La Razón, José de Jesús Márquez
y la prensa obrera de Cuba

Cira Romero • La Habana, Cuba

En los anales de la prensa obrera cubana se destacan distintas publicaciones periódicas como La Aurora (1865-1868), quizá la más emblemática de todas, dirigida por Saturnino Martínez, reformista que abogaba por la conciliación de clases, pero no puede pasarse por alto el “Semanario de literatura y bellas artes” titulado La Razón, cuyo primer número apareció el 11 de diciembre de 1870 bajo la dirección de José de Jesús Márquez (1837-1902), de profesión ingeniero mecánico, formado en universidades norteamericanas. Conocido como el campeón del cooperativismo, doctrina que propugna la colaboración en el campo económico y social, publicó en estas páginas en 1878, luego de haber cumplido condena en Isla de Pinos por conspirar contra el régimen colonial español, una serie de artículos titulados “La imprenta y el periodismo”. El       antes mencionado Saturnino Martínez debió hacerse cargo de la publicación cuando Márquez fue apresado, aunque no compartía los postulados del cooperativismo defendido por este.

En La Razón publicó Martínez muchas composiciones poéticas y trabajos en prosa de sus amigos y colaboradores, como Francisco de Paula Gelabert, Francisco Puig y de la Puente, más conocido por el seudónimo Julio Rosas, Francisco M. de Acosta y otras figuras bien conocidas del ambiente cultural habanero.

En lo que pudiera considerarse su primera etapa, La Razón tuvo una corta vida y el 23 de julio de 1876 reapareció como “Periódico de literatura, ciencia, arte, mercantil, noticias y anuncios”, nuevamente bajo la dirección de su fundador, José de Jesús Márquez. En el prospecto inicial señalaba: “... no hemos titubeado en aceptar la idea de dar a luz un periódico que lleva por lema moralidad e instrucción”. Apenas aparecido, volvió a cambiar su subtítulo por el de “Semanario político dedicado a los artesanos”. Reflejó en sus páginas los problemas, actividades, huelgas e intereses de los obreros y brindó amplias noticias sobre la economía del país y sobre el movimiento obrero mundial. En general sus poesías, cuentos, noticias, artículos y otros trabajos fueron dedicados a los trabajadores y a la mujer humilde. Además, presentó colaboraciones sobre crítica literaria y acerca de libros publicados recientemente. En un poema de corte patriótico, debido a Aurelia Castillo de González, publicado en sus páginas en 1879, leemos:

 

Canto a la esclava

 

“¡Patria! ¡Patria!” resuena doquiera,

y en su pecho cada hombre prepara

para el culto del ídolo un ara,

y en ofrenda la vida le dan.

A su ejemplo se exalta mi pecho,

y a mi patria, cual ellos, invoco...

Mas ¡Ay Dios! en mi altar ¿qué coloco,

si he olvidado mis lares do están?

 

De las madres las lágrimas puras

sobre frentes castísimas caen

como un óleo sagrado, y atraen

de los cielos feliz bendición.

Pura y tersa también fue mi frente;

y hoy la nublan pesares eternos;

que al faltarme los besos maternos

cayó en ella feroz maldición!

 

De la virgen los tiernos amores

son de un ángel los plácidos sueños,

donde en cielos de albores risueños

no proyecta una sombra el error.

Y el amor  que en mi pecho ha brotado,

sueño estúpido y lúbrico ha sido;

que la esclava solo ha conocido

lo que tiene de impuro el amor.

 

Ella sale del templo bendita,

y en la frente, que altiva se ostenta,

al esposo la aureola presenta

del honor que le enseñan a amar.

Y yo arrastro mi amor en el cieno; niego a Dios y a la ley mis tributos; pues viendo cual viven los brutos,

no se aprende el honor a guardar.

 

Ella mira su prole dichosa

del hogar en el centro sagrado,

y ¡ay! de aquel que llegara obcecado

un cabello de su hijo a tocar.

Y a mis hijos, que heredan mi estigma,

de mi seno le roban el jugo;

yo su llanto inocente no enjugo,

y los miro “qué horror!” azotar.

 

Y esos hombres, que aplauden el infierno,

¡Libertad! tu santuario profanan;

¿cómo, torpes e inicuos, hermanan

con mi nombre tu nombre inmortal?

Mas reclaman tus fueros en vano,

mientras tengan entrañas las hienas

¡Nadie nace sin férreas cadenas

donde exhalo mi aliento letal!

Particular despliegue tuvo en las páginas de La Razón el auge tomado por los gremios obreros de La Habana y sus páginas estuvieron abiertas a los que agrupaban a los tabaqueros y los conductores de carruajes y trenes, entre otros. Asimismo, dio espacio a las inquietudes desplegadas por la Central de Artesanos, fundada en 1879 bajo el control de los anarquistas. A pesar de que desde mediados de 1878 el gobierno colonial comenzó a implantar en la Isla algunos artículos de la Constitución de la Restauración Española, la sociedad civil cubana se desenvolvió, como señala María del Carmen Barcia, “dentro de una coyuntura legal limitada, pero propicia y autorizada. Esto le permitió prescindir de las imprescindibles e insólitas solicitudes articuladas al poder colonial, representado por el Capitán General, para cualquier acción que se desease emprender, fuese esta la fundación de una sociedad, la creación de un periódico o de una revista, ola solicitud de una simple reunión, fuese festiva, laboral o de cualquier otra envergadura”. Pero como se afirmaría años después en otro periódico obrero, El Productor, “La libertad de prensa sin depósito, editor, ni penalidad especial, la de reunión y asociación y otras análogas, pueden ofrecernos en cuanto a la propaganda hablada y escrita, pero estas concesiones juntas producen igual efecto en nuestro organismo social que en un tuberculoso una tisana”. No obstante, la apertura legal fue bien aprovecha