Por ambos lados del Kremlin: una presentación

Jorge Ángel Hernández • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

La virtud esencial de Por ambos lados del Kremlin, obra que la Editorial cubana de Ciencias Sociales publica en traducción exclusiva al castellano es, sin lugar a duda, su capacidad de revelar. No revelar al modo bíblico, mediante profecías y sentencias que pauten determinados destinos ineludibles, o culpas indelebles, o paraísos perdidos o utopías más o menos conquistables, sino revelaciones de hechos, sucesos, eventos, circunstancias y conductas humanas como las que invadieron la política de la Rusia posterior a lo que el propio Fidel Castro llamara el desmerengamiento del socialismo europeo.

Imagen: La Jiribilla

Y un libro que revela es siempre una obra interesante, tentadora, aun cuando, como es natural cuando se enfrenta la verdad desnuda y se recorren los hechos por su devenir inmediato antes que por su grado de “significación histórica”, no siempre se coincida con las conclusiones que el autor compila, pues no son solo suyas sino, además, de muchos otros que lo acompañaron, o lo contrarrestaron. De hecho, el recorrido de sus páginas permite adentrarnos en polémicas con las que el propio autor se enfrasca, empeñado en ser a toda costa fiel a su concepto de la democracia y a su necesidad de promover un espíritu participativo en el ejercicio concreto de la política.

La capacidad de revelar, nos conduce de inmediato a la importancia de su base de datos. La virtud del autor de mostrarnos los hechos de modo elemental, con todo el peso de los detalles de la inmediatez, reconstituye un acervo de detalles que trascienden los propios objetivos del autor, o de los implicados que a lo largo de sus páginas se entrecruzan, para imbricarlos en una trama compleja, convulsa, difícil y, sobre todo, necesitada de sucesivos intentos de acercamientos e interpretación. Un libro que atesora además esta preciada condición, de modo intrínseco, es, por partida doble, un libro tentador.

Así, Por ambos lados del Kremlin se construye a la par de los sucesos, acumulando datos que, al sucederse, infligen un dinamismo plural al testimonio; por una parte, las anotaciones de un testigo directo de los hechos, con el valor que tienen las reflexiones inmediatas y hasta los giros de los puntos de vista que no cuentan ni con la información suficiente ni, más no faltara, con el privilegio de mirar la historia en perspectiva de hecho ya ocurrido. Asumir el reto de narrar sucesos de importante peso histórico en la más estricta inmediatez, sin detenerse más tarde a corregir ciertos asertos que no han salido según sus propias predicciones, o peticiones, es, sobre todo, un acto de honestidad que todo buen testimonio necesita. Y en tiempos donde la reconstrucción perenne de la participación política es casi requisito, y en ocasiones cínico instrumento, una entrega como la de Filatov convoca a la autorreflexión e impele a detenernos antes de, mecanizados por la costumbre, romper lanzas; antes de someter a cuestionamiento toda reflexión.

Escuché, en esta 22 Feria Internacional del Libro de La Habana, a un escritor ruso reclamando que dejáramos de valorar la Historia por las interpretaciones que de ella se han sucedido a lo largo de los años, sino por los hechos. ¿Cómo, me pregunté de inmediato y mentalmente, sino a través de sucesivas interpretaciones, aprendemos la Historia y la reconstituimos en nuestros propios proyectos de vida? ¿Podemos regresar a los momentos trascendentales, como en la Ciencia Ficción, y observarlos repetidamente y desde diferentes ángulos, como si la manipuláramos con uno de estos inventos tecnológicos de hoy? ¿Cómo, si no a partir de nuestra propia percepción, entendemos lo que a nuestro alrededor ocurre? Sabemos, simplemente, que un mismo hecho, narrado por varios testigos presenciales, termina siendo un suceso disímil para cada uno. Es imposible desprenderse del punto de vista humano, justo, y por elemental y tautológica que pueda parecer la afirmación, porque de eventualidades humanas se trata.

El citado autor deseaba, sin embargo, y como pudo comprobarse apenas comenzó a explicarse, que las interpretaciones subsiguientes se correspondieran con la suya propia, y se reconstituyera así una nueva, lineal y única visión de la Historia de su pueblo, basada —cómo no— en sus propios desgarramientos y en los indeseables traumas que la configuran. De modo que la noria había dado una vuelta y había sustituido el viejo orden interpretativo de totalización por un orden de totalización bastante similar, aunque, seguramente, un poco más desparpajado en cuanto a determinados tópicos tabú. No es el caso de Por ambos lados del Kremlin, de Sergei Filatov, valga la aclaración.

Imagen: La Jiribilla

En este libro, y sin que dejen de sucederse las enérgicas declaraciones de principio del autor, como es natural e imprescindible, y sin que estén ausentes los proyectos de solución a la conducta social, se entremezcla el aura de la pluralidad y la diversidad de criterio se empodera. Se trata de una rara virtud que acaso recuerdo —mutatis mutandis— en una de nuestras memorias de guerra: Con el rifle al hombro, de Horacio Ferrer.

Más que dos lados, estos volúmenes de Filatov revelan diversas aristas de las que rodearon, ocuparon y atravesaron al Kremlin durante los vertiginosos y convulsos años que narra. Así, será posible leerlo también de varios modos, entre los que me gustaría subrayar algunos absolutamente imprescindibles:

  • transversalmente, como gustaría a los sociólogos
  • linealmente, como gustaría a los lectores de relatos
  • inquisitivamente, como gustaría a historiadores e investigadores
  • irónicamente, como sin duda lo hará una buena parte de sus rivales políticos
  • intolerantemente, como han de hacerlo aquellos rivales que no están dispuestos a cejar
  • y apasionadamente, como devendrá en sus partidarios.

E incluso alguno habrá que, siendo tal vez más productivamente objetivo, recorra la obra a partir de sus valores y, si así lo prefiere, se tome el calmo trabajo de reconstruirse los hechos a su modo.

Pero eso sí, sea cual sea el modo de acercarse a Por ambos lados del Kremlin, no debe dejarlo indiferente. Y ese es el complemento esencial que sazona la capacidad de revelar del libro, de los que no será posible despojar a esta obra.

 
Palabras en la presentación de Por ambos lados del Kremlin, de Sergei Filatov. Sala José Antonio Portuondo, Fortaleza San Carlos de La Cabaña. La Habana, 22 de febrero de 2013.

 

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