Despedida y legado

Aurelio Alonso • La Habana, Cuba

No hay motivo para disimular que todos los cubanos hemos vivido, junto al pueblo venezolano y a los humildes de América, semanas de angustia, para no delatarnos al cruzar las miradas calladas, convencidos en el fondo de que el inmediato retorno del Presidente hermano a La Habana, después de su arrolladora elección, y la nueva intervención quirúrgica anunciaban la gravedad de su estado. El Comandante Hugo Chávez le ponía el pecho al combate definitivo. El que debía librar con la enfermedad implacable. Y no se abandonaba a lo inevitable sino que salía a enfrentarla en desigual lid.

Hugo Chavez

El titán que, con el apoyo de su pueblo, había anulado airoso la asonada golpista una década atrás, que respondió a la embestida del capital petrolero rescatando la riqueza principal de su tierra para el bien común, que no tuvo duda en someter la legitimidad de su liderazgo a la prueba de las urnas ocho veces en solo diez años, no estará físicamente en los próximos combates.

La Revolución Bolivariana que él encabezó le dio al venezolano humilde la dignidad que la riqueza petrolera usurpada le había negado durante más de seis décadas: el acceso a la cultura, a la salud, al trabajo, al techo necesario. Le dio el derecho a la vida, que no pueden conocer los hombres y las mujeres que padecen el hambre. Los verdaderos derechos humanos que son los que comienzan por remontar las condiciones de desamparo.

Chávez fue más lejos aún en su marcha gloriosa. Atravesó fronteras, en son de paz, para forjar el despegue del proceso de la integración de nuestra América soñado por Bolívar en los albores del xix y reclamado por Martí al ocaso del propio siglo, cuando el sometimiento por el imperio del norte se convertía en dura realidad.

Lo monumental de la gesta a la cual no solo dio aliento sino que le inyectó sangre liberadora, lo convierte en el hombre que imprimió al siglo xxi su marca definitoria. Lo hace en América, su América, pero la importancia de la llama que encendió, la armazón de una integración asentada en la solidaridad efectiva de nuestras naciones y la resistencia a la dominación del poder imperial, es una clarinada para la humanidad.

Convirtió a Venezuela en una verdadera potencia moral y deja al mapa americano el avance formidable de las instituciones sobre las que se puede edificar la unidad tantas veces soñada. Deja también el compromiso de la edificación, el compromiso que le toca a las generaciones de hoy y de mañana consumar.

Convencidos de que Chávez nos acompañará y nos guiará en la victoria definitiva, le aseguramos hoy que no será olvidado ni defraudado.

La Habana, 5 de marzo de 2013

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