Por nuevas y diferentes escrituras

Zoila Sablón • La Habana, Cuba

Imposible mejor cierre. A pesar de estar bajo la presión de la entrega de este texto, decidí llegarme a la sala Rubén Martínez Villena para asistir a la última sesión de Lecturas de Teatro Polaco, organizadas por el dramaturgo y narrador Reinaldo Montero. Matrimonio blanco, de Tadeusz Rozewicz fue la obra que dio término a este ciclo, feliz iniciativa que desde hace años tiene lugar en La Habana.

La lectura dramatizada a cargo de Teatro de la Luna, bajo la dirección de Raúl Martín, puso todo en su lugar. Con la pieza del poeta y escritor polaco, se completaba una visión que aún retenía de la VI Bienal Internacional de Dramaturgia Femenina La Escritura de la/s Diferencia/s, celebrada en la capital del 1ro. al 10 de marzo, y asunto principal de este artículo. Sin embargo, el sentido común me alertaba de que en ese hecho, casi fortuito, había sustancia para este trabajo. De manera que la “escapada” a mis labores más urgentes y casi ineludibles para el ojo “velador” de “las jiribillas”, fue provechosa y utilísima.

En efecto, la obra de marras, escrita en el ya lejano 1973 e inspirada en el “acto” de la escritora polaca Maria Komornicka (1876-1949), en el cual quemó sus ropas de mujer, se peló corto y se puso un seudónimo masculino, ajustaba una cuenta que faltaba en lo que pude apreciar —no pude verlo todo— de la cartelera del evento: la de la homosexualidad femenina y la reivindicación de la mujer creadora ante las opresiones sociales y familiares. Estos serían, por supuesto, algunos de los asuntos por los que Rozewicz nos hace transitar a simple vista. Hay más, mucho más que se escamotea en esos personajes torcidos, a medio hacer. Pero en ello va la grandeza de la estirpe literaria del polaco, una de las voces más cautivadoras de ese país. No le vendría nada mal a la escena cubana que Raulito y sus muchachos volvieran carne e imagen la lectura que hicieron, en la que no dejaron fuera matices y ricos juegos de sentido.

De manera que incluyo en esa visión de teatro feminista y abiertamente revolucionario para tales enfoques a Matrimonio blanco, en una especie de paralelismo dialógico que suma y enriquece la línea propuesta por la VI Bienal en varios teatros capitalinos.

Organizado principalmente por el grupo italiano Metec-Alegre, bajo la dirección de Alina Narciso, y por la iniciativa cubana Escena con aroma de mujer (ESAMUJ) que coordina Esther Suárez-Durán, además de la colaboración de otras instancias de varios países  e instituciones cubanas, por primera vez el evento tocó puerto habanero —hace dos años, la experiencia fue compartida en Santiago de Cuba, teniendo como anfitrión al Estudio Teatral Macubá, liderado por Fátima Patterson.

El encuentro ha conquistado nuevos espacios y convocatorias, y se ha hecho extensivo a varias naciones de Hispanoamérica, lo que le ha permitido ocupar un lugar importante en el campo de la promoción del teatro con un enfoque de género y hecho (esto es una clave de sus objetivos) por mujeres.

Concebido de manera que cada país o región —en el caso de Centroamérica integra varias naciones de la zona norte— convoque directamente a sus autoras y sea un jurado nacional quien elija las propuestas, el evento incluye un tribunal que, con carácter internacional, selecciona entre las ganadoras de cada país, tres finalistas que son las triunfadoras entre todas las participantes.1 Resalta en el perfil del encuentro el claro interés por destacar la dramaturgia femenina, en su acepción más literaria y tradicional. En él también, afortunadamente, se ponen en circulación las obras ganadoras y, además, se celebran sesiones de debates. Lamentablemente, no pude asistir a todas las funciones; por lo tanto, mi percepción es incompleta y no abarca, en modo alguno, ni todas las piezas presentadas ni todas las aristas que fueron abordadas durante estos días.  

Fundada en 1999 con el objetivo “de incentivar la dramaturgia femenina y de crear una red internacional de dramaturgas para facilitar la circulación, el conocimiento de los textos y el intercambio profesional”, la Escritura de la/s Diferencia/s cuenta también con un proyecto editorial, surgido bajo el manto de Metec-Alegre, su principal gestor.

El proyecto, de carácter bienal, articula la producción dramatúrgica, la lectura puesta en espacio de esos textos que, según se aclara en sus bases, va más allá de un acercamiento literal por parte de los actores: una interpretación en la que fluya la voz de la autora, la publicación de las obras ganadoras y, por último, en esa cadena, se incluyen los debates y la concepción de una red de dramaturgas.

Bajo los auspicios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Centro de Teatro de La Habana, así como del esfuerzo de embajadas y otros organismos, la parte cubana implicó a mujeres procedentes de otras ciudades del país que se encuentran al frente de proyectos o de grupos teatrales. En Cuba, existen varias iniciativas sólidas y de gran impacto que reivindican, promueven y visibilizan, desde varias problemáticas y perspectivas, teatro, mujer y sociedad. El Magdalena Project, bajo el impulso de Roxana Pineda, desde el Centro Odiseo y del Estudio Teatral de Santa Clara, inspirado en el proyecto matriz de la actriz y directora Julia Varley; el proyecto MCL, de Leire Fernández y Yohayna Hernández, o las propias inmersiones de esta última en experiencias con carcelarias, son algunos de esos ejemplos, sin obviar, por supuesto, la labor sistemática  de directoras y dramaturgas que no pueden eludir el tema de género, además de la fuerte tradición de la mujer teatrista en la historia remota y reciente de la escena nacional. Por lo tanto, sobra decir que el terreno sobre el cual tiene lugar el encuentro es fértil y abierto a este tipo de propuestas.

