Ediciones La Memoria o la vocación de recontar historias

Analía Casado Medina • La Habana, Cuba

Historias en primera persona, pequeñas historias que van imbricándose con el relato de procesos sociales; personajes anónimos que, a la sombra de revoluciones, de profundas metamorfosis, van moldeándose al ritmo de los cambios dramáticos de contexto, no sin fracturas o traumas. Dicen que el hombre es el mismo, no importan las latitudes, y eso parecen demostrar, desde puntos de vista diversos, desde perspectivas distintas, los títulos Médicos revolucionarios, de Steve Brouwer, y Crónica desde las entrañas, de Manuel Juan Somoza, libros que propuso en su última jornada de presentaciones en la Feria Internacional del Libro Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el Centro de Estudios Martianos.

Imagen: La Jiribilla

Pero antes de iniciar el relato sobre los pormenores del diálogo que se generó a propósito de estos volúmenes, corresponde dedicar una líneas al resumen que hiciera Vivian Núñez, editora jefa de la casa de publicaciones, sobre el quehacer del Centro Pablo en la Feria: 12 textos de diversas temáticas puso La Memoria a disposición del público; se preparó en el formato de libro digital, junto a Ruth Casa Editorial, Que levante la mano la guitarra, de Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras; se otorgó el Premio Pablo a dos relevantes figuras del panorama cultural cubano: Eduardo Heras León y Pedro Pablo Rodríguez. Y en cada una de estas jornadas, desde la inaugural con Enigmas y otras conversaciones hasta esta que referenciamos hoy, trovadores y cantautores han tomado parte de la escena. Además, prestigió el programa del Centro los conciertos de la cantora argentina Liliana Herrero, quien realiza actualmente una gira por el interior de la Isla.

Comenzamos, ahora sí, con los títulos que nos ocupan. Para Víctor Casaus, Médicos revolucionarios reúne las características de las poéticas/políticas del Centro Pablo, inspiradas en el pensamiento del héroe de Majadahonda, en tanto la poesía y la creación se tornan imprescindibles para el análisis de nuestras circunstancias —que serían las políticas— y, del mismo modo, la política se permea de la poesía, de la imaginación, para que no se convierta en un ejercicio repetitivo o baldío.

Confluencias felices que han creado amistades duraderas —Casaus y Steve, Steve y el traductor y prologuista del libro, Germán Piniella— hacen de esta primera versión al español de Médicos revolucionarios una justa reverencia a la labor de médicos y personal de salud cubano que desempeñan su labor en tierras venezolanas: una de las virtudes de Brouwer es abrirnos a una realidad mayor, el “ponernos al día a los cubanos” —señaló Casaus— porque en ocasiones la épica internacionalista de estos profesionales es considerada como un hecho consumado.

Política e historia se entrelazan en el género testimonial, destaca Casaus, historias, modos y experiencias de vida confluyen aquí con una sistematización —necesaria por prácticamente inexistente— de los pormenores de la misión médica de la Isla en Venezuela; de los avatares que dicta una cotidianidad, costumbres e idiosincrasia diferentes a la cubana; del nuevo modelo de sistema de salud que se construye. Pero también se abordan tópicos relacionados con la integración latinoamericana, se relata la historia del internacionalismo cubano en el campo de la medicina, se actualizan y rescatan miradas sobre el asunto. De ahí que Víctor Casaus lo considere como un libro indispensable para acercarse al tema.

Imagen: La Jiribilla

Por otro lado, el autor es de esos intelectuales norteamericanos que analizan y critican las políticas de su país hacia el resto del mundo, como lo hicieron otros en épocas anteriores (pensemos en el periodo de la guerra de Vietnam). Sin embargo, precisamos de muchos más pensadores que enfrenten con agudeza los grandes retos que imponen los EE.UU., manifestó Casaus, ahora que otras guerras y otras batallas tienen lugar. En esta cuerda el cineasta recordó una reciente función de la compañía infantil La Colmenita, en la cual, cuando se hablaba de los Cinco héroes cubanos injustamente encarcelados en EE.UU., se decía “no son láminas, no son láminas”, y con esta misma perspectiva que descubre sin edulcoramientos la complejidad de la existencia, desde la verdad, que más que el silencio debería ser la forma de combatir la guerra mediática, Brouwer cuenta del internacionalismo médico cubano.

Por su parte, el escritor norteamericano conversó sobre un comercial recurrente en la televisión de su país, compuesto por una imagen de las fuerzas armadas de los EE.UU. y una frase: “una fuerza global de lo bueno, una fuerza global del bien”. Pero ninguna información podrá encontrarse en los grandes medios de ese país sobre la misión médica cubana en diversas geografías del orbe, sobre el ejército de batas blancas que constituye “la fuerza verdadera del bien”, añadió el intelectual norteamericano, para quien su nación no tiene vergüenza alguna, pues es el abanderado de una guerra imperialista mientras habla de librar al mundo del mal.

