Al centro del combate

Omar Valiño • La Habana, Cuba

A más de traer recuerdos entrañables a una generación que ahora disfruta la medianía de su edad, Alexis Triana propone en esta bien imbricada y estructurada compilación de textos una historia poco sabida, conocida y hasta disfrutada sobre todo por sus signos externos, contada sin embargo, a lo largo del tiempo, en medio del fragor del combate de ideas y de la realización de acciones en favor de la gestión cultural, cuyas aristas no se agotan en garantizar la logística de un activismo desenfrenado,  sino que es cultural y política o no es.

Periodista de formación y práctica, polemista natural, Triana ofrece un testimonio de parte como gestor y directivo de la cultura en distintas instancias. Escuchamos con él la voz del otro, que no es a veces la del habitante de cualquier marginación, sino justo la de quienes viven “al centro del combate”.

En ¿No nos entendemos?, la propia interrogación del título refuerza esa voz que se quiere discutidora, interactiva con el lector en función de repasar dos décadas de ejercicio periodístico y más de veinte años de recuerdos interesados. Publicados en la prensa escrita –básicamente en Ahora o en La Luz –, y en la esfera digital –en los portales Baibrama o Cubarte y en La Jiribilla–, tienen como égida el quehacer cultural de Holguín, pero también penetraciones hacia la cultura y realidad cubanas, o apreciaciones de la sociedad venezolana, resultantes estas de una estancia del autor en la tierra de Bolívar y Chávez.

La presencia de Holguín es literal. Se viaja por sus caminos –Mayarí, Báguanos, Cueto, Banes, Freyre, Gibara –, justo porque este habanero de nacimiento ancló en ella por un municipio, Moa, allá por los finales de los 80. Seguimos sus rutas como proyectos culturales, también sus desafíos, más viejos y presentes. Nos detenemos en eventos que han conformado la geografía del territorio en los últimos veinte años: Fiesta Iberoamericana, Feria del Libro, Festival del Cine Pobre, Luna Llena, Semana de la Cultura y, por supuesto, las Romerías de Mayo, crisol de los múltiples esfuerzos del sistema cultural de la provincia y niña de los ojos de su creador desde que las fundó como presidente de la Asociación Hermanos Saíz en allí durante los álgidos 90. Soñamos con él, como soñaron otros, antes y después, las ambiciones y los alcances de convertir Holguín en capital cultural.

Adentro hay más contenidos y más experiencias para leer; eludo el intento de agotarlo todo en este pórtico. No se trata, eso sí, de una hagiografía de la cultura del nororiente insular. Precisa la voz interna, con sus conceptos y objetivos, que busca con el despliegue de este conjunto de eventos un vehículo para encarnar como parte insoslayable de la arquitectura espiritual de holguineras y holguineros; sabedor de que solo el arte y la cultura harán plenos a los habitantes de nuestra Isla, querida, venerada en estas páginas con sus luces y sombras. Sin disminuir las urgencias de un desarrollo cuyas bondades serán insoslayables columnas del propio impulso cultural.

Triana hace propuestas. Valora desde muy temprano el papel del turismo. Postula nuevos horizontes para la ciudad y lo urbano. Cuenta experiencias de otras partes. Pide tener en nuestro favor aspiraciones y sueños. Implica al estado del territorio y la crítica, delicada y exigente, se dirige más arriba. Espacios que faltan, prioridades no atendidas… Prueba particular del abismo entre nuestra potencialidad y las infraestructuras materiales, brecha agudizada en Holguín a pesar de la pelea que exultan estas páginas.  Y de muchas otras.

También es un buen ejemplo este libro de un periodismo diferente que tanto reclamamos. Evade los lugares comunes, la retórica y los vacíos discursos oficialistas. Cuenta con naturalidad otras visiones de lo que pasa en encuentros que no salen a la luz o hasta en reuniones oficiales. Piensa, apuesta, avisa de detalles que pasan por dentro, más elocuentes que la rala información; señas para el periodismo de hoy, llamado nuevamente a cambios que no se  despliegan en toda su necesidad.

Alexis Triana defiende y critica con la acción y la palabra, ambas transformadoras. Mira y hace por Holguín, desde allí, su tierra prometida, lucha por Cuba.

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