Palabras de Elogio en la entrega del Premio Nacional de Historia 2012

Una vida y una obra consagradas al amor a Cuba

Elda Cento Gómez • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Horacio, Charito.

"Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí". Estoy convencida que la modestia y la consagración al trabajo las constituyen para la persona a quien, con el otorgamiento del Premio Nacional de Historia 2012, se le ha reconocido una vida y una obra consagradas al amor a Cuba y a la fe en que lo mejor del hombre siempre habrá de prevalecer.

Imagen: La Jiribilla

La Historia nos sorprende con singulares coincidencias que parecen tender un puente sobre el tiempo para unir virtudes y sueños. Mis primeras palabras invocaron al Apóstol por el simbolismo que entraña el hecho de como, en el año del 160 aniversario de su natalicio, se realice la ceremonia de entrega del más alto galardón de los historiadores cubanos a un maestro.

En 1965 Horacio Díaz Pendás tenía 18 años cuando entró como profesor a un aula de Secundaria Básica. Es muy probable que aquel día no se imaginara que había flanqueado un umbral para toda la vida. Los años inmediatos laboró en Preuniversitario, fue jefe de cátedra, profesor de formación emergente de maestros dc secundaria básica y se tituló en el Instituto Superior Pedagógico de la capital. En 1972 fue nombrado asesor provincial de Historia para la formación de maestros en La Habana, al año siguiente promovido para igual desempeño a nivel nacional y en 1977 designado Metodólogo Nacional de Historia para la formación de personal pedagógico, cargo en el que permanece desde esa fecha.

Su labor docente en la educación superior ha sido especialmente fructífera y reconocida con la categoría docente especial de Profesor de Mérito. En síntesis muy apretada mencionar su desempeño como profesor, o autor de programas, en las Maestrias en Ciencias de la Educación en la Universidad de las Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona y en Estudios Regionales y Locales del Instituto de Historia de Cuba; así como en Diplomados auspiciados por la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana y por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC). Deben ser recordadas también las conferencias sobre la vida y el pensamiento de José Martí en las pasantías que se desarrollan en esta capital para los estudiantes de las Universidades Bolivarianas de Venezuela.

El profesor Horacio ha trabajado también como presidente de la Subcomisión de Historia correspondiente a la Comisión Nacional de planes, programas y textos de estudio del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas y como miembro de los equipos de consultores para la enseñanza de la Historia de los países del Convenio Andrés Bello y del Técnico de Historia de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Imagen: La Jiribilla

Sus conferencias y escritos no han llegado solamente a los profesores de Historia de la enseñanza general media y media superior. Es oportuno recordar su condición de profesor fundador de los Seminarios Nacionales para Dirigentes, Metodólogos e Inspectores de las Direcciones Provinciales y Municipales de Educación y de los Institutos Superiores Pedagógicos y posteriormente en los desarrollados por televisión a partir del 2001; también del programa "Para ti, maestro" dirigido a la superación del personal docente —espacio donde aborda temas martianos y de didáctica de la Historia—; sus teleconferencias sobre metodología de la enseñanza de la Historia y sobre José Martí dirigidas a los estudiantes de la carrera de Licenciatura en Educación Primaria y los programas de Historia de Cuba para el plan de Superación Integral de Jóvenes.

Desde 1986 a la actualidad ha presidido en cada edición de los Congresos Internacionales de Pedagogía la comisión donde se presentan y analizan los trabajos correspondientes a la enseñanza de la Historia y en cada una de sus convocatorias, además, ha presentado una ponencia o impartido conferencias. Igual desempeño ha tenido en la Comisión dedicada a la Metodología de la enseñanza de la Historia en los Congresos Nacionales de Historia. Ha integrado delegaciones y participado en eventos internacionales en México, Suecia, República Dominicana, Panamá, España, Colombia, Argentina, Ecuador, Paraguay, Perú y Bolivia, entre otros paises.

¿En cuantos documentos de nuestro Ministerio de Educación estará el saber de Horacio? Sin dudas en muchos y tal vez hasta en un fertil anonimato, expresión ejemplar de la vocación de servicio. ¿Y que decir de su palabra? Téngase en cuenta que nuestro homenajeado ha desarrollado durante décadas actividades de carácter metodológico en los departamentos correspondientes de las Universidades de las Ciencias Pedagógicas y en reuniones con profesores de otros niveles de enseñanza.

Sus aportes a la bibliografía dedicada a la enseñanza de la Historia son de particular importancia. Escritos de su auto ría han sido incluídos en los materiales editados para los Seminarios Nacionales de Educación del MINED y en los tabloides de los Seminarios Nacionales para Educadores desarrollados por televisión, también en las revistas Educación, Desafio Escolar (Revista Iberoamericana de Pedagogía), Pedagogia Cubana. Cuba Socialista y Debates Americanos.

Casi una veintena de libros y cuadernos llevan la firma de Horacio Díaz como autor, coautor o compilador. Solo mencionar aquella inolvidable compilación de Ciencias Auxiliares de la Historia preparada en 1977 cuando aquel cambio de programas en los Pedagógicos; así como los textos Metodologia de la enseñanza de la Historia; El museo: via para la enseñanza de la Historia; Sobre la historia y otros temas y Apuntes martianos para las clases de Historia de Cuba y otras ideas, publicados por la Editorial Pueblo y Educación y el Cuaderno Metodológico "La formación del profesorado en Historia de Iberoamérica. Orientaciones generales".

