Páginas de tragedia, euforia y melodrama

Joel del Río • La Habana, Cuba

En el Centro Cultural Dulce María Loynaz, tuvo lugar la presentación del libro Melodrama, tragedia y euforia: De Griffith a Von Trier, que traza un recorrido por la historia del cine mundial a partir del estudio no solo del melodrama, sino también de la pieza trágica y la comedia romántica, en la evolución y el progreso pautados por los autores más trascendentales. Quizá algunos lectores vean mal el hecho de que esta nota divulgativa la redacte el autor del mismo libro, pero estuve a la espera de algún promotor interesado en contarle al público lector, y ese promotor jamás llegó a realizar la esperada entrevista, por tanto me pareció que nadie podría explicar, mejor que yo, de qué van estas páginas.

Este libro pretende describir el nacimiento y evolución de géneros cinematográficos estrechamente ligados con la heredad de la tragedia griega y del romanticismo transnacional y multidisciplinario. Surgió la idea de escribir esta historia ante el convencimiento de que algunos de los filmes más significativos de todos los tiempos ―y países— proponen la identificación del espectador con un personaje en la explosión de las subjetividades y el entrechoque de emociones y sentimientos.

Aquí se habla de lo que cuentan y cómo lo cuentan varios centenares de melodramas, piezas trágicas y comedias románticas, y se intenta definir las poéticas narrativas de los cineastas que asumieron la  metafísica de la pesadumbre, vía sentimentalismo o tragicidad, y moldearon, o superaron, ciertos arquetipos y lugares comunes sobre la expresión del amor y el desamor.

¿Acaso es posible formular melodramas progresistas, capaces de eludir el lugar común envilecido por el uso excesivo, y de acceder a temáticas y personajes complejos? ¿Podrá comprometerse este género con la expresión fidedigna de la realidad, abrirse a diversas estéticas, y explorar de manera renovadora sus temas, lenguajes y códigos inherentes? ¿Son acaso inmutables las características medulares, esenciales, del melodrama lacrimógeno con música imparable, o es que existen encomiables elementos de novedad y cambio capaces de servir de paradigma en la evolución y la insurgencia? ¿Pueden y deben los espectadores avisados, los maestros en las escuelas, y la crítica oficial, jugar un papel en la lectura y el enaltecimiento de los elementos renovadores que alimentan la manifestación audiovisual de mayor arraigo popular en la cultura de países de Europa y Asia, América Latina y Norteamérica, África y Australia?

Trazar, aunque sea someramente, la sucesión histórica de melodramas, piezas trágicas y comedias románticas nos coloca en posición de comprender mejor sus funciones varias en tanto parientes cercanos del drama burgués, aquel que entronizó al hombre común ―más allá de los héroes impuestos por la tragedia durante la Antigüedad, el Medioevo y el Renacimiento—, y apostaba por la empatía y la identificación del público con estos personajes, mientras exaltaba la vida cotidiana, los valores familiares y la moral protestante. Aquel nuevo estilo dramático, antecedente del folletín y de los grandes relatos naturalistas y realistas, también se asentaba en el principio aristotélico de la mímesis y la verosimilitud, que intentaba convertir la ficción en espejo de la realidad.

De modo que estamos hablando de géneros de la ficción con amplia ascendencia histórica, y además quise referirme a “lo cultural entendido no solo como conjunto de productos, sino como matrices de conocimiento y comportamiento; lo popular entendido como modo de existencia de competencias culturales diferentes a la hegemónica”, según lo define Jesús Martín Barbero en La telenovela en Colombia: televisión, melodrama y vida cotidiana.

Las páginas de este libro pretenden describir la constante evolución cinematográfica de tres géneros que algunos fusionan bajo la imprecisa denominación de “drama”. Este recorrido histórico se detiene particularmente en las dinámicas y principales mutaciones en cuanto a los temas, la tipología de los personajes y las maneras de contar. Son tres los factores que condicionan la evolución de los géneros aquí estudiados: en primer lugar, están los cambios en la tipología de los personajes, es decir, en la transformación del sujeto dramático.

En segundo lugar, está la necesidad de ampliar el diapasón dramatúrgico y acercarse a otros géneros como el fantástico y el cine criminal, los temas políticos y eróticos, lo cual genera variaciones en las estructuras narrativas asentadas básicamente en el infortunio y la irrealización de los personajes. Y por último, está la multiplicidad de subtramas y la mirada documental, el realismo y el naturalismo capaces de oxigenar, enriquecer, postergar y afectar los conflictos principales, regularmente anclados a núcleos dramáticos tradicionales.

Y sin renunciar al sentimentalismo, ni a las peripecias emotivas, ni a la identificación con el héroe, propias de la usanza originaria, el melodrama se ha tornado cada vez más responsable y comprometido con la realidad, y sus protagonistas abandonan el estereotipo para acercarse a las complejidades inherentes a la pieza trágica y autoral, tal y como ocurre con algunas de las mejores películas de Wong Kar Wai, Lars Von Trier, Pedro Almodóvar o Krisztoff Kieslowski.

A continuación, se intenta aplicar a más de un siglo de cine la “dialéctica típica de la historia del arte entre las formas tradicionales y las formas nuevas”, pues “el arte busca una renovación de los esquemas perceptivos e intelectivos, lo que produce una dialéctica entre la ruptura de los hábitos perceptivos y el intento de hacer asequibles los nuevos esquemas”, como escribe Umberto Eco en La definición del arte.

Este libro se dedica a perfilar, describir y analizar la dinámica de conservación y ruptura en las filmografías de algunos cineastas cultivadores del melodrama, la tragedia y la comedia romántica. No están todos los que son ni mucho menos son todos los que están. Puesto a seleccionar nombres, describir narraciones y caracterizar estilos, aparecieron películas de muchos, demasiados, países y épocas. Se desbordaron las páginas y me vi precisado a simplificar. Traté de conservar las trayectorias de quienes lograron marcar nuevos derroteros en el devenir de los géneros estudiados. Desde ya estoy  imaginando proyectos similares a este, pero dedicados a otros géneros: la comedia, el horror, el fantástico, el cine de acción y aventuras… mientras acopio fuerzas para emprender tales caminos, sueño con aportar algo a la comprensión de variantes cinematográficas profundamente ligadas a la evolución cultural, y la demarcación idiosincrásica de numerosas y muy diferentes naciones.

Comentarios

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