Premio Nacional de Música 2012

Bobby Carcassés: el JAZZ en mayúsculas

Paula Companioni • La Habana, Cuba

Bobby Carcassés es el JAZZ. El JAZZ así con mayúsculas. Es en sí mismo un ritmo hecho con improvisaciones y mezclas —o fusión— de géneros, de tesituras que incorporan el blues, el son, la rumba o el swing a su manera. Lo caracteriza un personal y peculiar sentido de la armonía, pues a su irrefrenable energía encima de un escenario la adereza con una armonía que dice llegada de otros mundos. A Bobby le acaban de reconocer con el Premio Nacional de Música de Cuba correspondiente al 2012. Y bien lo merece este multifacético músico, compositor, arreglista y formador incasable de generaciones de jazzistas cubanos.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Liborio Noval

 

Carcassés es, además, fundador de uno de los más importantes eventos de latin jazz a nivel internacional: el Festival Jazz Plaza, en el cual, junto con otras destacadas figuras, ha defendido la variedad musical del panorama sonoro de la Isla.

Su discografía incluye casi una decena de álbumes, que incorporan colaboraciones con Emiliano Salvador, Enrique Jorrín, Mario Bauzá, Chucho Valdés y con su propio hijo, el también destacado músico Robertico Carcassés.

Nació en 1938 en la Isla del Reggae, Jamaica, y nos confiesa que no recuerda nada de esa infancia porque estuvo allí hasta los cuatro años. “Según dicen mis parientes yo hablaba solo inglés, pues mis familiares se comunicaban así, pero de Jamaica no puedo decir nada más que no sea que nací allí”. Sin embargo, esa etapa de su vida se quedó en su historia.    

“Cuando percutí, por primera vez, sobre un mueble despertó en mí un ancestro, un elemento africano que traía de vidas pasadas. Creo en la reencarnación y cuando tocaba mi tumbadora de candela (se calientan antes de empezar), sentía que me transformaba en otro personaje: en un negro africano”.

Al llegar a Cuba, la rumba se convirtió en el primer lenguaje que Bobby compartió con sus coterráneos, y la tumbadora en su instrumento comunicacional. Este complejo musical de raíz afrocubana lo conectó con el espíritu de la Isla y lo “enrumbó” profesionalmente. Cuenta que sus tíos, a pesar de no ser músicos, le enseñaron la ‘rumba de cajón’. Los hermanos de su madre tocaban en la comparsa de su natal Holguín y trajeron a casa un amigo que sería clave en la formación de Bobby. Un bongosero conocido de la familia le dio un gran regalo: “Fue el primero que me habló sobre Chano Pozo y la ‘rumba de cajón’ ”, recuerda.

A partir de entonces, ese ritmo se convirtió en su modo de comunicarse con Cuba, un ámbito que le era nuevo por esa época, pero que luego le brindaría el amplio panorama que fusionaría con los ritmos del jazz para crear el Afrojazz.

Es que lo afro y lo cubano encuentran matrimonio armónico en la improvisación del jazz de Carcassés. Bobby, conocido también como “el último gurú del jazz”, o el showman cubano, domina varios instrumentos, pero su técnica en la tumbadora marca la presencia de lo negro que define su música.

“En París impartí clases de percusión a algunos africanos y les preguntaba por qué venían a que les enseñara a tocar tumbadora, si ellos eran quienes provenían del África. Me explicaron que allá cada uno nace con un rayo distinto, con un don distinto, hay quien nace para la percusión. Yo nací bajo ese rayo”.

Este maestro de la técnica del scat (improvisación vocal de jazz que convierte la voz en un instrumento más), es un músico de formación amplia que sobre un escenario también domina la actuación y el baile.

“Mi instrumento básico es la voz. Aprendí a incorporar elementos para enriquecer mi actuación, mi canto... Puedo vivir cantando nada más, sin tener que recurrir a nada. En el cabaré del hotel Riviera —en un espectáculo que se llamó Sueño, amor y fantasía— interpretaba un número en donde bailaba, cantaba, tocaba la batería y un fliscorno; después, tocaba el contrabajo y seguía bailando. Este show sorprendía mucho porque ofrecía un arte integral”; pero el centro de todo siempre es su proyección vocal.

Esta formación está basada en una trayectoria artística que impresiona a muchos por la variedad de disciplinas en las que se interesó. Como también sorprende con una integralidad fundada en las enseñanzas de grandes maestros, en su paso por múltiples agrupaciones y en una visión de complementación armónica de los ritmos que lo rodean.