Brouwer compartió sus lecturas de El año de todos los sueños, libro de Ediciones La Memoria que recorre la experiencia cubana en materia de alfabetización. Germán Sánchez Otero, su autor, habla de un ejército sublime, y para Steve así también puede ser calificado el extenso grupo de profesionales de la salud que brindan sus servicios en Venezuela.

Esta gran fuerza global debe seguir las premisas trazadas por Fidel Castro, quien reveló que esta era una batalla contra el egoísmo; de José Martí, para quien hacer era la mejor manera de decir; de Ernesto Guevara, que consideraba que para ser médico revolucionario, o revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución; y de Hugo Chávez, con aquello de que es la hora de pasar a la ofensiva y rescatar el concepto de socialismo, concluyó Brouwer, quien dedicó esta presentación al presidente venezolano.

No por último menos importante, comenzó el intercambio sobre Crónica desde las entrañas, diálogo liderado por Aurelio Alonso, director de la revista Casa de las Américas. Si por lo general estas introducciones son realizadas por personas cercanas a los autores, este no es el caso, expuso el investigador, por el contrario: estar aquí hoy es el resultado de un grupo de causalidades que empezaron cuando Xenia Reloba, editora del texto, me pidió un aval para esta entrega. “No sin reticencias, porque este no es mi campo de especialidad, me aventuré a la lectura de estas páginas, y para mi sorpresa, me atrapó y me impactó, y terminé haciendo lo que se me había pedido. Luego fue Somoza quien me solicitó que redactara el prólogo, y quien ahora, se arriesga a que lo decepcione por tercera oportunidad con esta presentación”, acotó.

Imagen: La Jiribilla

“Este proyecto va a tener lecturas distintas desde distintas generaciones, pero en cualquier caso nos permitirá acercarnos a la historia revolucionaria desde la premisa de que no estamos ante un acontecimiento nuevo: este relato nos devela que en ocasiones perdemos de vista la conversión del presente en pasado, y la forma en que se transmuta en materia de la historia lo que hemos vivido: hablamos del Período Especial —que todavía no ha terminado— y no nos damos cuenta de que es la tercera parte de la duración del proceso revolucionario”, comentó Alonso.

Añadió que “este volumen lo tiene todo y constituye un recuento de 50 años de glorias y agonías: es una obra bibliográfica, y a la par, un recorrido exhaustivo por la historia nacional, a mi juicio muy bien logrado”, precisó, tras añadir que Crónica… ilustra tres grandes etapas de esta Revolución que es un gran drama: por las esperanzas frustradas que tenemos todos y que no perdemos; por las duras condiciones económicas que han acompañado el cambio social, y pensemos en el aislamiento que sufrió Cuba al triunfo de 1959, con la expulsión del país de la Organización de Estados Americanos.

Prometiendo ser breve —y cumpliéndolo—, porque, a fin de cuentas, “todo lo que tenía que decir quedó dicho en estas 372 páginas que dan cuerpo a Crónica…”, dio inicio a su intervención Manuel Juan Somoza, quien precisó que se trata de una visión personal de los logros, amarguras, desilusiones y esperanzas de una familia cubana en el estremecedor tramo de vida nacional que va desde 1959 hasta 2010. “Cada capítulo cuenta de tres tiempos: el Periodo Especial, esa crisis que lo puso todo a prueba; el decenio que arranca con el triunfo esperanzador de la Revolución; y los años 70 y 80 del pasado siglo, cuando los tonos grises, poco a poco, fueron imperando en la vida del país, y la burocracia política y administrativa engordó y se hizo poderosa”, expresó.

Agregó que este testimonio, dirigido a todos los que sienten por Cuba, donde quiera que se encuentren, se ha nutrido también con el pensar y actuar de compañeros entrañables, siempre desde el anonimato del duro día a día que ha caracterizado al último medio siglo. Asimismo, el compendio deviene modesto tributo a esa generación de cubanas y cubanos que lo dieron todo por construir una utopía, sin pedir ni esperar nada a cambio, expresó el periodista.

Según Somoza, el propósito de este trabajo es que “nuestros hijos y nietos exploren otro tanto las circunstancias muchas veces dramáticas en que vivieron sus padres, y mediante ellos, a esta joven historia de la nación cubana. Por eso considero que ha valido la pena aventurarme en este testimonio; y que siempre valdrá la pena vivir y luchar por lo que uno cree, por caro que cueste”.

Una vez más la música complementó las presentaciones de Ediciones La Memoria en la Feria Internacional del Libro. Y con la certeza de que para que haya mundo y humanidad tiene que haber de todo, de que se puede cambiar sin que se dañen las estructuras, certeza que defienden desde diferentes perspectivas los autores de Médicos revolucionarios y Crónica desde las entrañas, Tony Ávila dio fin a este encuentro, demostrando que son infinitas las maneras de estimular el pensamiento, de buscar la belleza, de contar.

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