Artes Plásticas

Exposición colectiva Clásicos del béisbol: La Pelota

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba

Desborda un torrente de cruel ofensiva
O queda atrapado en un fuego de strike
Será que el béisbol se parece a la vida
Será que sin él no podemos soñar
Dúo Buena Fe

 

Las prácticas deportivas se remontan a los ancestrales orígenes del hombre; su doble función, física e intelectual, adquirió para cada civilización diversas connotaciones: mágico-religiosas, bélicas o utilitarias. A través del decursar de la historia, las diferentes culturas  plasmaron en escritos, relieves escultóricos, murales y frescos, la relación indivisible que existía entre sus vidas cotidianas y el ejercicio físico.  

En la era actual, signada por las tecnologías y la mecanización de los procesos, el deporte es uno de esos grandes fenómenos que, de manera global, aúna a los diferentes países, como lo hicieran —de algún modo— hace dos milenios atrás, aquellas primeras Olimpiadas.

Por supuesto, cada país tiene un deporte nacional, que disfruta de la mayor afición de público y seguidores; para Cuba es el béisbol, la conocida “Pelota”, tan propia como el gusto mismo por el café, el arroz y los frijoles. Desde que el cubano nace, inconscientemente adquiere un bagaje cultural estrechamente relacionado con el béisbol. Se puede no ser seguidor de un equipo, desconocer las reglas del juego y, sin embargo, dominar la lógica de pensamiento de esta práctica, pues se asocia y usa en las propias situaciones de la vida diaria: “Compadre, eso es foul a la malla”, es decir, la acción que estás haciendo no tiene o tendrá ningún resultado; “Estás en tres y dos”, te encuentras en un momento crucial donde es obligatorio tomar una decisión; “Fulano metió jonrón con las bases llenas”, alguien tuvo un logro o le sucedió algo realmente bueno; o el conocido “cuarto bate” un individuo de muy buen comer y/o con una constitución física muy corpulenta.

Los Play Off de la Serie Nacional son una gran fiesta, donde el país se enferma de una fiebre deportiva. Y las conversaciones y comentarios en todos los lugares versan sobre lo mismo. Las radios de los transportes públicos trasmiten los juegos, en los noticieros deportivos y en las peñas se generan los más disímiles debates y predicciones, y las calles se llenan de la más variopinta imaginería popular: banderas, muñecos, carteles…

Desde el año 2006 se comenzó a realizar el Clásico Mundial de Béisbol, un evento que reúne a la elite de este deporte, a nivel mundial. Hasta esa fecha los encuentros internacionales de béisbol solo eran para los equipos amateur, a diferencia de otros deportes como el atletismo y el fútbol, que contaban con eventos de primer nivel.

La exposición colectiva Clásicos del béisbol es un homenaje de un grupo de artistas cubanos a la más reciente edición del evento, a la Pelota y a los jugadores cubanos en general. Curada por el creador Reinerio Tamayo, las piezas más allá de todo discurso puramente deportivo utilizan al “béisbol como justificación para abordar otros temas actuales de la sociedad”, como afirmara Ares —participante de la muestra— en la inauguración.

Imagen: La Jiribilla
"El cuarto bate", Reynerio Tamayo. 2013

 

Soportes promocionales como el cartel y el spot se integran coherentemente a la exposición. El primero, de la autoría del propio Tamayo, recontextualiza un cartel de pelota cubano de los años 30, donde los protagonistas de las fotos son, ahora, los artistas plásticos. Los asistentes a la inauguración pudieron llevarse a casa las firmas de los creadores, a la usanza de los fans beisboleros. Mientras tanto, resonaba la voz en off, del spot de Ian Padrón, narrando las posiciones de cada uno de los integrantes en el terreno de pelota… “y actuará como lanzador Juan Padrón”.

Muchas de las piezas utilizan como títulos términos o frases propias del argot beisbolístico, como es el caso de “Dream Team”, “A chocar la bola” o “El cuarto bate”.

La primera, de la autoría de Julio Neira, es una fotografía de gran formato intervenida por el artista. El inconfundible Parque Central, espacio de las más ardientes discusiones y confrontaciones de los aficionados deportivos cubanos, es el entorno de la obra; al centro, un grupo de personas, reconocidas oficialmente como la peña beisbolera de este espacio protagonizan la imagen. Cada uno de ellos porta una camiseta del equipo Cuba, con los números de sus jugadores preferidos históricamente. Dream team, término proveniente del inglés, en una traducción literal significa el Equipo Soñado, es decir, los “Todos Estrellas”. Neira crea este conjunto especial, desde la doble apropiación: estos hombres que aman y viven la Pelota, han adquirido a su vez —a través de las camisetas— las cualidades de sus grandes ídolos. El realismo de la manipulación fotográfica, casi hace imperceptible la pintura de los trajes, intervención que desconocía la peña, que quedó deslumbrada al descubrirse protagonistas de una obra de arte expuesta en una galería. Justo debajo de la pieza se lee, en una pequeña banderola, el nombre de cada uno de sus integrantes, hecho que denota aún más el reconocimiento y la preponderancia otorgado a cada uno de los miembros de la peña.

Imagen: La Jiribilla
"A chocar la bola", Yunier Hernández. 2013

 

“El cuarto bate”, con el característico humor reflexivo que identifica la obra de Reinerio Tamayo, presenta a un personaje afrontando toda la “fuerza” que debe impregnar un bateador de su posición. Sobre sus hombros, un variado grupo de figuras, cual en una tarima, alientan la jugada. La santera, el campesino, el músico se unen por un objetivo común, la afición más allá de cualquier diferencia individual, idea acentuada en la representación de la Virgen de la Caridad como cúspide de la estructura y líder del eufórico grupo quien, además, porta en sus brazos al pequeño niño, que feliz, usa una gorra del equipo Cuba. Todo parece indicar que la intencionalidad de la pieza apunta a la indivisibilidad entre la idiosincrasia del cubano y el gusto por la Pelota.

Otra obra de Tamayo es “Pesadilla cubana”, donde, desde la apropiación de los códigos visuales del arte del Ukiyo-e japonés, coloca a su máximo exponente Hokusai Katsushika, como el pícher dispuesto a lanzarle al asustado bateador cubano. A la luz de los acontecimientos recientes, ya Japón no parece ser el gran invencible, tras la derrota que sufrió contra Cuba. Sin embargo, el país de los naranja, los holandeses, ha socavado la estrategia cubana, al punto de ser hoy, definitivamente, la nueva “Pesadilla cubana”.

Juan Padrón con “La gran estaca”, expone nuevamente su preferencia acérrima por los azules de la Capital. La obra contiene distintos guiños intertextuales, que necesitan de un espectador activo para decodificarla. Los personajes protagonistas son los famosos vampiros de sus animados, esta vez divididos en los bandos de Santiago e Industriales. Mientras el ganador azul descansa en su ataúd rodeado de premios, tres vampiros del bando rojo están dispuestos a clavarle “la gran estaca en el pecho”. Esa misma estaca que Johnny Terrory le pidió a gritos al mafioso AL1 que le clavara “¡por favor!” en el pecho, mientras una silueta de trasero sobresalía del camión. Esta comicidad elíptica a la que apela la obra, referencia también todo lo que sucede alrededor del éxito y aquellos que triunfan, siempre amenazados por la envidia y otras maldiciones.

El joven artista Yunier Hernández en su obra “A chocar la bola” utiliza el bate como instrumento-pretexto para dialogar sobre la increíble capacidad del cubano de adaptarse a cualquier situación. Nueve bates con diferentes morfologías expresan actitudes diversas, por ejemplo, el primer bate es bicéfalo, característica que remeda “al juego por dos cabezas”; el bate atómico —compuesto por pequeñas pelotas a manera de moléculas— refiere a los profesionales, sobre todo aquellos formados en la ciencia, los cuales deben implementar su saber a la invención de la vida diaria; o el noveno bate que el autor tituló “La Espera”, una pieza casi en cenizas de la que solo queda el mango de agarre. Generalmente, el último bateador es el de menor average, cualquiera que sea su posición en el terreno, pero es también el encargado de la transición. ¿No hay continuidad?, ¿hasta cuándo la espera? Quizá sea necesaria la total destrucción para poder resurgir de las cenizas.

Imagen: La Jiribilla
"La gran estaca", Juan Padrón. 2013

 

Otras obras son: “Todos esperan un fly” de Arístides Hernández (Ares); “Blanco y negro” y “Otra manera de superar los límites”, de Frank Martínez; “Lunáticos”, de Douglas Pérez; “La palabra le corresponde al pueblo”, de Reinier Leyva Novo y “De la Serie: Esperando que caigan las cosas del cielo o Deporte Nacional” de Arles del Río. Todas estas piezas abordan también, desde el imaginario del béisbol, la sociedad cubana actual; la cual está, sin duda, a las puertas de nuevas expectativas para la próxima edición del Clásico. La reciente derrota provocará un montón de comentarios y opiniones: qué salió mal, quiénes se confundieron, en fin… Lo cierto es que por las calles de Cuba hoy solo se habla de un tema: la Pelota.    

 

Nota:
 
1- Johnny Terrory y Al Capone, son dos de los personajes de la película de Juan Padrón,”Vampiros en La Habana

 

Comentarios

EXCELENTE EXPO FELICIDADES A TODOS LOS ARTISTAS Y ALOS QUE HICIERON POSIBLE SU REALIZACION, AL PROYECTO 23 DEL ICAIC.

Muy buenas estas imagenes, los felicito.

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