Literatura

Brújulas en el arte literario de Lourdes González

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Nada mejor para comentar algunos sucesos de la recién terminada Feria Internacional del Libro (FIL), que abordar dos de los libros de Lourdes González Herrero, presentados en La Cabaña. Como tuve el honor de que me pidiera ser anfitriona de ellos, dedicaré mi nota a María toda (Ediciones Holguín) y a La mirada del siervo (Ediciones Matanzas). La primera entrega, esa novela alucinada que vio la luz por primera vez gracias a la Editorial Oriente en 2003, y dos años más tarde en la propia editorial que ahora la reedita, ha gozado del favor del público, ese gran juez decantador. La manera en que la voz principal describe la vida y la muerte de María, como ya dije el día de su lanzamiento, incita no solo a una lectura vertiginosa que se justifica por la intensidad de la narración, sino también a la búsqueda de los posibles orígenes ancestrales de la figura que encarna una mujer liberal, enloquecida, adorable...

Imagen: La Jiribilla

Si el frenesí amatorio caracteriza la insaciabilidad de María, y sus orgías corporales dibujan la sombra de una tragedia en ciernes, su consagración a la poesía —más descrita que explicitada—, suaviza el matiz de constante avidez con que transita esta diabólica criatura por el breve espacio que el destino le confirió. Llamo la atención para la voz narradora: la otra, la dama sumisa en apariencia, la enamorada que solo pudo ser correspondida en los últimos estertores del objeto de su idolatría. A través de sus reproches a quien ya no existe, y del empleo de una tercera voz que cuenta lo que ella misma no puede, el lector, la lectora, se adentran en una maraña de sucesos, cuyo tono ascendente atrapa de principio a fin, en una carrera desenfrenada. A pesar de que el atractivo mayor lo constituye la personalidad de María, como seguramente pretendía la autora, es a la sensualidad de su amante platónica a quien debemos reverenciar. Al estilo de Santa Teresa, quien proclamaba no vivir en sí porque un amor imposible se lo impedía, esta otra dama sufriente, desgarradoramente insatisfecha, parece morir con cada confesión, a través de cada uno de sus dolores.  Parece el fantasma de sí misma, luego del episodio fundamental de la muerte de su amada, y  a través de su más grande placer. En un macabro mano a mano entre los hermanos gemelos Hypnos y Thánatos, salen triunfando ambos, porque un estado de ensoñación condujo a la muerte; porque el suicidio en este caso no resulta violento, sino onírico.

El hecho de que Lourdes haya escogido ese instante sublime y sangriento para el cumplimiento del mayor anhelo de la amiga-cuidadora de María, la convierte no solo en la audaz escritora que siempre ha sido, sino en un verdadero ejemplo para la utilización de recursos literarios, donde la imaginería resalta, donde los vocablos adquieren dimensiones insospechadas. María Toda resulta inolvidable como material de estudio, de disfrute y de habilidad narrativa.

La mirada del siervo, ese conjunto de 17 cuentos que Ediciones Matanzas coloca en nuestras manos, permite un respiro luego del vértigo de leer a María... Debo comenzar felicitando al diseñador de dicha editorial, Johann E. Trujillo. Su ilustración de cubierta expresa la vista panorámica de la ciudad; colocándose esa mirada por encima de cuantos objetos habitan en la parte terrenal de la existencia. Es así como manifiesta la escritora en este libro, su peculiar modo de ser observadora y protagonista al mismo tiempo, y resulta muy acertada la imagen que ofrece Johann.

La mujer, como entidad individual, está presente en la mayoría de las narraciones de La mirada del siervo, ya sea bajo la condición de madre o de hija (“El precio del error”; “Los frisos”) o explayando sus apetitos sexuales (“El regreso a la Casa Amarilla”; “Voto compartido”; “La sombra de los semejantes”; “No siempre es rosada la rosa”), como consumista de artículos femeninos (“Efecto dicotómico”), como lectora que se considera estafada (“Angélica”), o simplemente como esposa mal querida (“Rap y boleros contra el tedio”). Es en estos casos de protagonismo femenino donde hay mayor fuerza dramática, cuando es más intensa la carrera al momento de leer. Por contraste, en aquellos cuentos en los cuales la figura masculina ocupa el sitio de narrador omnisciente, la lectura es más sosegada, la peripecia que se cuenta sufre un raro proceso de languidez, como si la narradora tomara distancia, y nos llevara a nosotros, los lectores, al mismo estado de calma. Eso percibo en “Las invisibles estrellas”, en “El humo blanco del paisaje”, en “La historia del bonsái”, en “El entierro” —quizá el cuento que mejor ilustra la extraña paz a la cual hago referencia— y, sobre todo, en la excelencia del texto que da título al conjunto de relatos.

Imagen: La Jiribilla

El cuento “La mirada del siervo”, encierra en sus seis cuartillas todo un universo, donde se mezclan el costado pedestre de la vida y un increíble vuelo narrativo. En apariencia —solo en ella— se describe la fantasía de la cual es víctima un hombre que intenta evadir la corrosiva cotidianidad. Con pasajes francamente hermosos, se establece el viaje esquizoide que emprende dicho protagonista: “…se desplaza de la primavera al invierno, de la duna a la playa, de las constelaciones al subsuelo de Brasilia, y es feliz, se ha retirado de la vida social y del trabajo…” de modo que sentimos ante este ser patético, una combinada sensación de lástima y de envidia. Resulta tentadora la posibilidad de esta evasión mental y geográfica, aunque al final sigamos atrapadas(os) en nuestras obligaciones de siempre. Al igual que la María de la novela, es el carácter insaciable de este señor lo que nos conquista. La insatisfacción parece funcionar como una brújula en el arte literario de Lourdes: no hay personajes enteramente felices, no existen mujeres plenamente realizadas, ni hombres saciados de dicha. Son los suyos, protagonistas buscadores de un tesoro que los haga sentirse, al menos, compensados ante el hecho de esforzarse por vivir, por permanecer en cierta memoria. Invito al público a la lectura de estos libros, segura de que serán enriquecidos espiritualmente, y  agradecerán la entrega que esta escritora deposita en cada una de sus creaciones.

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