Te exhorto a que continúes

A veces uno se cansa, y Fidel se enteró que yo hice algún comentario de un cansancio como espiritual, no tanto físico, porque uno se acuesta un ratico y pone los pies pa’ arriba. El cansancio espiritual es el más duro, ustedes saben. Y Fidel se enteró, me mandó un mensaje: “Quiero verte”. Aproveché un momentico y pasé por allá. Pero antes de ver a Fidel, di unas vueltas por un pueblo y qué cosa no, cuando estoy parado hablando con unos muchachos que iban en una carreta, eso fue lo que me hizo que me parara. ¿Saben? Ver al pueblo luchando aquí o allá en cualquier parte.

Unos muchachos muy jóvenes en una carreta tirada por una mula, montaña pa’ arriba. Nosotros veníamos en carro, yo me paro: “¡Epa, muchachos!”, “Chávez”, me dicen los muchachos, “¿qué hace por aquí?”. “Bueno, chico, por aquí” “¿Y para dónde van?”. Y me dicen: “Allá, mira, allá en aquella montaña está nuestra escuela”, un tecnológico “y tenemos que ir a presentar un trabajo”. Por ahí no hay transporte. Ellos hicieron la carreta de palo y una vieja mula de esas buenas pa’ allá, pa’ arriba compadre. Eran como las ocho de la mañana “¿Y a qué hora es la presentación del trabajo?” “A mediodía nos citó el profesor” “¿Cuándo regresan?”. “Regresamos esta tarde”. Esa es voluntad de superación, de lucha, porque es un pueblo que está bloqueado por los yanquis, bloqueado duro. Les niegan muchas cosas, le sabotean muchas cosas.

En eso estoy hablando con los muchachos y oigo un ruido en la montaña, en el monte que viene. Aparece un hombre con una mula, y los muchachos cuando me vieron se sorprendieron mucho, cosa natural y “¡Epa, Chávez, qué hace!”. El hombre aquel no. Me sorprendí de la imperturbabilidad de aquel ser humano. Él baja en la mula y me ve: “Chávez”. Pero imperturbable se bajó de la mula, nos dimos la mano. ¿Sabe lo que me dijo? Como si me hubiera leído no sé, yo no sé si fue que Fidel lo mandó. Estoy seguro que no. Estaba mi hijo conmigo. Aquel hombre me dijo: “Chávez, en tu lucha no tienes derecho a cansarte. Te exhorto a que continúes”. Y yo le digo: “¿De dónde tú sacas ese exhorto?” “No sé, es lo que se me ocurre decirte”. Y entonces me dijo: “Soy pastor evangélico. Dios te puso aquí en esta esquina y llegué yo y eso fue lo que me salió del alma. Te exhorto a que continúes”. Y después Fidel me lo repitió: “Te exhorto a que continúes”.

 

Anécdota incluida en el libro Cuentos del arañero, de Hugo Chávez Frías. Compilado por Orlando Oramas y Jorge Legañoa Alonso. Vadell Hermanos Editores, C.A. Venezuela, 2012.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato