Palabras del Profesor de Mérito Horacio Díaz Pendás al recibir el Premio Nacional de Historia

“He aprendido y sigo aprendiendo
de todo el mundo”

Horacio Díaz Pendás • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Imagen: La Jiribilla

Amigas, amigos, compañeras y compañeros:

Emocionado y agradecido por las palabras de la profesora Elda Cento, arropadas con la fuerza del cariño, debo comenzar por decirles que me siento especialmente honrado por este premio y que lo recibo pensando en todos los compañeros que llevan años consagrados a la docencia de la Historia.

A través de mi vida dedicada a la educación es cierto que he aprendido estudiando en libros, en documentos, artículos, en los resultados de investigaciones, escuchando a especialistas; pero también he aprendido mucho del aula, de los estudiantes, de mis compañeros de trabajo, de visitar clases y dialogar con profesores. He aprendido y sigo aprendiendo de todo el mundo.

Como toda criatura que sueña, a través de los años, he elaborado ideas, que están expresadas en conferencias, libros y folletos dirigidos a la formación y superación de profesores de Historia.

Estoy consciente de que ante la terca realidad algunas de estas ideas pudieran parecer utópicas, pero no hay que olvidar que andar en pos de una utopía tiene un efecto formidable: nos hace avanzar.

Con nada de lo que he enseñado, dicho o escrito he intentado trazarle pautas a nadie, son tan solo propuestas para pensar juntos.

Imagen: La Jiribilla

Ahora bien, si de pautas se trata, yo quiero que me permitan dedicar estas palabras como un homenaje, a los que sí las trazaron en mi formación, a mis maestros.

Tanto en mis días iniciales de profesor como después en la carrera universitaria no puedo dejar de mencionar a la Dra. Dolores Breuil, Lolita, maestra de generaciones de profesores de Historia. La conocí como alumno en 1964 en el entonces Instituto de Superación Educacional, el ISE.

¿Cuál era su método para orientarnos hacia la preparación de las clases correspondientes a las unidades o temas del programa?

Ella partía, ante todo, del abordaje del contenido histórico, de su enfoque y del comentario de las fuentes para su estudio, para después pasar a una propuesta de dosificación del contenido por clase y sugerir alternativas metodológicas, lo que aportaba un esquema muy claro para que después, cada quien, preparara sus clases con entera libertad. Pero además, aquella profesora que orientaba maestros, rompiendo esquemas, insertaba en su curso, encuentros con historiadores para que nos hablaran y conversáramos. Y así yo conocí a Julio Le Riverend, a Sergio Aguirre, a Fernando Portuondo, a Hortensia Pichardo. Para mí fue un acontecimiento inolvidable ver en persona a los autores de los libros que nosotros consultábamos para prepararnos.

Ya después, en la carrera universitaria, a la propia Dra. Breuil también debo enseñanzas sobre el uso de los documentos históricos, la crítica de fuentes, el ver un hecho o proceso por diversos autores y su irónica sonrisa cuando cualquiera de nosotros confundía la intervención en un seminario universitario con un discurso que era más apropiado para la tribuna de un acto político de divulgación histórica. Ella se encargaba de establecer la diferencia y rebajaba la calificación al que incurriera en esto.

En el primer año de la carrera, tuve el privilegio de ser alumno de la Dra. Estrella Rey Betancourt, toda una autoridad en Historia del Mundo Antiguo, quien, desde su asignatura fue para nosotros una inolvidable escuela de pensamiento. Recuerdo una temprana tarea que hubo que hacer sobre la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Ella leyó lo que su estudiante de primer año había escrito y me devolvió las cuartillas con una nota en tinta roja con su impecable caligrafía donde me decía: "Me pareció muy bien el resumen que hiciste. Pero... y tú, ¿qué piensas?".

Ella nos entrenaba en hacer valoraciones personales, en pensar con cabeza propia y exigía esfuerzos en esta dirección. Así nos marcó para siempre y para bien aquella eminente profesora que permitía que en algunos de sus ejercicios de evaluación se pudiera abrir los libros y apoyarse en fichas de contenido, porque ella lo que exigía era lo que tú eras capaz de hacer con aquella información. Aquellos ejercicios fueron, por cierto, los más difíciles de aprobar.

Tampoco pudiera dejar de mencionar al profesor Rolando Buenavilla Recio quien nos descorrió las cortinas de lo que era la Didáctica de la Historia.

Y por supuesto, si de pautas se trata, a mí me marcó para siempre, el maestro de todos nosotros: JOSÉ MARTí.

Estudiándolo, yo encontré 5 pautas que han guiado mi labor docente.

La primera de ellas responde a una pregunta esencial: ¿Cuál es el punto de partida de la labor de todo profesor?

En el trabajo "Los indios en los Estados Unidos" publicado en el diario La Nación de Buenos Aires el 4 de diciembre de 1885 (OC10, 321), nos dice Martí para su tiempo y el nuestro:

“Todo esfuerzo por difundir la instrucción es vano cuando no se acomoda la enseñanza a las necesidades, naturaleza y porvenir del que la recibe"

Aquí radica una clave para todo profesor: el ser humano y sus características son el centro de nuestra atención. De ahí que clame por "acomodar", adecuar, la labor de instruir y educar a las realidades, características y expectativas de las personas a las que va dirigida, para desde allí, conducir al desarrollo.

¿Y qué me aportaron sus ideas en la utilización de los métodos de enseñanza?

Concepciones troncales sobre el difícil arte de la palabra en un profesor, las encontré en su trabajo "Clases orales", publicado en la Revista Universal de México, el 18 de junio de 1875. (OC, 6, 235-236.)

En esas páginas, Martí nos entrega criterios fundamentales para la utilización de la exposición oral en la clase, exposición oral que en nuestros días no ha perdido su vigencia en la enseñanza de la Historia; exposición oral que no puede confundirse en ningún momento con el estéril verbalismo, por lo general vacío de contenido; sino la palabra oral culta, que emociona, que pinta, que matiza, con la que nos proponemos llegar a la inteligencia y al corazón de los alumnos.

Si bien la enseñanza de la Historia tiene mucho que ver con la explicación, con el descubrimiento del engranaje interno del proceso, con un análisis no lineal de dicho proceso, con argumentaciones y valoraciones, no es menos cierto que los escolares necesitan llegar a este nivel de desarrollo de habilidades desde correctas representaciones de los hechos, desde narraciones interesantes que cautiven la atención por su belleza y fuerza emocional. La práctica me enseñó que los estudiantes gustan y necesitan que les cuenten lo que pasó. Desde mi experiencia, al menos, estoy convencido de que historia que no cuenta es como un canto que no canta.

Imagen: La Jiribilla

Desde luego, la motivación para el estudio de la Historia está muy relacionada con los retos que la clase sea capaz de plantear al ejercicio del pensar, y en el caso de la exposición oral, su contribución hay que verla, en lograr que lo que se escuche sea interesante y haga pensar.

También advierte Martí que la atención cansada necesita que los distintos tonos de la voz la sorprendan y reanimen. Saben los profesores cómo los diferentes tonos y matices de la voz indican al alumno lo más significativo e importante de lo que se quiere tratar; ayudan a distinguir lo esencial de lo secundario, a destacar las cuestiones más importantes, a precisar resúmenes parciales así como a formular problemas para seguir pensando, casi siempre en unidad con el lenguaje gestual del profesor.

Comparto totalmente la aseveración martiana de que la manera de decir realza el valor de lo que se dice.

El Apóstol relaciona estas ideas con la amenidad como cualidad de las clases y añade que estas viven de la animación y el entusiasmo. Visto con sentido crítico desde nuestro tiempo, nos está entregando también una delicada alerta contra el aburrimiento, la monotonía, las maneras de exponer poco atractivas que conducen al cansancio y la des motivación de los alumnos.

Y apunta Martí otra idea esencial que es requisito para que funcionen todas las demás: nadie habla mal de lo que conoce bien, como recordándonos que la base de todo es el dominio del contenido que nos proponemos enseñar, aunque también ya sabemos que no es lo único.

Resulta particularmente aleccionador que el más universal de los cubanos, este maestro mayor de la exposición oral, que cautivó a sus alumnos y diferentes auditorios con su elocuencia y belleza en las maneras de decir, no hiperbolizó ese método. Así, en el trabajo "Los clubs", publicado en Patria el 11 de junio de 1892. (OC 2,16-17), decía:

“La conferencia es monólogo y estamos en tiempos de diálogo. Uno hablará sobre un tema y luego preguntarán y responderán sobre él. Unas veces por lo alto del asunto, será la conferencia sola. Otras será EL TRATO EN JUNTO de nuestras ideas esenciales, para acallar una duda, para entender una institución política, para conocer el alcance de un programa social (...)".

Aquí se está pronunciando por un método que incorpora la opinión, la pregunta, el razonamiento del otro, al asunto que se quiere aprender, a la idea que se quiere estudiar, al concepto que se desea formar, aclarar o consolidar.

Mas, este orador brillante, el defensor del diálogo y la participación expresa también una consideración sobre el papel de la indagación y el descubrimiento. En carta a María Mantilla del 2 de febrero de 1895, al recomendarle el estudio de unos libros, le entregaba un consejo que constituye piedra angular de una pedagogía que se plantea el desarrollo del alumno a partir de su esfuerzo intelectual:

(...) hallarás, no se sabe bien sino lo que se descubre" (oe, 20, 212-213)

Cuando en nuestros días nos pronunciamos por un tipo de clase de Historia que no tenga que "decirlo todo" al alumno sino que privilegie espacio a la orientación de su actividad independiente para que busque, indague, investigue a su nivel, descubra —lo que para él puede ser perfectamente un "descubrimiento" aunque no lo sea para la ciencia histórica—, estamos ante una concepción didáctica que confía en las posibilidades del educando como ser pensante, como sujeto y activo agente de su aprendizaje.

José Martí, que como hemos visto, nos aporta una clara, útil y vigente concepción de la exposición oral, del diálogo y de la necesidad de que nuestros alumnos indaguen y descubran nos entrega también una clave para el proceso de siembra de ideas.

“En la Ilíada, aunque no lo parece, hay mucha filosofía y mucha ciencia, y mucha política, y se enseña a los hombres COMO SIN QUERER (…)"

Esta es una de sus estupendas claves metodológicas: Inculcar ideas como indirectamente, sin necesidad de proclamar, sino confiando en la inteligencia de los niños, de los jóvenes, en su capacidad de razonar en un encuentro con hermosas maneras de decir que ponen a pensar y que motivan a hacerlo y que contribuyen, sin dudas, a lo más importante: al mejoramiento humano por vía de la cultura.

¿De qué nos serviría enseñar Historia si ello no contribuyera a formar mejores personas?

En la actualidad, y pensando en ese futuro que ya tenemos sentado en las aulas trato de contribuir al estudio de Martí por Martí en la formación de maestros y profesores de Historia.

Nunca será ocioso reiterar que el conocimiento del pensamiento del Maestro es clave para entender Cuba, para entender América y el mundo desde una concepción ética. Y por ello, no podemos cejar en el empeño de que las nuevas generaciones continúen acercándose, leyendo y, sobre todo, descubriendo a Martí. Esa es la utopía en pos de la cual seguiré andando. Esa es la utopía que me consta que hacen suya valiosos educadores desde los primeros escalones de la enseñanza hasta la Universidad.

Y ya no digo más, porque del Apóstol también aprendí que "(.,.) no hay delito más imperdonable que el delíto de cansar, y no ha de querer cometerlo quien tanto ha menester de la indulgencia y bondad de todos", ("Teatro". Revista Universal, México, abril de 1875, (OC15, 51).

Desde mi corazón agradecido por esta generosidad que han tenido conmigo, hago votos porque asistidos por Martí, la vida nos encuentre a todos, siempre aliado del deber.

Muchas Gracias.

Palabras del Profesor de Mérito Horacio Díaz Pendás al recibir el Premio Nacional de Historia en la XXII Feria Internacional del Libro de Cuba 2013 (23.02.13)

 

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