré en las próximas líneas.

En este tipo de encuentros se puede reflexionar que en Latinoamérica todavía no se inscriben, en su totalidad, las literaturas que visualicen la tradición histórica que caracteriza a nuestros pueblos; sin embargo, tenemos referentes como las vanguardias, el boom de los 60, por ello el espíritu reaccionario ante los procesos sociales e históricos, y aunque sean sociedades que se caracterizan por sistemas patriarcales, la literatura latinoamericana, en la contemporaneidad, constituye un espacio de reflexión en torno a modelos jerárquicos. De hecho, la literatura joven parte de inquietudes como la identidad, cuestionamientos a modelos de poder, y en ese marco emergen relatos oníricos, místicos, herméticos y urbanos. Sin embargo, esta escritura está en permanente construcción y modificación y ahí radica la importancia de volver la mirada sobre la literatura joven, y menciono joven en el sentido inoxidable de la palabra; un creador puede ser viejo y su poesía joven, lo joven no se mide en la corporeidad de quien lo habita, lo joven se relaciona con el uso del lenguaje, las palabras siempre serán jóvenes, más aún cuando las manos de su creador envejezcan.

Durante estos días, he podido evidenciar que, actualmente, las políticas culturales generan resistencias y otras formas de interpretar el entorno social en la literatura latinoamericana contemporánea, la disputa entre el sujeto y el objeto; por ello, se recurre a otras representaciones como el performance y los medios alternativos de difusión. A pesar de ello, este tipo de encuentros permite establecer nexos con escritores de varias latitudes del continente y plantear futuros proyectos, que incluso han llegado a legitimarse mediante publicaciones.

Así, escritores de Argentina, México, Puerto Rico, Chile, Ecuador y Cuba, han podido acercar al público a sus escenarios locales en lecturas, debates y conferencias. De manera que el objetivo ha sido problematizar conceptos de la identidad, de lo genérico, de lo racial, de lo urbano, de lo existencial, desde una mirada crítica. Me atrevo a pensar que la literatura más joven del mundo está en América Latina y el Caribe.

Hace 500 años se inauguró una historia colonialista, que pretende ser oficial y fundadora de nuestras tradiciones, así mismo el mestizaje enriqueció el acervo cultural y patrimonial de varias ciudades latinoamericanas. Pero qué hay de la otra historia que persiguen arqueólogos, historiadores y hasta poetas; qué hay de los ocho mil años de antigüedad, por ejemplo, en el caso de la cultura Valdivia en Ecuador, Rapanui en la Isla de Pascua en Chile, las pirámides en México, las momias de Salta en Argentina. Pero qué es América, o Abya-yala, en el imaginario de la sociedad; o acaso se prioriza una mirada patrimonial y museística de nuestras ciudades; qué hay de nuestra edades primordiales, de aquellos tiempos que en la cinematografía pretenden acercarnos al pasado; acaso no será que la mayor cercanía tenga que ver con el uno mismo en el otro.

Y estas palabras que he dirigido tienen la finalidad de reflexionar, que tanto en América Latina y el Caribe, no solo es el mundo urbano o el mediático estereotipo social lo que marca el ritmo de la historia. A propósito de este Encuentro de Escritores Jóvenes, se abren paradigmas e inquietudes, sobre lo que se entiende como el pasado y lo contemporáneo. En este sentido, América Latina y el Caribe son escenarios que deben construirse y consolidarse en otras dimensiones sociales, porque en sus entornos confluyen orígenes y apropiaciones, ya lo decía un pensador francés: “Un horizonte no desaparece, solo se desplaza”.

Por último, es importante que un encuentro de escritores de América Latina se realice en Cuba, porque más allá de la tradición histórica y social del país, está la cotidianidad de sus calles. Uno parece retroceder en el tiempo, y entonces uno retrocede sobre uno mismo, y todo parece aquietarse y alcanzar la armonía del cielo. Así, La Habana fue acariciada por las voces de la literatura; en ocasiones, pienso que en La Habana es más importante dar un paso en un siglo, que mil pasos en un minuto.

 

Palabras de cierre en el III Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe. Sala Nicolás Guillén, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, 21 de Febrero, 2013.

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato