María Toda, una mujer que muere porque no muere

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El verso final de cada estrofa del poema “Aspiraciones de vida eterna, de Santa Teresa: que muero porque no muero, parece el destino de la mujer María, narrada por otra mujer, quien a su vez llega a nosotros de la mano de una tercera, Lourdes González. Salvo la que no se escucha, quien da título a esta novela alucinada, otras dos gargantas femeninas se alzan, imbuidas una de la siguiente, o mejor aún: habla una única voz en dos tiempos, para reproducir  un retrato hablado cuya mágica consecuencia es el estado femenino asocial, impúdico.

La búsqueda vertiginosa del placer conduce a la María de esta novela a su autodestrucción, porque no se resigna ante la imposibilidad de alcanzar el máximo gozo al que aspira, cansada de  llegar a la luna guiada por sí misma. María contiene el precepto vital Carpe Diem, aquella