Montándose sobre el discurso del debate más actual del aquí y del ahora nuestros, las coordinadoras cubanas convocaron a un núcleo de mujeres que, principalmente desde la UNEAC, y el espacio Mirar desde la sospecha han estado moviendo la opinión —hasta donde ese radio de acción lo permite— en torno a la violencia contra la mujer, la discriminación y otros asuntos afines. Fue un acierto del encuentro sumar esas voces y ponerlas a dialogar con las experiencias de mujeres procedentes de Ecuador, Argentina, España, Italia, El Salvador, incluso con cubanas fuera de la Capital. Porque en el caso nuestro, son desiguales los niveles de debate sobre este particular a lo largo de la Isla. A mi juicio, sigue faltando en esa discusión pertinente y productiva, una visión legal del asunto, una batalla jurídica sobre la cual sentar bases duraderas y estructurales a nivel social. Además, por supuesto, de una extensión del impacto de esas discusiones en todas las capas de la sociedad y no dejarlo en los nichos no muy ágiles y pocos conocidos de la FMC y las Casas Orientadoras. Urge, en cualquier caso, una discusión nacional, abierta, profunda y muy mediática —lo hacemos cuando realmente lo queremos— de los conflictos que atraviesan a la cubana de hoy y cuyas raíces se encuentran en la discriminación de género semioculta y camuflada de disímiles formas.  La igualdad en muchos campos —trabajo, familia, hogar, pareja— ha quedado en una especie de verdad de Perogrullo que levita en la superficie del espacio público. De manera que traer a Cuba un encuentro donde está en solfa, desde el teatro, este tipo de discusiones, es saludable y muy bienvenido.

En un balance final y haciendo un repaso a vuelo de pájaro, es interesante constatar cuáles son los temas y los abordajes a los cuales se aboca la dramaturgia femenina hispanoamericana hoy en esta estrecha y condensada muestra. Al menos, asistimos a una franja que nos advierte, en esta escala, cuáles son los avatares y algunas de las preocupaciones de esa producción. Esa diferencia a la que apela el nombre del evento, se muestra en las obras (Feliz cumpleaños, de Claudia María Vasconcellos (Brasil), dirigida por Daisy Sánchez;  24 horas Viraje, de Gilda Bona (Argentina), versión escénica de Sahily Moreda; La pierna de Sarah Bernhardt, de Soledad Agresti (Italia), en montaje de Fátima Patterson; y La audiencia de los confines. Primer ensayo sobre la memoria, de Jorgelina Cerritos (El Salvador), bajo la dirección de Alina Narciso) a través de situaciones donde la mujer se encuentra conflictuada y jalonada en su propia condición de mujer como ser social, creadora, madre y sujeto de la historia. Pero también esa diferencia pasa por nuevos retos en su propio rol social como creadora; cómo dialogar con su tiempo, su circunstancia y cómo conformar nuevas escrituras donde el universo contradictorio del aquí y ahora de la mujer contemporánea sea visibilizado.  

Sin embargo, efectivamente, tal y como mencionaron sus propias organizadoras, quizá es hora de hacer una parada para repensar y replantearse conceptualmente el encuentro. Desde la propia noción del término “escritura”, entendiéndolo de manera más inclusiva y recogiendo en él todas aquellas formas de expresión teatrales protagonizadas por mujeres en el hecho escénico, así como de poner en circulación —quedó claramente expuesto en una de las sesiones— los textos ganadores antes de ser llevados a escena por las directoras. No estaría mal tampoco, facilitar y convocar a aproximaciones en torno a temas, tendencias, señales que nos devuelven esas propias escrituras. Igualmente, abrir más los debates a la crítica y al pensamiento teatral, atraer más a los jóvenes que también están en esa línea de lo “diferente”, lo cual permitiría darle más promoción al evento y sumar voces y perspectivas complementarias.

Ahora bien, más allá de los ajustes internos que se propongan sus líderes y coordinadoras en aras de enriquecer la Bienal, el hecho de querer intercambiar, darse a conocer, establecer puentes de diálogo, muchos de ellos en un toma y daca que implica una producción colectiva, es una conquista y un acierto en un mundo cada vez más atomizado en las vivencias y las experiencias personales aunque muy conectado virtualmente.



Notas:
 
1. Este año obtuvieron el Premio Internacional La audiencia de los confines. Primer ensayo sobre la memoria, de Jorgelina Cerritos (El Salvador); De la guerra, de Eva Guillamón (España) y Entrada en pérdida, de Gabriela Ponce (Ecuador). Ver más en www.escrituradeladiferencia.org

 

Comentarios

Es un gusto tener siempre ha Daisy Sánchez actuando en nuestros escenarios pero esta ves la tenemos debutando como directora y parece que la camalionica actriz podria tener mucho talento para dirigir actoreres.

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