“Comencé como aficionado interpretando piezas líricas italianas en la emisora CMHW de Santa Clara; hasta que en el año 1955 aparecí, por primera vez en un marco profesional, en el Teatro La Caridad, como artista invitado de la compañía de Enrique Arredondo, el gran actor cómico cubano. Como consecuencia de esto, decidí venir para La Habana. Durante 1956 me presenté en el programa televisivo La corte suprema del arte, con un aria de la zarzuela “La flor roja de los gavilanes”. Allí me vio un joven que estaba en el cuarteto de Bobby Collazo y me invitó a trabajar con ellos. Comenzó así mi vida como profesional. Luego, aprendí con muchas personas: el trío de Margarita Lecuona (la autora de “Babbalú”), con el cuarteto de Lidia de Rivera, con el coro de Paquito Godino, y con otras agrupaciones hasta llegar a la orquesta de Tropicana, en 1958.

“En 1959, de regreso del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Austria, nos quedamos trabajando en París durante un año y medio. Allí conocí al showman cubano Pepín Baillant, un hombre espectáculo que trabajaba en París y con el cual compartí en la orquesta de Benny Bennett. Por eso, de regreso a Cuba, traje otra visión musical.

“Soy de los fundadores del Teatro Musical de La Habana. Comienzo junto con Alfonso Arau, Leo Brouwer, Paquito D’Rivera y Chucho Valdés. Para completar, teníamos una pléyade de profesores para instruirnos en la actuación, la pantomima, el canto y otra serie de disciplinas. Fue un seminario de un mes donde dejé de ser el autodidacta, el hombre que era todo intuición”.

Del Musical de La Habana, epopeya del teatro moderno en Cuba, Bobby Carcassés pasó a formar parte del Teatro Martí, donde perfeccionó sus dotes como comediante musical y le dio un giro de 180 grados a su formación. El trabajo de esta época sumó dotes histriónicas al conjunto artístico que entrega Bobby en cada una de sus presentaciones.

“Ingreso en el Teatro Martí, para hacer todo lo contrario. Este era el teatro más antiguo, más vernáculo y bufo de la época. Y estaba lleno de valores del teatro como Alicia Rico, Candita Quintana, Américo Castellanos, Carlos Moctezuma y Enrique Santiesteban. Al mismo tiempo, comencé a trabajar como solista, como un showman, en varios espectáculos distintos. Tenía, por ejemplo, un número satírico con uno de los temas que hicieron Arau y Leo Brouwer para mí, al que la añadía un número de jazz y un bolero cubano”.  

Imagen: La Jiribilla
Junto con Candita Quintana y Espiguel. Teatro Martí, 1966

 

Ambas compañías teatrales le dieron una visión amplia sobre la danza y la pantomima, así como enriquecieron sus espectáculos en solitario con el aprendizaje del uso del fliscorno, el contrabajo, las tumbadoras, el manguerófono y el recorder.

“Sigo mi trabajo en los cabarés hasta que, a finales de los 70, me llaman de la Casa de la Cultura de Plaza para enfrentar unas descargas periódicas —jams sessions— que luego se convirtieron en otra idea: hacer un festival de jazz, que después de varias escaramuzas devino en el Festival Jazz Plaza”.

Desde 1979, Bobby fomentó las bases de este festival del cual fue su primer Presidente hasta que, en 1980, este certamen obtuvo carácter nacional. Cuatro años más tarde, asistieron al evento jazzistas internacionales como la pianista brasileña Tania María, el trío del trompetista checoslovaco Laco Decsy, el saxofonista estadounidense Richie Cole y el contrabajista Charlie Haden con su Orquesta Liberación. Este fue el lanzamiento internacional del reconocido Festival Jazz Plaza, de La Habana.

“Empezamos este Festival con todo lo que valía en el jazz cubano de ese momento: Frank Emilio, Chucho Valdés, Paquito D’Rivera, Emiliano Salvador, Armando Romeu. Lo inauguramos en 1980 con una serie de valores musicales ya profesionales, y otros jóvenes talentos del Conservatorio Amadeo Roldán como Gonzalito Rubalcaba”.

Como resultado de los intensos trabajos del movimiento jazzístico en Cuba impulsados por el Festival, se hicieron necesarios más espacios para esta música que, poco a poco, se insertó en el diapasón musical de la Isla. Hacia 1986, se activa el Nuevo Maxim, un club por el que pasó lo mejor de la juventud musical cubana: César López, Gonzalito Rubalcaba y su Grupo Proyecto, Jesús Fuentes, Orlando Valle Maraca, Ángel Bonne, Julito Padrón y Robertico Carcassés. Ellos alternaban con figuras establecidas como Frank Emilio, Rolando Pérez Pérez y Pedro Luis Martínez. Este club fue el lugar de nacimiento de la mezcla que define la armonía musical de Bobby.

Imagen: La Jiribilla
Con Tito Puente y Chango, 1994

 

“Queríamos un club en el que todos los días pudiéramos hacer jazz y no quedarnos solamente con los días del Festival. En el Maxim, empezamos a mezclar el blues —sonoridad vital del jazz, y que siempre le indico a los jóvenes como el elemento principal a dominar— con los ritmos afrocubanos: el son, la rumba, el bembé, la guaracha. Así surge el Afrojazz (también es el nombre de mi grupo), mezclando el jazz puro con los ritmos bien sólidos, bien negros de Cuba”.

La crítica especializada le reverencia a Bobby su genial improvisación vocal nombrándolo como maestro del scat. Esta técnica requiere habilidad y entrenamiento, ya que es tan difícil como improvisar con un instrumento. Pero Bobby le añade un toque humorístico a este momento en el que, según dice, parece que hace un viaje al Cosmos. Hoy, es una de las voces del jazz cubano, y especialistas como Leonardo Acosta lo han bautizado como “el último gurú” de este género.

“Él (Leonardo Acosta) dice eso porque sabe que estoy inmerso en el Yoga y ve que toda la disciplina, la técnica de meditación y la paz están en mi proyección musical. Transito de lo más fuerte, lo más impactante (como lo negro) hacia unas baladas suaves en las que están presentes la meditación y lo sutil del Yoga. Por eso, me ve como un ‘gurú’, porque domino esas técnicas que conviven en mi forma de ver el mundo”.

Durante los cuatro años que permaneció en el Club Maxim, así como en las décadas siguientes, Bobby Carcassés ha funcionado como el padre musical de muchos de los talentos jazzísticos de las jóvenes generaciones. Sin embargo, declara que no solo enseña cómo tocar correctamente un instrumento o la mejor forma de interpretar una pieza sino que, para sus alumnos, envuelve la vida en arte.

“El arte es como un árbol que tiene muchas ramas: la danza, la actuación, la literatura, la plástica, la música… Un árbol del que hay que conocer todas las ramas. No puede existir un músico que solo conozca su instrumento. Me esfuerzo por trasmitirle a ellos todo lo que los maestros que tuve me enseñaron. Hoy, mi hijo (Robertico Carcassés) sorprende a todos por su integralidad. Él ha crecido junto a mí, y ha visto esa integralidad que me inculcaron desde el Teatro Musical. Trato de corregirles hasta la manera de hablar. A veces dicen ‘il’ o ‘trabajal’, y les digo que ellos serán músicos de gran nivel, y eso quiere decir que deben tener una preparación y una cultura general que se proyecte, incluso, en su manera de hablar. Es disciplina general lo que le inculco a mis alumnos: saber de todo. Vuelco mis 58 años de trabajo, y así ellos tienen un antecedente de lo que será su vida profesional. Esto no solo sucede desde el punto de vista musical y artístico, sino desde la ética profesional, el amor a la carrera, el respeto, la disciplina y una serie de elementos que no se estudian en la escuela”.

En 2003, Bobby presenta el espectáculo unipersonal Mejor solo, un show que muestra las múltiples posibilidades artísticas de Carcassés, y que destaca como la más seguida de sus presentaciones.

Imagen: La Jiribilla
Concierto en Bellas Artes, 2001

 

“Preparé el espectáculo Mejor solo, para dar una dimensión de mí como hombre-orquesta: cantaba; declamaba; tocaba el piano, el contrabajo, la tumbadora, el fliscorno; hacía pantomimas, y terminaba con un monólogo de David Camps. Además, entre actos se mostraba un VideoBin con una exposición de mi obra plástica, que me daba tiempo para cambiarme y prepararme para el monólogo. Este fue un espectáculo duro: hay que pasar de un número a otro con una dinámica muy fuerte, y casi sin transición —a no ser dos o tres palabras que median—. Pero mantengo ese espectáculo porque es muy interesante ver pasar a un artista por todos estos géneros y disciplinas, para, al final, llegar a un monólogo bastante dramático. Y lo mantengo preparado para repetirlo en cualquier momento”.

El 18 de febrero de este año, la casa de Bobby fue “asaltada” por sorpresa con el anuncio de que él era el Premio Nacional de Música 2012. Aunque inconscientemente esperada, la noticia llegó de manera poco común.

“Este premio es la reafirmación, la confirmación, el reconocimiento de que todo lo que he hecho en 58 años de trabajo profesional está correcto y debo seguir; aunque no es menos cierto que implica un compromiso mayor. Uno siempre dice que no lo espera, pero tengo que reconocer que creía haber hecho una obra que, más tarde o más temprano, debía ser recompensada.

“No voy a cambiar en nada a partir de este premio. Seguiré haciendo lo mismo: entregándome en mi actuación a los públicos del mundo; pero haciendo hincapié en el público cubano que es tan sacrificado y luchador, que se merece todo el esfuerzo nuestro y más. También seguiré buscando en los arcanos de la verdad el sentimiento de amor, que es el que debe imperar en este mundo a punto de colapsar por la insensatez de la gente culpable del absurdo de las guerras”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato