“La guitarra sin envejecer”... a 45 años de Nueva Trova

Siempre que se cante con el corazón

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

El Silvio Rodríguez acabado de salir del servicio militar, delgaducho, viene caminando por la calle G con su guitarra; dobla por la esquina de 3ra., entra a Casa de las Américas. Corte directo. Víctor Casaus —unos añitos después— entrevista a jóvenes impacientes, en esa misma esquina del Vedado. Uno dice que la Sala Che Guevara es muy pequeña para tanta gente que quiere ver el recital. Corte directo. Un público apretujado y alterado le grita a Silvio, ya en la Sala, que ese concierto debió ser en un espacio grande, el Latino o el teatro Karl Marx. El trovador pide silencio: “Es cierto, qué es lo que pasa: este recital se quiso hacer aquí por el vínculo histórico que tenemos con la Casa de las Américas. Y entonces... eh.. Quizá haya locales más amplios, pero es probable, —es probable no—, es seguro que no hay un local más cálido para la Nueva Trova que la Casa de las Américas”. Corte. Se levanta del público (imagen de unos años antes) Haydée Santamaría, abraza a Silvio, aplausos y ovaciones. Disolvencia. Salita de proyecciones del ICAIC. Sara González y Noel Nicola se echan hacia adelante en sus asientos. Sara pregunta: ¿Ya? Noel repunta: “Y prepárate para lo que viene”. Sara: ¿Sí, No? ¡Ay, Dios mío! Alguien enciende el proyector. Ruedan secuencias del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Sara y Noel se emocionan recordando. Identifican. Eso sí es Casa de las Américas... Aquel es Pimentel… ¿Viste quién está ahí?....Guillermo Rodríguez Rivera... ¿Qué está tocando Emiliano Salvador... el piano o qué es eso?... desde la penumbra, Sara y Noel ven correr su tiempo, de pronto una imagen de Silvio, Pablo y Noel en aquel primer concierto de la Nueva Trova. En la pantalla es 18 de febrero de 1968. Cross fade de imagen congelada con la foto antológica de El Plátano, sobre ese mismo concierto fundacional. Comienza “La canción de la trova” y se desata un collage de fotos desde aquellos tiempos hasta la actualidad, cientos de trovadores se suceden en algo más de tres minutos en que las voces de Silvio y Adriano Rodríguez, cantan a la continuidad de la trova cubana... “Pues siempre que se cante con el corazón, habrá un sentido atento para la emoción de ver, que la guitarra es la guitarra, sin envejecer”.

Se apaga la pantalla gigante, se enciende el escenario. Estamos en la misma esquina de G y 3era., es igualmente 18 de febrero, pero 45 años después. Miles de jóvenes se esparcen por la avenida, al costado de la eterna Casa de las Américas.      

Se recuerda: El 18 de febrero de 1968 tres jóvenes subieron, guitarra en mano, al escenario de la Sala Che Guevara de Casa de las Américas, Pablo Milanés, Noel Nicola y Silvio Rodríguez, llegaba así a la vida de la nación la Nueva Trova. Haydée Santamaría, nuestra Yeyé, fue quien convocó a aquellos muchachones de canciones “raras” —mal mirados por algunos burócratas o de pensamiento rígido—, y les ofreció su sala, donde nuestro continente tiene el refugio para su arte y pensamiento de vanguardia. Se estrenó así ante el público una poética que, si bien era heredera de la canción trovadoresca tradicional, traía nuevos lenguajes y, especialmente, nuevas temáticas a abordar. La revolución cubana, en plena ebullición, empezaba a virar esta tierra de una vez, y ese estremecimiento justiciero tenía que encontrar su canto —nuevo, porque nueva era la sociedad que se desbocaba.

Imagen: La Jiribilla

Aquel 18 de febrero de 1968, Silvio, Pablo y Noel, cantaron el puñado de canciones que tenían, insuficientes, para llenar un concierto que se alargara más allá de hora y media. El público pedía otra y otra, y llegó el momento en que tuvieron que confesar que se les habían agotado el repertorio. Cuenta la leyenda, que uno de ellos —al parecer Silvio— planteó el problema: “Se nos acabaron las canciones: o las repetimos o invitamos a unos amigos, que están en el público, y tienen también las suyas”. Subieron entonces Eduardo Ramos, Martin Rojas y Vicente Feliú, redondeando aquel concierto germinal.

Este Lunes 18 de febrero otros seis trovadores, convocados por la Unión de Jóvenes Comunistas y Casa de las Américas, tomaron la misma guitarra, la de la poesía, la del compromiso con un mundo mejor, la del amor; la guitarra irreverente y apasionada, a la que nadie ni nada puede ponerle precio, esa guitarra que es la guitarra sin envejecer, como dijera en su canción Silvio Rodríguez. La Nueva Trova, con los aires que exigen estos días, y con la esencia eterna del arte auténtico; la que mira a su entorno con aguda visión, la que se adentra en los laberintos humanos hurgando en sus sueños y dolores, retorna a la Casa de las Américas, sin envejecer, tras 45 años de incontables cantores.    

Gran concierto, miles de jóvenes cantaron y bailaron con los sones Matamorinos de Eduardo Sosa, con la sonoridad roqueada de Dieguito Gutiérrez y su banda, con la canción contagiosa y picaresca de Roly Berrio, con la fusión de ritmos afrocubanos y caribeños de William Vivanco, con la guaracha contagiosa y de filosófico análisis social de Tony Ávila, con el sabor y energía de Kelvis Ochoa. Poéticas diversas que sintetizan un movimiento trovadoresco inapresable; confluyen hoy varias generaciones de la Nueva Trova Cubana, ampliando los márgenes de sonoridades y maneras de decir, pero siempre con un respeto por la calidad literaria, acudiendo al juego inteligente de ideas, desde la sinceridad, la autenticidad, desde la herejía soñadora.         

Resultó una fiesta muy especial donde confluyeron las canciones con todo un espectáculo visual. Cada canción llevó un diálogo paralelo en pantalla a veces con fotos, con videos, con pinturas de artistas plásticos nuestros, como Rancaño, el inolvidable Bonachea, Fariñas, Fabelo, Abela, y muchos otros; la estrecha relación con lo que iban diciendo las canciones multiplicaron las poéticas. Algunas canciones fueron acompañadas por fotos en las que transcurrieron 45 años de peñas y conciertos, con cientos de trovadores en momentos diversos: desde Vicente Feliú, Amaury Pérez, Pedro Luis Ferrer, Augusto Blanca, Miriam Ramos, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Moncada, Santiago Feliú, Donato Poveda, Mayohuacán, Frank Delgado, Juan Carlos Pérez, Pepe Ordás, hasta las generaciones más recientes Samuel Águila, Fernando Bécquer, Ihosvany Bernal, Ariel Díaz, Adrián Berazain, Ray Fernández, Liliana Héctor, dúo Karma, Yusa, Manolito Bas, en fin, una confluencia de generaciones que hacen de la canción poética cubana un ajiaco de dimensiones espirituales inapresables.

Hay que destacar en este acontecimiento vivido durante casi tres horas, que cada trovador de los de hoy trajo su versión de alguno de esos clásicos. Eduardo Sosa le puso su estremecedora voz a “Créeme”, de Vicente Feliú; Dieguito Gutiérrez se llevó las almas con su íntima versión de “Es más, te perdono”, de Noel Nicola; Roly Berrio invitó a Yaima Orozco e hicieron muy suyo el son de Sara “Amor de millones”, William Vivanco trajo, desgarrada, “Esta canción”, de Silvio; Tony Ávila no renunció al contagio de “Proposiciones”, de Pablo Milanés; el cierre del concierto fue una tromba marina, con Kelvis Ochoa haciendo su explosiva interpretación de “La canción de la Comuna Juvenil del Centenario”, de Silvio y Pablo y que marcó el momento climático del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Fue un cierre donde todos cantamos mientras en pantalla veíamos imágenes del legendario grupo.

Fue una gran fiesta de la Nueva Trova y en el aire quedó una propuesta que fue aplaudida por todos: hacer cada 18 de febrero, un concierto allí, al costado de Casa de las Américas, recordando el recital primero, igualmente, declarar esa fecha el Día de la Nueva Trova Cubana.         

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