Se publican los Premios Nicolás Guillén y Alejo Carpentier 2012

Esa niebla de encanto que expande la literatura

Paz Valdés • La Habana, Cuba
Foto: Yaima Amador

Uno de los lauros que la Editorial Letras Cubanas ofrece a los galardonados por los Premios Alejo Carpentier —de Ensayo, Cuento y Novela—, y Nicolás Guillén —de Poesía—, es la publicación de sus obras. En la 22 Feria Internacional del Libro, los ganadores de estos concursos en el año 2012 pudieron palpar sus textos, sentirlos vivos y al alcance de la mano de todo aquel que se interesara por leerlos. En la Sala José Lezama Lima de la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, ocurrió la presentación. 

“Hay años —señaló el presentador Rogelio Riverón, director de Letras Cubanas— en que los géneros están un poco desbalanceados, pero este fue un año compacto”, donde, en cuanto a calidad de contenido, un libro no supera a otro. 

Imagen: La Jiribilla

Antes de que Jamila Medina Ríos, autora de Diseminaciones de Calvert Casey —texto de ensayos premiado por el Alejo Carpentier en la pasada convocatoria—, expresara su deseo de que no la leyeran tanto a ella como a la obra del novelista y periodista, su editora, Mayté Gómez, apuntó que “este volumen de ensayos sobre la bio-bibliografia de Calvert Casey presenta uno de los análisis filológicos más completos y actualizados en el plano teórico del presente editorial. La obra del escritor cubano-norteamericano, quizá poco estudiada académicamente —aunque mucho de ella sea bien conocido por habérsele incluido en publicaciones nacionales y extranjeras—, es redescubierta por nuestra ensayista.

“Caen en el estudio de Diseminaciones… los anteriores estereotipos genéricos que quisieron circunscribir a Casey en categorías insoslayables, como de neobarroco, modernista, romántico, de la diáspora. Así pues, Jamila Medina se permite sortear los lugares comunes de aquellos acercamientos precedentes, los cuales revisa en diálogo confraternizante, para luego manifestar su propia crítica, aguda y certera, que engloba toda la obra según las difíciles circunstancias históricas en que fue producida, los años de inicios del proceso revolucionario, la asunción y posterior preterición de la patria y la materia, el exilio del fin, eros y tánatos que rebelaron, revelaron, al cuerpo/corpus Casey”, agregó Mayté Gómez.

Por otra parte, el presentador, refiriéndose a Papyrus, de Osdany Morales, premio de la categoría cuento, comentó que “la narrativa cubana presumía de adoptar aquel papel que, por miedo, dejaba de lado la prensa. Entonces teníamos que asumir la realidad como parte de la ficción, aunque no se puede negar que se crearon buenos libros. Y sabíamos que tenía que llegar un acomodo en la literatura, una calma en la que no entrábamos entonces, cuando nos creíamos los grandes críticos de la sociedad cubana. Papyrus  es deseo de narrar sobre todo, de instalarse con paciencia en el texto. Es un libro multidimensional, donde se pone de manifiesto la borrachera de contar historias, y se asume el reto de lo que estas historias pueden contar”.

En los cuentos, según Riverón, se produce una búsqueda, no solo de argumentos, donde se divisan las huellas de grandes autores de la literatura. “Es una referencia peligrosa, difícil, con la realidad del escritor y del lector que pudiéramos ser”.

La Catedral de los negros, novela premiada, fue definida por el moderador como “novela delirante, de la desesperación y del desencanto”, en la que Marcial Gala nos devela, con inmensa tensión lingüística, una imagen peligrosa que evoca el realismo cubano. “Es narrada de manera tal que el narrador se disemina, desaparece… Los protagonistas aparecen varias veces, y los lectores no nos damos cuenta de que el narrador está allí. Marcial pasó de uno a otro punto de vista de la realidad cubana, de la realidad de Cienfuegos”, donde esta catedral es el eje de la historia.

Desde una cuarta esquina, Aspersores, de Luis Yuseff, emerge como el Premio Nicolás Guillén de Poesía del pasado 2012. En la presentación, Rogelio Riverón lo abordó como un libro bien hecho, donde “se habla de la necesidad de percibir, incluso cuando las expectativas no sean demasiado nobles. Se lamenta el olvido por venir y se sugiere que el carácter efímero de las cosas concede persistencia. Hay una alegoría del deterioro como emblema de identidad y una recurrencia: la niebla.

“Son 13 momentos en círculo que hacen pensar en un libro meditado, en una ceremonia cuya ganancia es la aceptación de lo que pierde lustro, pero gana otra consistencia y merece ser puesto en el conocimiento de los demás”.

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