Irak, diez años antes y después

Ernesto Gómez Abascal • La Habana, Cuba

Poco antes de la invasión yanqui, en marzo del 2003, me decidí a viajar desde Bagdad a Basora utilizando la carretera que baja por el este, vía Kut y Amara, siguiendo muy de cerca el curso del gran río Tigris y acercándose, a veces, a la frontera iraní. Eran unos 600 kilómetros de carretera poco transitada, porque no muchos se aventuraban a realizar incursiones por esa zona declarada de “exclusión aérea” por la aviación estadounidense y británica que, casi a diario, bombardeaban objetivos no siempre de interés militar. Por entonces, casi todos los diplomáticos extranjeros habían partido de Irak.

El propósito del recorrido era apreciar la preparación del terreno de operaciones militares, para hacerle frente a la anunciada, próxima e inevitable invasión de las tropas estadounidenses acantonadas en la vecina y cercana Kuwait, que ya alcanzaban una cifra superior a los 100 mil efectivos. Estaba provisto del correspondiente permiso del Ministerio de Relaciones E