Los cines Art Deco de La Habana

El 24 de enero de 1897 se efectuó la primera proyección cinematográfica en La Habana, en un local ubicado en Prado 126, entre San Rafael y San José. Al inicio, esta modalidad de entretenimiento se llevó a cabo en teatros, viviendas y diversos inmuebles acondicionados para ese fin, pero su exitosa carrera demandó edificaciones destinadas expresamente a las proyecciones cinematográficas. Se construyeron cines al aire libre, llamados cines de verano, en las áreas periféricas de entonces, a la par que sólidas salas en el centro de la ciudad como el Actualidades en la avenida Monserrate; el Capitolio, que más tarde se llamó Campoamor, en Industria y San José; el Neptuno en la calle homónima, y el Majectic y el Verdún en la calle Consulado. Asimismo, más tarde aparecieron en zonas distantes de las áreas centrales el Olimpic en el Vedado, el Principal en Marianao, el Carral en Guanabacoa y el Céspedes en Regla, de una elegancia y dimensiones que contrastaban con la sencillez de las primeras salas. No obstante, esas edificaciones tenían aún el aspecto de teatros. Aunque en 1925 en La Habana funcionaban más de 50 salas, el cine todavía no había adquirido una identidad propia, relacionada directamente con sus requerimientos funcionales.

Deco y cines

El éxito de la Exposición Universal de Artes Decorativas e Industrias menores, celebrada en París en 1925, favoreció la rápida propagación desde Europa hacia EE.UU. y Latinoamérica, de un nuevo repertorio decorativo que desterró los motivos ornamentales historicistas y los sustituyó por una decoración geometrizada. 

La llegada de los motivos Deco a Cuba coincidió con el auge del negocio cinematográfico, en momentos en que se multiplicaron las salas en la Capital. Fue entonces que los cines adquirieron una identidad propia. En el diseño de estas salas tuvo mucho peso la influencia norteamericana, tanto en la asimilación de elementos tecnológicos de avanzada como en la propia concepción de los edificios. Las exigencias de confort y máxima seguridad contribuyeron a crear un modelo sin distinción de categorías, con lo cual se lograban localidades de precio único. En relación con su precedente, el teatro, fueron eliminados el escenario, los palcos, las grandes tertulias y otras áreas afines.

El empleo de estructuras de acero o de hormigón armado hizo posible lograr grandes luces y voladizos en el área destinada para el auditorio, sin la necesidad de soportes verticales, con lo que se pudo obtener mejor visibilidad de la pantalla. Las posibilidades que brindaban las nuevas tecnologías y los avances en los cálculos permitieron revolucionar la concepción técnico-funcional de los edificios de espectáculos.

A partir de estos años, la arquitectura de los cines se caracterizó desde el punto de vista volumétrico por la exposición de una fachada simétrica, monumental, como consecuencia del nivel que ocupa el balcony u otro piso adicional que pudiese contener el techo de la gran sala. Esa enorme fachada continua fue subdividida en paños verticales que se prolongaron hasta el pretil, a menudo escalonado, destacados a través de detalles verticales y líneas paralelas, muy a tono con los motivos del Art Deco.

Uno de los rasgos característicos de ese lenguaje fue la intención de unificar las diferentes escalas del diseño. Así, se usaron escalonamientos también entre los extremos de los vanos y en la unión de columnas con vigas, en jardineras, lámparas y otros elementos complementarios. Las decoraciones geometrizadas en mayólicas superpuestas, muy usadas en pilastras y frisos, se basaron en saetas enfrentadas en direcciones contrarias, complementadas con elementos en zigzag y óculos hexagonales que enfatizaron las formas esbeltas propias de este estilo. Los carteles de anuncios se convirtieron en identificadores a nivel urbano de la función, algunos de ellos con las primeras luces de neón que habrían de generalizarse como sello característico de los comercios y espectáculos y de las principales vías en las que se alinearon.

El primer cine Art Deco fue el Moderno, ubicado en la Calzada de Jesús del Monte, hoy 10 de Octubre, próximo a su intersección con la Calzada de Luyanó, diseñado en 1929 por Ernesto López Rovirosa. Es probable que el nombre de la sala esté relacionado, precisamente, con el empleo de ese estilo, al que entonces se le llamaba Moderno. La fachada es un gran tapiz que logró conciliar las exigencias constructivas con una imagen digna y atractiva, apropiada para las salas de exhibiciones cinematográficas.  El vestíbulo, el interior, el pavimento, el mobiliario, las lámparas, las barandas, el escenario y hasta el telón, dieron continuidad al lenguaje Deco a partir del uso de líneas y ángulos en sus decoraciones.

El cine Lutgardita, inaugurado en 1932, es un caso singular que escapa a cualquier clasificación. Sobre sus intenciones los proyectistas Govantes y Cabarrocas expresaron:

“…pensamos hacer algo autóctono, genuinamente cubano; pero la falta de tradición artística precolombina en nuestro país, nos hizo desistir inmediatamente de nuestro propósito… Entonces, decidimos hacer algo americano y recurrimos al estilo maya, que tantas maravillas dejó en México y Centroamérica y que tan cerca nos toca.”1

Atendiendo a esa afirmación, se diría que es un cine neo maya. Pero no sería un neo más dentro del concierto ecléctico. A este singular cine habría que verlo desde dos ángulos, ambos a tono con lo que acontecía en el ámbito arquitectónico capitalino de ese momento. Por un lado, la voluntad expresa de hacer una arquitectura nacional y para ello buscar en el pasado autóctono o vincularse al periodo de colonización hispana, lo que se tradujo en la proliferación de una arquitectura del llamado estilo colonial. En este caso, los arquitectos, tal como alegaron, recurrieron a los motivos precolombinos, lo que fue frecuente en el resto del continente, como se evidenció en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, pero que en el contexto cubano fue un caso sui géneris. Y por otro lado, el hecho de que esos motivos precolombinos constituyeron una de las fuentes de inspiración de la decoración geométrica del Art Deco, emparentados con triángulos, diagonales y rombos y también con motivos egipcios, muy de moda a causa de los conocidos descubrimientos arqueológicos de esos años.  Así, desde esa óptica, pudiera incluirse al Lutgardita dentro de los cines Art Deco, aunque la intención de sus proyectistas no haya sido esa.

La aplicación extendida del Art Deco en la arquitectura para cines se produjo a partir de mediados de los años 30, cuando ya sus códigos se habían expandido con éxito por la capital cubana, sobre todo en los numerosos edificios de apartamentos que proliferaron entonces.

Junto con las nuevas salas, los motivos Decó se incorporaron a las transformaciones que se les hicieron a algunos cines. En 1935, el arquitecto Gil Castellanos proyectó una nueva fachada para el cine Verdún con un lenguaje Art Deco muy sencillo, pues al construir un nuevo balcony se hizo necesario que fuese más elevada, pero se mantuvieron sus interiores eclécticos con motivos neocoloniales. Algo similar ocurrió con el cine Ideal ubicado dentro de lo que fue la zona intramural de La Habana, embebido en una edificación que ocupa el frente de la manzana completa. Se inauguró en 1927, pero su fachada, con discretos motivos Art Deco que contrastan con el eclecticismo del resto de la edificación, parece haber sido fruto de otra remodelación posterior.

Por el contrario, el cine Majestic fue remodelado en 1936, según proyecto del arquitecto Alberto Prieto, para adaptarlo a las necesidades del cine sonoro, y si bien la fachada no sufrió transformaciones, como parte de las adaptaciones, se  modificaron los interiores con una nueva decoración basada en los motivos geométricos Deco. Le sucedieron numerosos cines con alusiones más o menos directas al estilo Deco como el Reina, en 1936; el Ritz, en 1937; el Edison, el Florencia, y el Manzanares, en 1938; El Gran Cinema, el Fénix y el San Francisco, en 1939; el Palma, en 1940; y el Águila de Oro, el Palace y el México, en 1941.

En ocasiones, se demolieron viejas salas para construir nuevas edificaciones, como sucedió con el cine Strand frente al Parque Trillo, en la zona central de La Habana. Se sabe de la existencia de un cine con ese nombre desde 1906, que fue derribado en 1941 para construir el que ha llegado al presente y como era propio de esos años, la nueva edificación hizo uso de los elementos verticales propios del Art Deco. La fachada es simétrica y está compuesta de bandas verticales conformadas por dos pares de pilastras rematadas con pequeñas pirámides, mientras que la diferencia de altura entre el eje y los extremos se salva con un escalonamiento a partir de peldaños suavizados con curvas, un detalle no contemplado en los planos con los cuales se solicitó el permiso de construcción. El mismo año se construyó  el Águila de Oro, en el llamado Barrio Chino. Por tal razón, el arquitecto Ricardo Edelman, al concebir este cine, combinó variadas alusiones asiáticas con los  rasgos propios del Art Deco.

El cine Fausto también sustituyó a otro homónimo que le precedió en la esquina formada por las calles Prado y Colón, y que en la década de los años 20 era considerado entre los más fastuosos de la ciudad de La Habana. Su sucesor, erigido en 1938, no demeritó el prestigio heredado. El nuevo cine- teatro Fausto resultó ser la segunda edificación que obtuvo el Premio Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos en 1941, un año después de crearse ese galardón. Acorde con la prestancia del entorno, en la imponente fachada se disponen en forma simétrica dos paños de líneas horizontales, separados por una banda de esbeltas hebras metálicas, con un juego balanceado de ritmos y direcciones. En su diseño se puede apreciar la pervivencia del énfasis en las verticales y elementos ornamentales geometrizados propios del Art Deco, aunque la presencia de cintillos horizontales, las esquinas redondeadas y la simplicidad del pórtico que lo envuelve, demuestran el interés por otros recursos que apuntaban hacia el advenimiento de un nuevo concepto de belleza. En el interior del edificio también se muestra el esmero en los detalles y la convivencia de los motivos geométricos Deco, con una estética de influencia náutica que se materializó, sobre todo, en las barandas. El pavimento del vestíbulo, de terrazo rojo y negro, conjuga triángulos rectángulos de diferentes tamaños en un juego de diagonales superpuestas sobre un damero, mientras que la escalera mantiene los mismos colores, pero el dibujo se transforma en una especie de saeta que va indicando el recorrido en ascenso.

Probablemente, el más suntuoso de los cines Art Deco es el América, inaugurado el 29 de marzo de 1941, considerado entonces el mejor cine de la ciudad, no solo por su  majestuosidad arquitectónica, sino además por la calidad de su equipamiento técnico desde el punto de vista acústico, de la proyección y por el temprano uso del aire acondicionado, así como a novedades en cuanto a equipamiento sanitario y accesorios, como secador de manos con aire caliente, entre otros, que aumentaban el confort de la instalación. El cine América forma parte del emblemático edificio Rodríguez Vázquez, una magnífica torre que modificó el perfil de la zona central de La Habana al iniciarse la década de los años 40. Además del nuevo cine, esta edificación integró una sala que existía desde 1936, el Radiocine, la que había sucedido al antiguo Teatro Regin2, junto con locales de comercios y servicios y 67 apartamentos para alquilar. El edificio expone un Art Deco que evidencia su deuda con el Radio City Music Hall de Nueva York, pero es mucho más austero y está basado esencialmente en el énfasis en los paños verticales de muros y ventanas y en el escalonamiento del pretil. Una atención especial merece el diseño de los espacios interiores, el mobiliario y la novedosa concepción de la iluminación, afortunadamente bastante conservados hasta el momento. En la sala de proyecciones el escenario está enmarcado por una progresión de arcos abocinados que arranca escalonadamente de sucesivas bandas curvas horizontales, tratadas en forma escultórica. Tanto el Fausto como el América, inaugurados en 1938 y 1941 respectivamente, exhiben una decoración simplificada y el empleo de elementos curvos que ya muestran la vertiente streamline que comenzó a utilizarse en esa fecha.

Contemporáneo con el cine América se construyó el cine Arenal, una de las obras más representativas de la arquitectura Art Deco habanera. La configuración triangular del remate superior de la fachada se ajusta a la inclinación de los techos de la sala a modo de telón frontal, y su decoración se basa en el juego con ángulos rectos y superposiciones de planos verticales en forma escalonada usados para encuadrar puertas, ventanas y elementos estructurales. La perfecta simetría del conjunto se enfatiza con el cartel al centro, ubicado en un prisma vertical que en ambas caras, diagonales a la fachada, ostenta el nombre del cine. Durante muchos años el Arenal se anunció también con un letrero lumínico en escritura cursiva sobre la marquesina horizontal, pero este desapareció en  una remodelación reciente.

A partir de la década de los años 40, el uso del Art Deco languideció, y se construyeron pocos cines con ese lenguaje, entre los que sobrebresalen el Lux en 1944, y el Finlay en 1946. Empezó a desaparecer la estricta simetría propia del academicismo, las decoraciones se simplificaron hasta esfumarse prácticamente y las esquinas se redondearon, a la vez que se emplearon cilindros truncados, bloques de vidrio, incisiones horizontales o ventanas circulares que aludían a una estética maquinista.

En la Habana, la arquitectura Art Deco se extendió a todos los temas y a todas las clases sociales y en ella se hizo gala de una gran creatividad, variedad y alto nivel de diseño. Atendiendo al auge que tuvo el negocio cinematográfico durante el periodo en que este lenguaje se desarrolló, la arquitectura comentada constituye una excelente muestra de las diferentes modalidades formales del legado Deco capitalino.

 

Bibliografía
  • Anuario Cinematográfico y radial cubano, 1940 a 1960.
  • Rodríguez Eduardo Luis, La Habana. Arquitectura del siglo XX,  Edit. Blume, Barcelona, 1998.
  • Rodríguez, Raúl, El cine silente en Cuba, Ed. Letras Cubanas, La Habana 1992.
  • Arquitectura y Artes Decorativas, La Habana, Octubre-Noviembre 1932.
  • Arquitectura, La Habana, noviembre 1928, pp. 30,32 y 36.
  • Bianchi Ross, Ciro. “Cines”, Juventud Rebelde, La Habana, 25 de marzo de 2007
  • Bianchi Ross, Ciro. “Historia del América”. Juventud Rebelde, 17 diciembre de 2011.
  • ________ Dos teatros máximos: El América y El Rodi”, Libro de Cuba, Edición Conmemorativa del Cincuentenario de la Independencia 1902-1952 y del Centenario del Nacimiento de José Martí 1853-1953, Publicaciones Unidas S.A, La Habana 1954, pág. 719.
  • Douglas, María Eulalia. La Tienda Negra. El Cine en Cuba (1897-1990), Editorial Cinemateca de Cuba, La Habana 1996.
  • ________ “Entrega del Premio Medalla de Oro”, Arquitectura, La Habana, noviembre 1941, pág. 380-381.
  • ________ “El nuevo teatro Fausto”, Arquitectura, La Habana, Mayo 1938, pág. 189.
  • Govantes, Evelio. “Un ensayo en arte maya: el teatro Ludgardita en Rancho Boyeros”, Arquitectura y Artes Decorativas, La Habana, Agosto-Septiembre 1932, pág. 14-18.

 

Esta información forma parte de una investigación de las autoras titulada Los cines de La Habana, que se encuentra en estos momentos en fase de edición como libro.
 
Notas:
 
1- Govantes Evelio, “Un ensayo en arte maya: el teatro Ludgardita en Rancho Boyeros”, Arquitectura y Artes Decorativas, La Habana, Agosto-Septiembre 1932, pág. 14-18.
2- Bianchi Ross, Ciro. “Historia del América”. Juventud Rebelde, 17 diciembre de 2011.

 

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