Trovar las 40

Eduardo Sosa: Cantar con ángel y con demonio

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba

El 18 de febrero de 1968 tuvo lugar el primer concierto de Pablo Milanés, Noel Nicola y Silvio Rodríguez en la Casa de las Américas. Unos años más tarde, el 2 de diciembre de 1972 se celebró la reunión de trovadores en Manzanillo que diera lugar al posterior surgimiento del Movimiento de la Nueva Trova un importante aniversario para nuestra cultura. A propósito de esas fechas, La Jiribilla ofrece esta serie de entrevistas a varias figuras que, desde entonces y hasta ahora siguen trovando las cuarenta, desde sus guitarras y sus vidas.
 

Dentro de esa generación trovadoresca que ronda ahora sus primeros cuarenta y tantos años de vida, hay uno de sus integrantes que posee una singular mixtura de cualidades y herencias. Si hay algún trovador, dentro de ese grupo que nacía casi a la vez que el Movimiento de la Nueva Trova, que reúna en sus genes las dosis adecuadas de la trova más pura y los sedimentos rítmicos más raigales cubanos, además de la voz y el sentimiento suficiente como para encarar también los retos del filin, el bolero, o la canción trovera más actual, ese es, sin duda, Eduardo Sosa.

Santiaguero de cuna, gozador y explorador de los secretos escondidos de sones o “changüises”, magnífico intérprete, los últimos años de su trabajo lo han acercado de manera cada vez mayor a sus, o más bien a nuestras, raíces. Además de sus propias canciones, Sosa ha ido incorporando poco a poco a sus líneas musicales el seguir manteniendo vivas, y con sonoridades actuales, muchas de las mejores canciones de lo mejor de nuestro patrimonio sonoro. En un dueto ocasional que incluyó varias actuaciones con Pepe Ordás, lo vimos encarar una serie de canciones de la Trova Tradicional en un trabajo que pide a gritos ser grabado en disco. Ahora, apoyado en la rica veta guitarrística (trovera y filinera) de Dayron Ortega, anda edificando también sus versiones de varios temas clásicos entre nuestros más imperecederos boleros, donde el filin, por supuesto, no puede faltar. Otro hallazgo, que ojalá quede registrado en un álbum en algún momento.

Como pocos trovadores de su generación, Sosa conoce profundamente la Trova toda. Como pocos, además, es capaz de desdoblarse en espectador y evaluarse, a sí mismo y a sus correligionarios, con vista crítica y hondura. Como demuestra en sus respuestas, no basta solo con pararse a decir una canción. Es preciso saber también para qué y por qué se hace.

Demos paso entonces a escuchar las respuestas de este artista. Quizá, como palpable demostración de los legados que puede aportar la cultura, basta decir que Eduardo Sosa, contaba apenas con unos meses de vida, cuando en otra oriental ciudad, Manzanillo, se gestaba el importante nacimiento del Movimiento de la Nueva Trova (MNT). Esa misma trova a la que hoy Sosa pone cuerdas, voz y vida, compartiendo el alma con cada canción.

Quisiera, a propósito de esta conversación, actualizar un poco al público. ¿En qué te mantienes ocupado en estos momentos?

Estoy en varias cosas. Sigo haciendo mi peña en la Casa del ALBA, en la Capital. Acabo de hacer una selección de temas de filin y en esa cuerda estoy trabajando con el guitarrista Dayron Ortega. Probé ese repertorio en la peña y fue una noche fantástica, por la comunicación y el ambiente que se generó con el público. Y en otra ocasión lo hicimos en la peña Marcos Valcárcel, que hace Pepe Ordás en Guanabacoa, donde además del propio Pepe en las voces, tuve el lujazo de que Pancho Amat nos acompañara en el tres. Fue una tarde de filin y de la trova de todas las edades.

Mantengo también mi peña en Santa Clara y cada dos meses la llevo a Camagüey. Y ahora mismo voy a los ensayos, la prueba de fuego, para comenzar a hacer esa misma peña en Santiago de Cuba. Las razones son obvias, soy santiaguero, eso redundará en un mejor aire para el Festival de la Trova Pepe Sánchez, por los invitados que pienso llevar, y todo eso creo que puede ser muy positivo. Además me estreno como conductor de espacios de televisión, ya están al aire los programas Entre manos, que estoy haciendo con Marta Campos.

Tengo prevista una gira con Pepe Ordás, con fecha por definir. Vamos a acompañar la presentación de un libro, que lleva incorporado un disco, y que escribió el maestro Lino Betancourt, sobre canciones patrióticas en la historia de la Trova. Ahí pensamos montar algunos temas y estaremos en varios lugares, por todo el país.

Lo otro es el trabajo en mi próximo disco. Estamos ya en proceso de maquetear, los arreglos se están haciendo, la cosa va más en serio. El productor es David Álvarez y ahora el propio Dayron Ortega se suma como una especie de coproductor, de arreglista, de aportador de cosas musicales. Hay arreglos míos, de David, de Renecito Avich. Y ya nos estamos divirtiendo mucho, desde el propio trabajo de mesa, de preproducción. Por ejemplo, vamos a ir a grabar un changüí, a buscar los sonidos autóctonos del changüí y nos vamos allá a Guantánamo a grabarlos. Vamos a usar el órgano manzanillero, algo que me tiene muy ilusionado… En fin, que ya nos estamos divirtiendo, antes de empezar.

Grosso modo, ¿diferencias y semejanzas con tu disco anterior?

Se parece al anterior en el hecho de mantener la defensa de los géneros cubanos. La defensa del sonido realmente cubano. Algunos temas con un poco de detalles más contemporáneos, para buscar un sonido más actual, pero fundamentalmente en esa cuerda. Hay canciones de origen muy rural, algo que yo no puedo evitar y que sigo cultivando. La diferencia con el otro disco está en la madurez de las canciones. Creo que son temas con un tiempo, con un recorrido. Ese disco, hasta ahora, debe llamarse Mañanita de montaña. Todo esto es el andamiaje en el que ando metido.

Cambiemos de fechas, desde el ahora al ayer. ¿Dónde estabas el 2 de Diciembre de 1972?

Estaba en El Jobo. Yo nací el 18 abril de ese mismo año. Siempre digo que soy de Tumba Siete, pero en realidad nací en El Jobo, que queda a unos diez kilómetros más arriba de Tumba Siete. Mis abuelos tenían una finca llamada La Hilda, por el nombre de mi mamá. Tuve un bisabuelo que fue integrante de la escolta de José Maceo y a los veteranos les dieron tierras por allí. Estaba en El Jobo, con apenas nueve meses.

Pero han pasado 40 años de que surgiera el Movimiento de la Nueva Trova. ¿Se hace o se oye menos trova ahora, se ha puesto vieja?

No, no se ha puesto vieja. Déjame decirte que, como tú, yo también creo que la Trova es una sola. En cada etapa histórica ha tenido sus características musicales y literarias, aunque se le sigue cantando a los mismos temas, la mujer, la patria, los amigos, en fin. Se siguen usando los resortes de cada época. En su momento, con la Nueva Trova por ejemplo, hubo influencia de los Beatles, de los brasileños… en fin. Ahora hay un grupo de músicos (muchos que se dicen trovadores pero yo no los considero así, creo que son cantautores, gente que hace sus canciones, pero no son trovadores), pues, que están redescubriendo nada más y nada menos que el rock argentino. Los oyes y están haciendo rock argentino, una onda pre Charly, ni siquiera el rock argentino más complejo.

La música es bastante cíclica. Pero como mismo hay quien se deja influir por eso, hubo en su momento influencias de la jazz band, en los 40, y tal. En los años 20 debe haber sido el ragtime. A un tipo como Sindo lo influenciaba la ópera italiana. Siempre ha habido influencias de la música foránea. El asunto está en que siempre ha existido una sonoridad cubana dentro de cada tendencia, en cada momento de la historia de la trova.

Hay muchos trovadores haciendo cosas interesantísimas ahora mismo, pero no son, desafortunadamente, los más conocidos, los más privilegiados con el tema de la promoción. Hay un Ariel Barreiros, un Roly Berrío, un Leonardo García, que son impresionantes. Está José Aquiles, en Santiago. Está la obra de una Yamira Díaz, en Pinar del Río, que es una preciosura. Pero son creadores que no tienen una presencia en los medios, quizá por el fatalismo geográfico o porque no logran el impulso para hacerse de un huequito.

Hay que decir que estos temas los hemos tratado otras veces, pero creo que hay seguir insistiendo, porque no hay soluciones.

No se remedia. Hay mucha gente haciendo una obra muy sólida, pero no se conoce. Desgraciadamente, tienes que venir a La Habana para hacerte notar por los medios. Mira, hay un trovador como Nelsito Valdés que ha pasado un año fuera de su provincia, en misión de trabajo en Venezuela. Ahora llegó de vuelta, reapareció, y tiene que empezar otra vez de cero, porque no se difunde su trabajo.

¿Culpa de qué o de quién puede ser eso?

No quiero ser injusto con nadie. No quiero pecar de creer que yo me las sé todas. Hay, en teoría, instituciones con una estrategia establecida. Pero en la práctica es imposible. Incluso, existe un sitio en La Habana que se llama Casa de las Promociones, para que los músicos de las provincias puedan venir para hacer sus promociones a nivel nacional, desde los medios nacionales. Pero la capacidad es limitada y todos sabemos la gran cantidad de músicos que hay en la Isla.

¿Y con respecto a la trova?

Ahí hay culpa de los propios trovadores que a veces no buscamos las mejores vías para impulsar nuestra música. Del otro lado, hay una saturación, hay un mal manejo del equilibrio de géneros que se mueve en los medios. Ese desequilibrio provoca que cuando aparece alguien con una cosa nueva tiene que ser algo que impacte de modo comercial, o que tenga una campaña detrás que lo promocione en todos los medios. De otro modo es muy difícil. Mira, Leonardo García, es para mí, de mi generación, el tipo que mejores canciones hace en Cuba. Pero Leonardo llega a La Habana, va a un programa de radio y si no hay un director que tenga sensibilidad y conocimiento de sus misiones en un medio, esas canciones preciosas de Leonardo, no se van a difundir. Porque el propio director dice que necesita audiencia. Hemos llegado al absurdo del tema de las audiencias en un país donde los medios se supone que son estatales. Entonces no hay motivo para estar buscando ratings y ese tipo de cosas. La culpa anda por todas esas razones. 

Ahora bien, independientemente de los medios, de quienes los dirigen, de las instituciones y sus dirigentes y tal, los músicos tienen que poner interés, esfuerzo y sacrificio para promover su obra. Y hay que enseñar a las personas a escuchar.

Hubo cierto momento en el que hablamos de una especie de “peñerismo” desatado en algunos espacios de trova, donde se iba a intercambiar, conversar y beber, y el trovador era como un adjunto del menú. Ahora ha habido un traslado a los sitios nocturnos, donde hay un público que paga y, por supuesto, consume. ¿Funcionan igual esos espacios, también se va a hacer vida social y no a escuchar?

Si te soy sincero, y por suerte para mí, voy muy poco a esos espacios. Cuando lo hago es porque algún amigo me ha invitado para hacer un par de temas con él. Sé que hay trovadores trabajando en varios lugares, me han dicho que algunos funcionan bien, pero no conozco mucho. Hay lugares de los que no te puedo decir ni qué color tienen. Ahora, las veces que he estado, como invitado de algún amigo, pues… a mí sigue sin gustarme. Cuando yo tengo que competir con los que están abajo, para que se oiga y se preste atención a lo que estoy haciendo, pues, sencillamente cedo el espacio. No por cobardía, sino porque no tiene sentido. Hay quien hace música para guarachar, pero hay quien hace música para escuchar. Además, el público es un elemento muy importante.

Pregúntate, qué público puede pagar cincuenta pesos de una entrada, un peso convertible por una cerveza o un poco más por una botella de ron, y multiplícalo todo por dos si vas con tu pareja. Para no hablar de transporte cuando sales tarde de un sitio nocturno y demás. Tú has estado en mi peña, que es gratis, y has visto cómo se porta el público, que va allí porque le interesa oír algo que lo alimenta espiritualmente. Has estado en la peña de Pepe Ordás, que es gratis, para ver, no sé, a Pacho Amat, uno de los mejores músicos de este país, con el Cabildo del Son o haciendo un bolero, un filin, un tema tradicional. Y se goza, pero se oye.

¿Qué herencias nos ha dejado ese transcurrir de más de 40 años de la Nueva Trova como corriente creativa y del MNT como institución formal?

En mi criterio, el surgimiento de la Nueva Trova como corriente creativa, el surgimiento de ese grupo de creadores que integraron la Nueva Trova, es el suceso cultural más importante después del triunfo de la Revolución. En nuestra área, en América Latina, que es nuestro norte, musicalmente lo que se reconoce de Cuba es a la Nueva Trova y a los trovadores. Con la excepción de algunas plazas como Perú, donde también funcionan fenómenos como la salsa o la timba. Los europeos, que nos siguen viendo como los que llegamos quinientos años después, lo que quieren es divertirse y prefieren el son y esas cosas. Además de que pesa un poco la barrera idiomática.

Después del triunfo de la Revolución, culturalmente, en el ámbito musical, quiero aclarar, no ha sucedido nada más importante que el surgimiento de la Nueva Trova, que el aglutinamiento de ese grupo de creadores. Aquí estamos detrás del ICAIC, donde ocurrieron cosas como la existencia del Grupo de Experimentación Sonora, un hecho extraordinario… Esa gente nos enseñó a pensar. Si después de 40 años, aunque haya quien prefiere dar brincos y divertirse, todavía ese mismo que brinca, si hoy necesita oír algo para reflexionar, recurre a la Nueva Trova. Es triste porque a la vez se desconoce bastante de la obra de los trovadores anteriores. Se conocen un poco las canciones, pero no se interioriza todo lo que significó la existencia de esos trovadores, incluso para los propios fundadores del Movimiento de la Nueva Trova. Pero cuando se habla, así por arriba, de música y de canciones que pueden moverte las ideas, se dice Nueva Trova. Cuando se habla de gente que mantiene una ética, un sentido de pertenencia, de coherencia, aunque pasen los tiempos y se mejore en estatus económico, hay que decir Nueva Trova. Son quienes siguen rebeldes, con un pensamiento lúcido, que representen a los jóvenes o a los viejos. Esa es la Nueva Trova, esa es la Trova toda.

¿Crees que eso sigue vigente?

Sí, sigue vigente. Mira, se le atribuye una anécdota a Napoleón. Un asesor le sugiere, Emperador, vamos a “meterle mano” a China. Napoleón sabiamente le contestó que no, le dijo que China era un gigante dormido al que era mejor no despertar. La Trova es ese gigante dormido, la Nueva Trova es un gigante, dormido, pero está ahí.

¿Qué hace falta para que no se mantenga dormido por mucho tiempo?

Eso nos toca a un montón de gente. Los representantes de esa manera de hacer, tenemos que seguir adelante, tenemos que seguir manteniendo una ética, un empuje y defender eso que nos gusta y que es tan valioso. ¿Por qué tienes que entregarte al mercado? ¿Por qué tenemos que entregarnos a un público que ni siquiera va a oírte? No, párate ahí y canta de verdad, lo que te toca, lo que va, educa a la gente. Busca la manera de que en esas personas se despierte el gigante de ese público precioso que siempre tuvo la trova en Cuba. Ese que escuchaba, que compartía, que incluso sufría y lloraba con una canción. Se han confundido mucho los términos desde ciertos trovadores. Con eso de que lo que hace falta es desconectar, la gozadera y despejar. Se han confundido los públicos. Lo que no se te pueden es aflojar las piernas. Nosotros mismos tenemos que defender los espacios, con vehemencia, con deseos. No hay que dejarse arrastrar por las nuevas tendencias si estas van en contra de las esencias de lo que uno representa.

Hazme un ejercicio de profecía: ¿Qué celebraremos dentro de 40 años?

Se va a celebrar también el cumpleaños del surgimiento del Movimiento de la Nueva Trova. Las tecnologías van a seguir avanzando, los programas y todos los inventos. Todo se va a seguir desarrollando. Pero nada, absolutamente nada, podrá sustituir la magia de un hombre o de una mujer con una guitarra trasmitiendo sentimiento y tratando de que la gente a la vez lo sienta como suyo y lo devuelva.

Incluso, si llega la hecatombe mundial y se va a pique toda esta porquería, pues, en algún lugar del famoso limbo ese, del cielo o de lo que sea, habrá alguien con una guitarra. No sé si con alitas o con un rabito colorao con una flecha en la punta. Incluso, no hay que ser tan angelical tampoco cuando vas cantar, hay que ser un poquito diabólico también, hay que tener su demonio. Pero ya sea como ángel o como diablo, como hombre, como mujer, o como la especie que sea en ese momento, va a haber alguien con una guitarra. Eso es imposible de sustituir por ninguna tecnología.

Además, la historia no borra a quienes te hacen mejores personas, o al menos te ayudan a ser mejores personas, y te ayudan a pensar. A quienes hacen eso, con canciones, con una guitarra, es imposible que la historia los borre.

 

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