Conversaciones con Pombo
 

Fernando Martínez Heredia • La Habana, Cuba

Mis comentarios son a partir de lo que ha dicho Harry Villegas, pero para ser justo, debo comenzar por unas palabras acerca de María del Carmen Garcés. Esta mujer ecuatoriana, suramericana, lleva más de 25 años estudiando la fase final de la vida revolucionaria de Ernesto Che Guevara, con una enorme laboriosidad y rigor, con método y muy buena capacidad de organizar y comunicarse. Por eso, ha producido resultados muy notables, que ha publicado sobre todo en libros que forman parte de la bibliografía indispensable acerca del Che. Pero en Conversaciones con Pombo, María nos demuestra que es una interrogadora extraordinaria. Ante todo, no teme expresar un buen número de afirmaciones acerca del tema que dialoga con su entrevistado. Esos asertos no disimulan el partido que toma siempre junto con los revolucionarios, la necesidad de comprender sus acciones, sus opciones y sus motivaciones desde una identificación con ellos y su causa, aunque al mismo tiempo no utiliza adjetivos grandilocuentes ni hace concesiones a los lugares comunes facilistas. María del Carmen le pide al héroe entrevistado que le ayude a reflexionar y a que podamos conocer más profundamente al protagonista de aquella gesta y sus compañeros, y a los eventos que vivieron, para apoderarnos de su verdadera grandeza y para que podamos sacar provecho a las enseñanzas maravillosas que dejan siempre las revoluciones.

Imagen: La Jiribilla

Y al preguntar, ella nunca es “objetiva”, esa noción burguesa que enseñan a los que quieren ser periodistas como si así lograran ser “científicos” y aseguraran una supuesta actitud neutral y un supuesto producto que no pretende influir en el que lo consume. En vez de esa mentira, María practica una conducta que expresó muy bien un andino ilustre, el primer gran pensador comunista de Suramérica, José Carlos Mariátegui: “mis juicios son alimentados por mis pasiones”. Pero María del Carmen siempre es inquisitiva, busca las precisiones y las profundizaciones, le “saca” a su entrevistado lo que quizá no diría, encuentra buenas preguntas que permiten que fluya la comunicación y se obtenga mucho más de lo que es propiamente un diálogo. El conjunto de sus preguntas constituye una verdadera clase para entrevistadores.

Desde las primeras respuestas, Harry Villegas comienza a ofrecer aportes muy notables, en este caso para el conocimiento de los fundamentos y la historia del pensamiento cubano (pp.10-13). El Che comprende que la dependencia y la enajenación, expone, solo pueden ser erradicadas a partir de la lucha; mediante la praxis conciente y organizada, el ser humano y la sociedad tienen que lograr ser superiores a lo que se obtendría mediante la reproducción de la vida material. A mi juicio, esa es una constante decisiva en nuestra historia. Pombo afirma, con razón, que El socialismo y el hombre en Cuba es el texto más completo para captar la concepción filosófica del Che. Y apunta muy sagazmente la relación íntima entre la posición de José Martí y la del Che. Invito a releer los textos del Apóstol cuando está preparando la nueva revolución, sobre todo lo referente al papel de la guerra revolucionaria en la formación de un pueblo nuevo, y en la formación del individuo. Cuando Villegas apunta el nexo y la continuidad en las ideas de ambos, o las relaciones entre las experiencias prácticas y la idea de justicia en el Che, podemos entender mejor su concepción y el lugar que ocupa en el proceso histórico del pensamiento cubano.

Destaco un corolario que muestra su valor en la actualidad: si el país latinoamericano en cuestión es pequeño, como es Cuba, su ejemplo puede llegar a ser su contribución más trascendente.

El capítulo del Congo contiene análisis muy profundos acerca de una de las sociedades africanas que fueron víctimas del colonialismo. Villegas expone las diferencias formidables que existían entre congoleses y cubanos, pero es ostensible la falta de capacidades en que la opresión colonial dejó a estas comunidades, para enfrentar con éxito la lucha armada a la que los obliga su anhelo de obtener la liberación, lo lejos que están todavía de poder practicar la guerra revolucionaria. No tienen tampoco un liderazgo capaz de comportarse como tal en esa guerra. Me parece sumamente valiosa su caracterización de los cubanos negros que fueron como soldados internacionalistas al Congo en 1965, a partir de la sociedad de la cual procedían: eran demasiado recientes en ellos la falta de oportunidades y los efectos del racismo, y era muy baja su escolaridad promedio. No soslaya sus diferencias de valoraciones con respecto a algunas del Che, dentro de la lealtad absoluta que profesa a su jefe.

Pombo comenta la persistencia del racismo entre nosotros hasta la actualidad, a pesar de los logros inmensos de la Revolución, una afirmación que comparto. El silencio de las voces y de las mentes que resultan incapaces de ver y mencionar ciertas realidades, aunque está muy relacionado con el proceso histórico de una cultura revolucionaria determinada, como es la cubana, puede hacer que el analista resulte muy parcial y omiso, o se equivoque.

Imagen: La Jiribilla

El capítulo dedicado a la campaña guerrillera en Bolivia es el más extenso del libro. Villegas brinda en él una gran cantidad de datos relevantes, hace un conjunto de inferencias que solo pueden venir de un actor de los hechos que se ha convertido en un analista sagaz, y también entrega muchas valoraciones. Se trata de productos de su pensamiento acerca de numerosas y disímiles cuestiones. Esto le da al libro una dimensión y un alcance mucho más ricos que las narraciones de acciones y anécdotas, aunque estas sean siempre tan útiles desde el terreno emotivo y aleccionador. Las valoraciones que se refieren a personas, que siempre son difíciles, se destacan por su hondura y la sobresaliente voluntad de ser justo. Pombo sitúa a cada uno no solamente desde sus actos, también tiene en cuenta sus motivaciones, capacidades específicas, carencias y condicionamientos, y jamás olvida algo que es central: la lucha guerrillera, por ser el instrumento más capaz de formar seres humanos como revolucionarios y como reformadores sociales de forma drástica y acelerada, está colmada de exigencias cotidianas y situaciones límite, de sacrificios sin cuento que no aspiran a aplausos ni reconocimientos, de entrega, abnegación y heroísmo al mismo tiempo, de hermandad suprema entre los que la emprenden, normas inviolables en el trato a la población civil, y también al enemigo si está inerme.

La ejemplaridad es lo normal, no lo inusitado. Impresiona lo que Villegas denomina dos momentos estelares: la muerte y la comida. Rinde honor eterno a combatientes como Tania y a numerosos compañeros caídos, y es mesurado en sus juicios al hablar de Debray o de Camba. Resalta la actitud del Che, que es más bien generoso en sus juicios ante hombres en situaciones extremas, y opina que lo mejor es emplear a cada cual de acuerdo a sus cualidades.  

Resalto la explicación que hace de la posición antisectaria del Che: en el movimiento revolucionario que impulsa caben todos aquellos que estén dispuestos a luchar. Es la escuela de Fidel, que Pombo destaca respecto a la guerra de guerrillas, pero podría hacerse lo mismo respecto a todo el campo de la política revolucionaria. Che nos lega una lección más cuando se enfrenta a la intolerancia extrema combinada con la ceguera ante las realidades políticas y la falta de compañerismo que caracteriza a los sectarios carentes de pensamiento propio y de capacidad de marchar con sus pueblos y aprender a conducirlos. También la lúcida exposición que hace del gran papel que tienen los azares y las necesidades concretas en la actuación real de los revolucionarios, por más acertados que sean su estrategia y sus planes.

Imagen: La Jiribilla

Además de ofrecernos hechos que desconocíamos y proyectar una luz diferente e intensa sobre otros que han sido recogidos, Pombo hace inferencias notables. Otra vez oímos al analista social, como cuando introduce la variante de la procedencia regional de los bolivianos y el clima en que se criaron. De forma enfática niega que los combatientes bolivianos estuvieran “por debajo” de los cubanos, o que no se entendieran con ellos. La causa, la guerra, los sacrificios y la muerte compartidos los hermanaron. Ofrece también explicaciones convincentes acerca de la actitud del campesinado de la zona durante las operaciones guerrilleras, y se niega a condenarla. El pueblo de Bolivia no fue indiferente a la guerrilla, y en una situación menos desfavorable hubiera podido ir creciendo su participación.

El capítulo cuarto, como el primero, merecería dedicarle toda una intervención. El estudio, la formación política de cuadros revolucionarios, nos permiten apreciar el acierto del proyecto liberador del Che, su factibilidad y sus puntos prácticos de partida, y al mismo tiempo apreciar la comprensión profunda de cuestiones fundamentales que posee el entrevistado, que resulta así capaz de ganar al lector a sus temas y ponerlo a pensar en el terreno del legado más entrañable, y por eso más atractivo por sí. Ahora que la América Latina está cada vez más presente en Cuba, cuánta cultura creada por la actuación, el pensamiento y el ejemplo de los revolucionarios se pondría así a nuestra disposición. Y ella puede satisfacer una necesidad que es vital para resistir y para crear, si las nuevas generaciones toman para sí y utilizan para sus fines las experiencias, las ideas y el proyecto liberador latinoamericano, tan trascendente y hermoso.

Pero ya están al terminarse mis diez minutos, y prefiero no correr por encima de estas páginas tan valiosas y guardar mis comentarios para otra ocasión. Quiero, por último, celebrar la forma coloquial y clara, muy bien organizada en sus oraciones y períodos, la destreza con que Villegas se vale del idioma. Ello constituye el vehículo de la profundidad y riqueza de las afirmaciones, matices y sugerencias que contienen sus respuestas. Ajeno al ditirambo, Pombo nos demuestra que la grandeza reluce y atrae más cuando es expuesta con sencillez, y que la comunicación humana y cálida es eficaz para divulgar las cuestiones más importantes. Su actitud franqueó la posibilidad de que se estableciera un diálogo real con su entrevistadora, por lo que me parece muy atinado utilizar en el título la palabra “conversaciones” para este libro tan logrado. 

Palabras en la presentación de Conversaciones con Pombo, de María del Carmen Garcés. Sala  José Antonio Portuondo, Fortaleza san Carlos de La Cabaña. La Habana, 22 de febrero de 2013.
 

 

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