Encuentro de Editores y Traductores Literarios

Desafíos para una mejor lectura

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba

Sobre los (des)encuentros del mundo editorial, especialmente en el mundo de los textos científico-técnicos, el diseño de libros y revistas y la traducción —específicamente el trabajo desde el portugués que se ha realizado para la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana—, sesionaron los debates durante los últimos cuatro días en el Encuentro de Editores y Traductores Literarios, en la Sala Nicolás Guillén de la fortaleza militar que resguarda la entrada de la bahía de la ciudad.

Los desafíos actuales a nivel global obligan a los editores, y al resto de los profesionales que intervienen en el proceso de creación y producción de publicaciones, a entrenarse en las más disímiles capacidades y a dominar todo tipo de códigos. Pero, sobre todo, urge la práctica del trabajo en equipo, para que cada quien pueda aportar sus competencias en pos de un producto de mayor calidad. De hecho, una de las constantes preocupaciones del encuentro fue la necesidad de que se incluyan en esos intercambios a todos los profesionales del sector.

Con respecto al primero de los temas, el editor Néstor del Prado apuntó que no es posible hablar de publicaciones científicas tecnológicas sin antes caracterizar el contexto en el que ellas se producen. Con ese propósito, Elaine Balton Legrá, de la Dirección de Ciencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), expuso las áreas económicas que el país ha priorizado y hacia las que deben dirigirse las investigaciones aplicadas.

Los resultados de estas pesquisas, explicó, deben ser debidamente introducidos en la práctica económica cubana para que puedan producir un verdadero y positivo impacto en ella. Para que esto ocurra, es necesario que las publicaciones científico-técnicas, en su mayoría ubicadas en La Habana, muestren en las regiones más productivas de la Isla los resultados investigativos que allí necesitan ser aprehendidos. Señaló también la importancia de que los científicos cubanos vean materializadas sus conclusiones en función del sector productivo y de las necesidades del país.

En otro momento, se discutió también sobre la responsabilidad del editor en lograr que estos textos, muchas veces obscuros (en el argot editorial), se traduzcan claramente a cualquier tipo de lector sin desatender su apego al rigor científico. Para el Lic. Hermes Moreno, “es importante conocer la ciencia desde adentro, conocer sus terminologías, las estructuras de los soportes de publicación y, obviamente, dominar la gramática”.

Según Marta Entralgo, editora jefa de Pueblo y Educación, el editor debe estar preparado también para seguir el ritmo de los nuevos tiempos. En un país donde, por ejemplo, “el proceso pedagógico educativo debe someterse a un constante perfeccionamiento, el sistema de libros de texto debe asumir esas transformaciones”, y con él quienes los editan.

Esther Pérez, traductora literaria del inglés reclamó, en ese sentido, el mejoramiento de las relaciones entre traductor y editor, que deben sintonizar con el intercambio. “Uno traduce de una cultura a otra, y no meramente de un idioma a otro”, afirmó. En la obra literaria, una vez en español, al editor le resta aún un largo camino que recorrer.

En el caso de la traducción de textos, y ante la idea de que no es lo mismo un traductor de textos científico-técnicos que un traductor literario, uno de los participantes aseguró que este experto debe ser bueno, sencillamente, en cualquiera de sus trabajos; debe tener cultura general para enfrentar todo tipo de texto. El traductor científico debe conocer todo el aparato conceptual, los artefactos y su historia para comprender bien el texto. Por esa razón, cada traductor debe tener una especialidad, pero no se trata de que un tipo de texto sea más fácil de traducir que otro.

Los representantes de la delegación angolana invitados a esta edición de la Feria, Antonio Fonseca (director de la Asociación y Editorial Chá de Caxinde) y Jacques Arlindo dos Santos (director del Instituto Nacional de Industrias Culturales), sostuvieron también un intercambio durante una de las últimas jornadas del Encuentro, y elogiaron la labor de la editorial Arte y Literatura, la institución que más traducciones del portugués ha realizado.

Hicieron énfasis, además, en el hecho de que Angola no aceptara firmar el Acuerdo Ortográfico —a pesar de todas las presiones—, que contiene “supuestas normas para escribir en portugués que reconocen la terminología de origen latino y griego, pero no los étimos naturales de la región. Por ello la consideramos una tentativa de discriminación”, afirmaron.

Uno de los aspectos del proceso editorial que tiene menos protagonismo, según las intervenciones realizadas, es el diseño. José Menéndez, diseñador de Casa de las Américas, propuso que se realice algún folleto que incluya los premios de diseño del libro, de modo que los del gremio puedan confrontar su trabajo y tener patrones de comparación. Apuntó además que, aunque queda mucho por avanzar en el diseño editorial, el trabajo de los diseñadores debe ser más reconocido y promovido.

Por su parte, del Prado se interrogó acerca del diseño en libros electrónicos y su posición con respecto al de los libros impresos. “El libro es un ser vivo”, afirmó, por ello insistió en darle importancia, no solo a las habilidades informáticas del diseñador, sino también a su cultura.

La editora Elizabeth Díaz, en un cambio de la perspectiva del debate, abordó la problemática en la relación del diseño y las imprentas: “Se ha perdido el arte poligráfico” aseveró al explicar que, muchas veces, aunque el diseño sea perfecto, se pervierte en las imprentas.

En cambio, el profesor y diseñador Pedro de Oráa opinó que el enemigo del libro, no se encuentra en las imprentas ―aunque estas deben revisar la función de su personal dedicado al control de calidad―, tampoco en la digitalización del libro que es, sencillamente, una forma más de leerlo; el problema está presente con más fuerza en la televisión, que ha impuesto un ritual de entretenimiento que influye en que, muchas veces, en las casas cubanas no haya ni siquiera un librero.

Por lo general, el editor es el primer crítico de una obra literaria o cualquier otro tipo de texto. Es un trabajo en el que se deposita mucha confianza por parte del autor, y el producto terminado que el lector consume no sería posible sin ellos. En esa dirección se propusieron algunas iniciativas de articulación entre los profesionales del campo que deben desembocar en el aumento de la calidad de los libros producidos en Cuba.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato