Paco Ignacio Taibo II: tres palabras auténticamente mexicanas

Alejandro Madorrán • La Habana, Cuba

Para el escritor Paco Ignacio Taibo II, o Pit, como también se le conoce, fumar cigarrillos es un vicio impostergable; incluso, no se resiste a salir en mitad de un coloquio, como en los que ha participado aquí en la Feria del Libro, para saborear la dosis de nicotina. Vino desde México con su brigada Para leer en libertad, un pequeño grupo de personas que busca rescatar la lectura en el país azteca. Ha regalado libros y participado en conversaciones sobre la connotación actual de la novela negra y la resistencia frente a la crisis del capitalismo. Hace casi un año dejó de ser el principal coordinador de la Semana Negra de Gijón para dedicarse con más tiempo a su compromiso político. Sobre el festival de la novela negra comentó: “fueron 25 años que lograron un éxito grande, se consiguió conectar a los escritores de América Latina con los de Europa y alcanzamos la mayoría de las expectativas a nivel de autores, editores y públicos. En los últimos años teníamos a la prensa conservadora todo el tiempo sobre nosotros; redimensionaron algunos accidentes para lograr sus objetivos, pero eran hechos que no tenían gran relevancia”.

A la edad de 15 años comenzó a escribir cuentos y algo de poesía. En 1975, luego de estudiar Sociología, Literatura e Historia, publica su primera novela Días de combate, la cual, comparada con su más reciente título, Olga Lavanderos, muestra a un autor que ha crecido considerablemente en su ámbito. “Un escritor es alguien que evoluciona o muere, la vida me ha hecho evolucionar. Sin la autocrítica no puedes continuar, te repites. El sentido es seguir buscando nuevas formas de contar”. Pasados sus años de estudiante, siempre vinculado a revueltas por cuestiones sociales y políticas, se dedicó al periodismo en publicaciones como Historia Obrera, Fin de siglo y Unomasuno; además, dirigió las revistas Enigma, Bronca y Siempre. Su legado literario, en gran parte, se lo debe a su padre Francisco Ignacio Taibo. “Mi padre fue una influencia clave para mí. Él tenía una idea muy clara de la literatura, la entendía como algo que tienes que darle a los demás. Sus juicios morales me influenciaron enormemente. Significa, sin duda, un peso positivo en mi vida”. Más que un escritor de series policíacas es un autor de la novela negra. Para él la diferencia radica en que la tradición detectivesca, como la representada por Agatha Christie, solo pretende mostrar a los lectores quiénes y cómo se producen los acontecimientos relatados, pero la negra va más allá, pues intenta indagar en el incómodo porqué de los hechos.

“La novela puede llegar a ser más profunda que el periodismo, en el sentido de que toca capas que este no ve. Puede descubrir dimensiones de lo subjetivo, las atmósferas, lo que la gente piensa; o sea, el rumor. En ese sentido, a veces —aunque no obligatoriamente—, la novela adquiere la capacidad de un análisis mayor de la sociedad, incluso más allá de un ensayo sociológico.”

Paco propone una nueva perspectiva en el uso de la literatura. La novela negra, en su opinión, no precisa de pruebas ni de argumentos objetivos comprobables para mostrar la realidad y es precisamente eso lo que en ocasiones le permite llegar a lugares insospechados. “Acababa de publicar una historia ficticia sobre un asesinato con personas corruptas implicadas y a los días comencé a recibir llamadas amenazadoras en mi casa.  Efectivamente, di en la clave”. Este género narrativo ha logrado ganarse un puesto de gran relevancia entre los lectores de todo el mundo. “Le ganamos la guerra a la literatura blanca, primero se la ganamos con los lectores, que era donde había que ganarla. Luego, hasta los críticos más ásperos se rindieron. Todos dicen, ¡ah!, qué interesante la exploración que hace de los fenómenos sociales, y sin embargo no se han leído una novela negra en su vida”. A pesar del creciente éxito del género, Paco Ignacio advierte el peligro presente en el reconocimiento de las instituciones e instancias gubernamentales. “Nos estamos volviendo respetables, ganamos premios y hasta nos hacen homenajes. El problema de volverse respetable es que cuando perdamos el filo crítico, el filo provocador, la irreverencia, nos vamos a volver novela gris. Evitaremos contar el desgaste de las sociedades y las relaciones profundas entre crimen y poder”.

Francisco, Paco, ya se despide por esta vez de la Feria y de Cuba. Pero no sin dejar, como recuerdo a quienes lo escucharon y vieron entre las paredes de las salas de presentaciones o fumando en la puerta, su acento mexicanísimo y su humor cáustico. Una vez más, lo hace con la certeza de que volverá, pues, como ya ha reconocido, nuestro país es un recuerdo perenne de su primer contacto con el continente americano. “En 1958, cuando era niño, salí exiliado con mi familia desde España hacia México. El barco se detuvo en el puerto de La Habana y el capitán llamó a mi papá, que era periodista, para la cabina de radio. Entonces, oímos órdenes de una batalla trasmitidas por una emisora de onda corta. El que hablaba, un hombre de acento argentino, era el Che. Era la batalla de Santa Clara. Las fechas coinciden, es mi primera relación con Cuba”.

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