Horacio ha recibido numerosas condecoraciones y otros reconocimientos, entre ellas todas las medallas correspondientes al sector educacional: Distinción por la Educación Cubana, Medalla "Rafael María de Mendive", Medalla "José Tey" y la Medalla "Frank País" de Primero y Segundo Grado. La Asociación de Pedagógos de Cuba lo distinguió con la condición de Miembro de Honor y la Sociedad Cultural "José Martí" le concedió el Reconocimiento "La utilidad de la virtud".

Especial relevancia tienen las que ha recibido de manos de las nuevas generaciones: la Organización de Pioneros José Martí le entregó la Distinción Los zapaticos de rosa y el Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas el Reconocimiento Maestro de Generaciones.

 ¿Cómo ha podido hacer tanto?... y sin perder la sonrisa, afable siempre. La gran mayoría de los aquí presentes sabemos que un quehacer tan destacado solo puede mantenerse con incontables horas de lecturas, de meditación, de trabajo y de sacrificio de las que, sin dudas, hubiéramos querido poder dedicarle a nuestras familias. En ocasiones el talento y la voluntad no son suficientes y Horacio ha tenido la mejor de las complicidades, la que se han brindado mutuamente él y su esposa, la doctora Rosario Mañalich. Recuerdo que Martí aseguraba que "En el matrimonio ha de entrar por mucho el pensamiento" y de eso se trata. Cualquier mujer puede envidiarte Charito, por la ternura y la devoción con la que siempre Horacio se refiere a ti.

Hace unos días un colega de mis días de profesora en el Instituto Superior Pedagógico de Camagüey, a quien comentaba que Horacio me había concedido el honor de pronunciar estas palabras me dijo: "No se como te las vas a arreglar para decir en tan poco tiempo, todo lo bueno que él se merece". Se que no podré hacerlo y entonces prefiero resaltar algunas de las razones que sustentan ese respeto al que puso voz mi colega.

Entre 1965 hasta la fecha han transcurrido 48 años, desde 1977, 36. Las cifras nos recuerdan que Horacio ha sido testigo, nunca silencioso, de las transformaciones que en materia educacional ha experimentado nuestro país en una parte significativa de su Historia más reciente. Mucha agua ha corrido debajo de los puentes en esos años, a veces calmas otras no tanto. Recuerdo como, en aquellos años cuando transgredir el tiempo establecido para cada uno de los momentos de la clase podía poner en peligro la calificación otorgada en un eventual control, al anuncio de una inspección seguía la pregunta: "¿Viene Horacio?", formulada por cualquier profesor. La interrogante obedecía a la confianza de su justiprecio por la labor de los docentes. Aquellos días podían tornarse entonces una experiencia inolvidable porque sin adoptar poses cuestionadoras, Horacio se sentaba a conversar con sus colegas en el departamento y en un intercambio, salpicado aquí y allá por anécdotas y relatos hechos con la magia del excelente comunicador que es, hasta con una mezcla precisa de humor y en ocasiones con la fina ironía consustancial al ser camagüeyano —patrilocalidad que con orgullo ambos compartimos—, decir las mas grandes verdades y ofrecer las mejores orientaciones.

En todos estos años le hemos oído defender una y otra vez la idea de que "el conocimiento de la historia debe ser un componente esencial de la cultura de todo educador, sea o no maestro de esta disciplina" y de que "Nadie puede enseñar lo que no sabe, ni dirigir el aprendizaje de lo que ignora"; también que los medios y demás recursos técnicos no son, "instrumentos innovadores por sí mismos, sino que su contribución plantee".

Imagen: La Jiribilla

Hace muchos más años que los que estamos recordando esta tarde, José Martí escribió "Venturosos los pueblos que como este tienen historias que contar", "¿Qué sentido tiene —se ha preguntado ahora Díaz Pendás— que los alumnos aprendan fechas, nombres, lugares, si eso no los ayuda a ser mejores personas?" "El rigor conceptual es importante, pero también [...] que historia que no cuenta es como un canto que no canta". La historia pues, tiene que adueñarse del corazón de los alumnos y eso es todo un reto.

Querido Horacio, desde el bando de los optimistas incurables al cual usted ha hecho pública filiación, le puedo asegurar que tiene el privilegio de tras caminar muchos años por la vida, inspirar tanto afecto y respeto. Ha valido la pena ¿verdad? Son algunas verdades esenciales. Por eso esta tarde usted recibe no solo el Premio Nacional de Historia, sino el Premio del Cariño que cientos de docentes cubanos comparten y sienten como suyo, personas que un día, como usted, decidieron hacerse maestros para convertirse en creadores.

Palabras de elogio en ocaslon de la entrega a Horacio Díaz Pendás del Premio Nacional de Historia 2012. (Feria Internacional del Libro, 23 de febrero de 2013, Sala Nicolá Guillén.




 

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