A propósito de una precursora de la Escritura de la/s Diferencia/s

Una voz que clama en La Habana

Teresa Díaz Canals • La Habana, Cuba

Hrostvitha von Gandersheim fue una adelantada de su tiempo, nacida en Sajonia en el siglo X. Su condición de canonesa1 le permitía no hacer voto de pobreza y ello le otorgaba cierta movilidad. Aunque no se conocen detalles de su vida, todo indica que tuvo una posición social acomodada, pues en la abadía de esa ciudad  se admitía solo a la aristocracia. Conocía las obras de Horacio, Ovidio, Terencio, Virgilio y otros pensadores. Fue poeta, historiadora y la primera mujer que se convirtió en autora de teatro en Europa.

¿Por qué mencionamos en un evento de la escritura de lo Otro a esta mujer medieval? Ella escribió algunos dramas y sobre todo comedias. En un ambiente donde apenas la sonrisa de las mujeres era apreciada, la dramaturga provocaba una risa transgresora,  desatenta a la disposición jerárquica, excéntrica en sus escritos; la “bufonería” era un estilo que practicaba; escribía con ironía y así desafiaba el orden establecido. Muchas veces tuvo que utilizar otra manera de resistir: la ambigüedad en la palabra. Apenas decía lo que realmente quería decir, y al mismo tiempo no quería decir casi nada de lo que realmente decía, como la apelación al pudor, por ejemplo, para que sus textos no fueran destruidos.

En su práctica religiosa fue seguidora de la orden de San Benito. A través de su escritura se puede constatar la conciencia que alcanzó acerca de su identidad femenina. Después de su muerte fue trivializada, la tildaron de ser “el adorno” de la orden a la que pertenecía, el “ruiseñor del claustro.” Pero esto es solo una interpretación errada de la significación de alguien que propuso la cuestión de la solidaridad como vital, quien fue capaz de defender en sus obras a las mujeres del hecho de la violación sexual, ridiculizando a los agresores, de alguien que tuvo un sentido de la libertad personal. Todo lo contrario a esa pálida ubicación,  se consideraba a sí misma como “la voz fuerte de Gandersheim”. Este clamor lo podemos comparar con “yo la voz que clama en el desierto” de San Juan Bautista. Sabía del toque divino que posee toda creatividad humana y ello la hacía concientizar su propio talento.

Hubo algo que pasó en el encuentro de la diferencia, en el panel dedicado al feminismo. Las cubanas hablaron de sus experiencias, de insatisfacciones y preocupaciones. El espacio se tornó diálogo, una mujer que entró “de casualidad” escuchó muy atenta, expresó que años atrás fue violada y que su hijo era el resultado de esa violación. Lo dijo sin odio, fue parte de esas voces que enarbolaron un sentir muy fuerte, un pensamiento que clama de manera enérgica el respeto no solo a las mujeres, sino a todo lo que signifique, supuestamente, lo diferente: los viejos, la negritud, los enfermos, los discapacitados, los pobres. Pude percibir la presencia del espíritu de Hrotsvitha, del clamor de sus herederas, las teatristas actuales que aspiran a otra manera de concebir y vivir la realidad, que quieren contribuir a su transformación, que saben ya que tienen una tarea por delante, un desafío, que la ensoñación teatral no es solo la demostración de determinados valores oníricos, porque la verdadera valoración de todo espectáculo artístico de esta índole debe ser una señal que conozca y se refiera a  la sociedad, porque, en definitiva, toda valoración es de esencia social.



Nota:
1. A diferencia de las monjas, las canonesas  en ese tiempo  hacían voto de castidad y obediencia, pero no el de  pobreza.

 

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